Entre el mar de arena del desierto del Sahara y las costas orientales del Mediterráneo, a medio camino entre Trípoli y El Cairo, lejos de todo y cerca de nada, enmarcado por lagunas de agua salada y portentosos bosques de palmeras de dátil, se encuentra el oasis de Siwa, evocador refugio para exploradores y aventureros desde tiempos faraónicos.























































































