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Aun desde el horror, siempre es posible decir que no

Ese “decir que no” vuelve encomiables a todos los que hace 44 años, desde la valentía periodística, encontraron la manera de no secundar a la dictadura sin que les importara el riesgo.

Hace unos días, se cumplieron 44 años del desembarco en las islas Malvinas de miles de jóvenes prestadores del servicio militar, enviados ahí por los cobardes que encabezaban la junta militar que gobernaba la Argentina en 1982.

Se ha escrito mucho sobre la complicidad de amplios sectores de la sociedad argentina con la dictadura (Iglesia católica, empresarios, jueces, etc.) y también sobre la sumisión de buena parte de la prensa, que a lo largo de la guerra mintió a su público diciéndole a través de sus páginas que la campaña era un éxito, cuando en realidad la armada británica masacró en pocos días a los muchachos que fueron mandados al frente sin mayor entrenamiento.

Un ángulo de la autocensura asumida por los medios de comunicación argentinos que se mantuvo inexplorado por varios años luego de la caída del régimen opresor fue el del papel que desempeñó el periodismo deportivo de ese país durante los siete años de la dictadura (1976-1983) y específicamente durante la guerra de las Malvinas. Fue hasta 2008, gracias a un libro del periodista Fernando Ferreira —fallecido el 15 de enero de 2022—  que pudimos conocer los testimonios de algunos profesionales de la información que relatan cómo vivieron esos años aciagos.

Publicado por ediciones Alarco, el libro de Ferreira, Hechos pelota. El periodismo deportivo durante la dictadura militar (1976-1983), destina su penúltimo capítulo a preguntarle a un puñado de colegas por sus recuerdos de los días de la guerra.

En su testimonio Walter Vargas no se escuda en modo alguno en un supuesto desconocimiento de aquella ominosa realidad —“no es que no supiéramos lo que estaba pasando”, dice el autor del libro Del Pincha yo soy, obra de reciente aparición, que circula bajo el sello LibroFutbol.com, donde Vargas vuelca su peculiar manera de sentir a su club, Estudiantes de la Plata— sino que, dice, en el gremio del periodismo deportivo “la gran pregunta era: ‘Qué hacemos?’”.

Ernesto Cherquis Bialo —fallecido recién el 20 de marzo de 2026— en cambio dijo: “Me avergüenzo de mi ignorancia”. El reputado cronista incluso reconoce que tal ignorancia respondía a “no haber querido saber”. Sin embargo, sostiene que fueron las empresas periodísticas para las que trabajaban, antes que los reporteros en lo individual, las que llevaron a cabo coberturas que no cuestionaban a la dictadura al tiempo que secundaban sus mentiras. “No creo que se deba responsabilizar a los periodistas. Cada uno hizo lo que pudo (…) Los periodistas que decían la verdad son los periodistas que desaparecieron o se exiliaron (…) La gente necesita trabajar y a veces eso se paga con la dignidad. Por eso no hay que juzgar. Hay que entender”, afirmó Cherquis, quien ayudó a Diego Armando Maradona a escribir su autobiografía Yo soy el Diego de la gente.

Alejandro Fabbri revela que el diario Clarín, en el que laboraba en aquel 1982, tenía información del desembarco desde al menos dos días antes de que ocurriera porque a él y a su compañero Pablo Llonto los envió la secretaría de redacción del rotativo a escribir sobre Malvinas desde el 31 de marzo.

Por su parte Guillermo Gasparini dijo a Ferreira: “viví la guerra de Malvinas con mucha indignación pero siempre tratando de ser fiel a una consigna: no escribir una sola línea que significara apoyo a la dictadura”.

A pesar de que resulta cuesta arriba exigirles a los entonces jóvenes trabajadores de los medios que se confrontaran con un régimen que violaba derechos humanos sistemáticamente y asumieran actitudes supererogatorias —como se les dice en filosofía a las acciones que superan los términos de una obligación— coincido con Walter Vargas en que “aun desde el horror, siempre es posible decir que no”.

Ese “decir que no” vuelve encomiables a todos los que hace 44 años, desde la valentía periodística, encontraron la manera de no secundar a la dictadura sin que les importara el riesgo.