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En su libro Venezuela. Ensayo sobre la descomposición —obra de aparición tan reciente como oportuna que circula bajo el sello editorial Debate— el periodista y escritor argentino José Natanson enlista un racimo de características que dotan de “singularidad” a la Venezuela de los tiempos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.
Natanson da cuenta de una triste “excepcionalidad” de Venezuela al subrayar que es el “único país del mundo cuyo PIB (Producto Interno Bruto) se redujo a una cuarta parte en cinco años sin que mediara una guerra, el único que expulsó al 24% de su población en menos de una década, el único país latinoamericano con decrecimiento demográfico, el único de América Latina con hiperinflación”.
Pero al hacer su lista de notas que singularizan a Venezuela, el director de la edición de Le Monde diplomatique para Sudamérica pasó por alto una que también diferencia a esa nación de sus vecinas del Cono Sur, a saber: que es la única de las diez de la región que no tiene al futbol como deporte nacional.
El deporte que más se practica en Venezuela, el que tiene más seguidores y el que ha dado más satisfacciones a sus connacionales en el plano internacional es el beisbol. La primacía que tiene ahí el juego de los toletazos con un bat sobre el de las patadas a un balón tiene su explicación: fue la presencia de trabajadores estadounidenses de la industria petrolera la que popularizó al beisbol entre los nativos venezolanos por encima del futbol. Tal como lo afirma el reputado sociólogo argentino Pablo Alabarces en su libro Historia mínima del futbol en América Latina —publicado por El Colegio de México y editorial Turner— en Venezuela “el peso de los capitales norteamericanos fue decisivo para impulsar el crecimiento del beisbol”.
Los arribos del futbol y del beisbol a Venezuela se dieron prácticamente de manera simultánea. Ambas disciplinas fueron introducidas en la segunda mitad de la década de 1870.
Con base en investigaciones del periodista venezolano Luis Laya, Alabarces sostiene que según la tradición oral el futbol fue llevado a Venezuela hacia 1876 por un ciudadano británico, un galés de apellido Simpson, quien de acuerdo con algunas fuentes laboraba en la extracción de oro en El Callao.
A pesar de los esfuerzos de Simpson por intentar que el futbol se convirtiera en el deporte más practicado por los pobladores del país que lo acogió, la preferencia mayoritaria se la llevó El juego del diamante gracias al factor petróleo, que parece marcar la historia moderna y contemporánea de Venezuela, pues como dice Natanson “es imposible entender a Venezuela sin entender el petróleo”. Y la historia de su deporte así lo confirma.
Así como en Panamá el predominio del beisbol se debe a los estadounidenses que construyeron el Canal que une los océanos Pacífico y Atlántico, en Venezuela fueron los trabajadores de las compañías petroleras provenientes de la Unión Americana los que acabaron por fomentar masivamente el gusto por el beisbol y por relegar al futbol a la condición de disciplina deportiva secundaria.
Cuando se echa un vistazo a las clasificaciones de las eliminatorias mundialistas sudamericanas se advierte que el representativo venezolano es el habitante sempiterno de las profundidades de la tabla de posiciones. Como si de extraer petróleo se tratara, para encontrar a Venezuela en el concierto del futbol sudamericano hay que excavar muy profundo. En eso estriba, lamentablemente, su excepcionalidad futbolística: su selección es la única de las sudamericanas que jamás ha jugado una fase final de Copa del Mundo. En el camino a la edición que tendrá lugar el próximo verano quedó en el antepenúltimo puesto —por encima de Chile y Perú y sólo dos puntos detrás de Bolivia, que sí alcanzó a colarse al repechaje— mientras que en las eliminatorias rumbo a Rusia 2018 y Qatar 2022 llegó última.
La Federación Venezolana de Fútbol (FVF) fue presidida durante más de un cuarto de siglo por Rafael Esquivel, quien la encabezó a partir de 1988 y hasta que en 2015 fue separado del cargo al ser detenido en Suiza y extraditado a Estados Unidos por su implicación en el FIFA Gate bajo la acusación, de la que se declaró culpable, de haber recibido coimas por otorgar derechos de transmisión televisiva de torneos internacionales.
Tras la defenestración de Esquivel hubo un par de interinatos al frente de la FVF hasta que en 2021 fue nombrado su actual titular, Jorge Giménez, cercano al régimen de Nicolás Maduro en tanto contratista de la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), con la que según algunas fuentes mantiene cuantiosos adeudos.
Nada más llegar al cargo en tanto miembro “del círculo más íntimo” de los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez —ella, vicepresidenta encargada del gobierno desde hace una semana luego de la captura de Maduro por las huestes de Donald Trump, y él presidente de la Asamblea Nacional— Giménez tomó una decisión futbolísticamente sensata a finales de aquel 2021. Contrató como director técnico de la selección nacional al argentino José Néstor Pékerman, prestigiado formador de futbolistas, tres veces campeón mundial como entrenador de la selección juvenil argentina.
Desafortunadamente para el tan anhelado progreso del futbol venezolano, la estancia de Pékerman fue breve como timonel de La Vinotinto, a cuyo mando estuvo tan sólo quince meses. Luego de tres derrotas en las eliminatorias rumbo a Qatar 2022 ante Uruguay, Argentina y Colombia —que en vista de la asimetría de poderío respecto de semejantes adversarios debieron haber estado presupuestados como altamente probables— Pékerman no continuó. Al estratega que también lo fuera de los clubes mexicanos Toluca y Tigres entre 2007 y 2009, la FVF no le dio el tiempo que él solicitó para poder dar frutos. Tal como lo informó Juan I. Irigoyen en El País, “una de las condiciones que había puesto Pékerman a la FVF era la conformación de un Torneo Proyección (una competición de filiales), que consideraba necesario para el crecimiento del fútbol local y la formación de juveniles. Este plan, sin embargo, nunca prosperó”.
Muy querido en Colombia luego de que la selección cafetera consiguiera la mejor participación mundialista de su historia al llegar bajo su conducción a la etapa de cuartos de final en Brasil 2014, Pékerman no contó con las condiciones necesarias para encaminar a Venezuela hacia la mejora de su competitividad futbolística. El presidente de la FVF calificó como su “mayor error” haberlo contratado, atraído tan sólo por su fama. Pékerman sostuvo en cambio que la FVF dejó de pagarle su salario como lo había hecho con su antecesor en el puesto, el portugués José Peseiro. ¿A quién le cree usted? ¿A Giménez o a Pékerman? De acuerdo con información del diario venezolano El Nacional, en noviembre de 2023 Giménez era “el deudor más grande de Pdvsa con facturas impagas por más de 1.200 millones de dólares a través de las compañías Panglobal Energy SMC LTD y Ripple Oil Trading LTD”.
Cuando Rocío Galván, enviada de la revista mexicana Proceso, reportaba desde Caracas la firma del Acuerdo de Cooperación Energética entre México y Venezuela en agosto de 1980, faltaban tres lustros para que se diera una cooperación semejante en el ámbito futbolístico. La llegada resonante de un futbolista caribeño a la liga mexicana se dio hasta la incorporación de Gabriel ‘Gaby’ Miranda al Atlante a mediados de la década de 1990. Medio con dotes de conductor y generador de juego ofensivo, Miranda nació en la capital de Uruguay, pero tras naturalizarse venezolano jugó 17 partidos para La Vinotinto.
Después de Miranda vendría a México el mejor jugador venezolano de todos los tiempos por trayectoria y calidad técnica: Juan Arango, finísimo centrocampista maracayero con especialidad en anotar por la vía del tiro libre. Antes de enrolarse en las primeras divisiones de España y Alemania con el Mallorca y el Borussia Mönchengladbach, The Special Juanpasó por tres clubes mexicanos entre 2001 y 2004: Monterrey, Pachuca y Puebla. Tras su estancia europea volvió a nuestra Liga con Xolos de Tijuana, donde permaneció dos años hasta que cruzó la frontera norte para sumarse al Cosmos de Nueva York, el icónico equipo estadounidense en el que jugaron Pelé y Beckenbauer.
Giancarlo Maldonado es el venezolano al que mejor le ha ido en el futbol mexicano. Salió campeón con el Atlante en 2007, último título de Primera División de los azulgrana.
El potente delantero caraqueño Salomón Rondón, máximo goleador histórico de la selección venezolana, actualmente milita en el Pachuca, y quien hoy comanda desde el banquillo los destinos del representativo de categoría mayor de Venezuela, Oswaldo Vizcarrondo, tuvo un paso por el América en 2012.
Entre lo más rescatable del presente futbolístico venezolano destaca Jon Aramburu, defensor de la Real Sociedad de San Sebastián. El sábado 10 de enero, a una semana de la intervención militar de Estados Unidos en territorio venezolano, el central de 23 años marcó en la prórroga el gol de la victoria de los vizcaínos en su visita al Getafe en el marco de la jornada 19 del máximo circuito del futbol español. De acuerdo con el portal Onefootball, al hablar de su tanto el exintegrante del Deportivo La Guaira declaró: «Se lo dedico a mi familia y a mi país, que sé que no están pasando por un buen momento».
Está visto que el futbol en Venezuela no mueve las fibras que en el resto del Cono Sur. Lejos de despertar enconos deportivos de tan elevados decibeles como los que caracterizan a los clásicos de las ligas circundantes, el mucho más liviano derbi venezolano, el que disputan Caracas FC y Deportivo Táchira, durante algún tiempo apuntaba a tener como protagonistas a clubes con denominaciones también toponímicas como las de esas dos entidades, pero no alusivas a poblaciones de la geografía venezolana, pues los equipos que en los albores del futbol venezolano estaban llamados a jugar su partido de partidos ni siquiera tenían nombres que hicieran referencia a la nomenclatura de las urbes de esa nación caribeña, sino que reproducían los de Estados y ciudades… ¡de Estados Unidos!
Porque a pesar de que el de Las Barras y las Estrellas no fue durante décadas país futbolero, entre los primeros clubes de futbol que se fundaron en Venezuela se cuentan tres que fueron bautizados como Arizona, Filadelfia y New Orleans, tal como lo apunta Alabarces en su obra ya citada.
Los norteamericanos, movidos por la extracción de petróleo, implantaron y expandieron el beisbol por toda Venezuela hasta volverlo mayoritario entre sus pobladores. Pero como se meten en todo, resulta que también contribuyeron a poner la semilla de su futbol.

