La tumba de las luciérnagas, de Isao Takahata, emite esa poderosa luz de optimismo sobre un mundo codicioso e indiferente. Un fulgor igual de enérgico que aquel diminuto insecto bioluminiscente cruzando la oscuridad del cielo nocturno que parece engullirlo. El destello, por pequeño que sea, siempre brillará entre las tinieblas.

















































