Cada triunfo y cada derrota son caldo de cultivo para el oportunismo. El fútbol es político cuando nos conviene y deja de serlo cuando no nos conviene. El fútbol es político cuando los jugadores sacan la bandera de “Las Malvinas son argentinas”, pero no es tan político cuando Messi visita a Trump el mismo día en que comenzaban los bombardeos sobre Irán.
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El fascismo se cura viajando



