Foto: David Muñoz.

Me gusta ir en coche cuando no tengo nada que hacer

Tanto pesimismo nos empujó a una borrachera antológica.

En agosto me quedé sin trabajo
dejé de recoger hojas y hierbajos 
dejé de podar árboles
dejé de apilar troncos
dejé de pisar las mierdas de perro
que los propietarios dejan sin recoger
en los jardines
dispuestas como minas antipersona
para que cuando te subas al coche
tengas que conducir descalzo
porque limpiar la mierda de los pedales
es de lo más asqueroso que te pueda pasar
en el fondo no estaba tan mal
en serio
tenía algo que hacer.

Me quedé sin trabajo 
y tuve que buscar por todos lados
pero a nadie le gustaron mis pelambreras
ni mis anillos
ni mis pendientes
ni mis camisas 
ni siquiera mis bromas 
sobre no tener nada que hacer.

Así que nos fuimos.

Nos fuimos a La Rioja
por una carretera monótona
con más paisajes que curvas
por ofrecer.

Paramos en un peaje
y recogimos a los autoestopistas más 
piojosos de Europa
y ahora el coche huele 
a libertad y a chorizo pasado
pero eso estuvo bien
no nos robaron
ni nos apuñalaron
solo nos dieron las gracias
mientras se alejaban hacia una rotonda
en la entrada de Logroño
buscando árboles bajo los que acampar
árboles como los que solía podar
hasta que me quedé sin trabajo.

Aquella noche bebí con ella
y no hablamos de trabajo
era algo platónico
dormimos en camas separadas
y nos despertamos con resaca
una agradable y cálida
de las que te permiten abrir los ojos
mirarla
contemplarla
Yyver como una ristra de pelo púbico 
emana de sus muslos cerrados 
hasta aquí.

No le importaba no llevar pantalones
y a mí no me importó que no los llevara
ambos fuimos cómplices de un erotismo implícito
y nunca hablamos de ello
nos queremos a nuestra manera
hablamos de libros y filosofía
que los roqueros maltrechos escriben
en páginas remojadas en salmuera
manchadas de vino de cartón
cosas de Kutxi Romero y 
Evaristo Páramos.

De libros que huelen
a noches mohosas 
en pensiones guarrísimas
en las que el cáncer se muestra
en forma de pelusilla húmeda
como los pelos que quedan
en el fondo del desagüe, 
que sólo recojo cuando estoy sin trabajo.

Porque sigo sin trabajo.
Por qué sigo sin trabajo.

Tanto pesimismo nos empujó
a una borrachera antológica
de la que emanaron épicas reflexiones sobre: 
la vida
el cosmos
el amor romántico
lingüística y Noam Chomsky
las filias más grotescas de los jóvenes pubescentes
hasta mutar en una amputación dialéctica
que fulminó con rayos láser
a todos los que estaban a nuestro alrededor.

Fue la típica borrachera antológica

Nos metimos en un karaoke
vacío como la carretera rectilínea
por la que llegamos
bebimos más
hasta que nos rodearon
nueve tíos barbudos
con ganas de marcha
en su apartamento se metieron coca
como para revivir a un comatoso
y siguieron 
más
más
más
hasta provocarle un infarto
y mandarlo de nuevo al limbo
a mí se me había dormido la lengua
mientras su mente seguía lúcida
y con ganas de 
más
más
más
y al marcharnos me dijo 
con los ojos rojos y una sonrisa
que buscara un trabajo.

Al amanecer
se había quitado la camiseta
tenía la espalda más sensual
que he visto en mi vida
y he visto más de cinco
o diez
o veinte

no quiero contar más
nadie vio lo que había al otro lado
quizás había otra espalda
y otra
y otra
y otra
hasta llegar a la que me dé trabajo
y una rutina
y la futilidad de ser 
uno más 
lo necesito
porque últimamente
duermo fatal.

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