El himen de Lesbos (IV)

Para aguar las penas bebo,

pero siento frío

Río,

pero mis ojos lloran

Medito,

pero mi corazón se exalta

¿Qué hay en mi cabeza?—pregunto—

Es doloroso y a su vez adictivo

Es triste y a su vez placentero

Es mediocre, es vulgar, es gris

Es malo y deforme

Lo odio

Pero, a su vez, me gusta.

La Máquina torna,

Tiene ansias de sangre,

De lucrarse hasta la podredumbre

Para luego gozar

De la marchita chusma

Que antes la mantenía viva.

Pedradas a los azules,

Cuchillos a los trajeados,

Otra revolución de Octubre

Se cuece en este paraje

Lleno de ingratos tarados.

No puedo hacer nada

Que no sea observar

No puedo hacer nada

Que no sea obedecer

No puedo hacer nada,

Aunque quiera,

Y quiero,

Es más

¡Puedo!

¡Y debo!

¡La tormenta precede a la calma!

¡Es la hora del cambio!

Pero espero al momento justo

en que la sinhueso indicada

se paseará por mis orejas

y me susurrará:

Adelante, el mundo es libre.

Lleno mis pulmones de blanco humo,

Lleno mi estómago de negra cerveza,

Lleno mis ojos de extrema belleza,

Prácticamente a diario,

Pero mi mente sigue vacía.

Lleno mi piel de caricias,

Lleno mis labios de besos,

Lleno mis orejas de música,

Y  aún así,

Mi corazón sigue vacío.

Me he llenado tanto,

Que ahora cuesta vaciarme,

No obstante,

 Sólo puedo vaciar lo que está lleno,

Mientras que mi espíritu sigue

desierto.

Sus caderas se menean,

Lenta y sensualmente,

Su pelo ondea

Como una bandera descosida,

Sus manos señalan al vacío,

Su trémula tez se empaña,

Y sus párpados caen pesados

Somnolientos,

Mientras me miran,

No me ama,

Tan sólo juega,

Mientras me confunde,

Mientras me empalaga,

Mientras me encurda,

Yo palidezco,

Desfallezco,

Irradia belleza y a su vez maldad,

Pero ella es buena,

Irremediablemente buena,

Y aturdido,

Sigo dejando que me arrastre hasta su cama,

Sigo dejando que me desvista,

Sigo y sigo dejándome

Hasta quedar dormido otra vez

sumido en su perdición.

Enajenado,

Intento escapar de sus encantos,

Pero su magnética nigromancia

Me atrae y me vuelve a seducir

Para que me quede,

Y yo me quedo,

Aún,

Acurrucado en los brazos de Morfeo,

Fervientemente deseo

comerme una manzana

y despertar en un charco de vómito gélido

creyendo que nada ha pasado

Esperando,

Esperando,

Esperando,

Esperando  a que llegue

El tórrido beso de la Parca

Y me libre de esta tortura,

Esta deliciosa y adictiva tortura A la que llamamos Anhelo.

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