Eres un hijo de la chingada, me restregaste el mejor futbol de la historia una y otra vez, en la cara.
Sufrir a Messi


Eres un hijo de la chingada, me restregaste el mejor futbol de la historia una y otra vez, en la cara.

Una revista no impone un canon: propone una tradición. Al cerrojazo de la editorial ERA (anunciado en agosto) le aviene la noticia del fin de Este País. Los monopolios y consorcios mercantiles han tomado la batuta de la economía editorial, y los proyectos independientes poco pueden hacer contra los vientos que vienen.

La fortaleza de los débiles, la sabiduría de quien ignora, el fulgor que desprendemos al ser acorralados, el gesto generoso de quien apenas puede moverse.

De la norma brota la excepción y la luz más necesaria nos viene siempre dada del costado más opaco de la oscuridad, de la herida o el desgarro, con ánimo científico y espiritual, como cuando un hombre que dudaba metió sus dedos incrédulos en la carne separada por la hoja del venablo, para rendirse ante la evidencia.

Cada triunfo y cada derrota son caldo de cultivo para el oportunismo. El fútbol es político cuando nos conviene y deja de serlo cuando no nos conviene. El fútbol es político cuando los jugadores sacan la bandera de “Las Malvinas son argentinas”, pero no es tan político cuando Messi visita a Trump el mismo día en que comenzaban los bombardeos sobre Irán.

¿Por qué duele tanto? Porque el ‘ya casi’, el ‘¿y si sí?’ nos hacen rozar la victoria, nos hacen sentir que podemos conquistarlo todo, hasta que, en un abrir y cerrar de ojos, nos quedamos en silencio.

El autoritarismo no avanza solo por la fuerza de quienes lo promueven; avanza también por el silencio, la indiferencia y la renuncia de una ciudadanía que deja de participar.

El niño es impulso y acción, aun quieto es movimiento, centrífugo, marginal y oblicuo.

Creen que el lujo está en el licor caro y no en el teatro. Ignoran que algunas mujeres no salen simplemente a beber, sino a sostener una escena.

Pasamos la mañana rodeados por una claridad lenta y un tiempo que pasa extraño, ajeno, descabezado como un recuerdo incompleto, como niebla clara o lluvia fina en la distancia, nubes sucias desfilando fotograma a fotograma.

Sé que hay un dolor umbraliano, mortal y rosa, un sufrimiento que Lorca, Miguel Hernandez o Jaime Sabines balbucearon, también Manrique, entre muchos otros. Ninguno ha logrado retratar fielmente mi desgarro, ni por asomo.

Tienen algo de nuestra adolescencia en su adultez. Tienen algo de nuestra vida en la suya. Algo que se quedó ahí y no pretende irse.

Cherquis supo proveer información sin renunciar a la belleza estilística. Para él no existió oposición, sino complementariedad entre la dureza de los datos y la creatividad para exponerlos, entre la descripción fidedigna de la realidad y el auxilio que presta la imaginación para recrear escenas.

Lo que soy ahora, con mis torpezas y mis hallazgos, tiene algo de su trabajo paciente. No porque yo sea su mejor pan, sino porque fui de los que vio cómo se hacía.

Los norteamericanos, movidos por la extracción de petróleo, implantaron y expandieron el beisbol por toda Venezuela hasta volverlo mayoritario entre sus pobladores. Pero como se meten en todo, resulta que también contribuyeron a poner la semilla de su futbol.

Resulta que cinco años después de que el dictador Francisco Franco se le muriera en una de sus camas, sin abandonar su puesto de director del nosocomio Cabeza habría de convertirse en el vigésimo tercer presidente en la historia del Atlético de Madrid.

Leñero, autor de magníficos reportajes novelados como los que dieron lugar a sus libros Los periodistas y Asesinato, supo ‘trabajar’ a Roca hasta arrancarle la proyección versificada de su optimismo, que se reveló infundado, muy alejado de las posibilidades reales de trascendencia internacional del futbol mexicano.

Desde que amanece el día hasta esconderse el sol, las manifestaciones en apoyo al pueblo palestino y a la Flotilla de Gaza no descansan. El mundo se estremece ante el horror.

El estilo de Relaño, que pasa por encuadrar la noticia dentro de un contexto y por inscribir las historias que relata en un devenir, sobrevivió a la retirada paulatina del papel periódico causada por la creciente entronización de los dispositivos electrónicos como vehículos de información sustitutos.

Y resulta que, en Estados Unidos, el humor rara vez tiene límites… siempre y cuando no se mezcle con política.