Cada despedida es una muerte y la posibilidad de una resurrección. “No puedo evitar pensar que contigo entierro una parte de mí”, escribe María Álvarez (Soria, 36 años) en su segundo libro de poemas, Todavía respiro (Editorial Pregunta). Si su debut literario, Los vértices de la luna (2020), contenía textos que indagaban en el desamor y la soledad como dos caras de una misma moneda, su novedad de 2025 se plantea como una sinfonía desoladora dividida en cuatro movimientos: la pérdida, el duelo, la lucha por la vida y el renacimiento.
La escritora y profesora soriana, que está sentada en la plaza Mayor de su ciudad natal, explica que el libro -aunque pueda parecer lo contrario- mezcla poemas escritos tras una ruptura sentimental concreta con otros compuestos a raíz de la muerte de personas cercanas. Y asevera: “Hay muchos tipos de duelo: desde la muerte de un ser querido hasta una mudanza o no reconocerte a ti misma”. Todavía respiro amalgama toda una diversidad de pérdidas, pero sin duda, sostiene Alvarez, “el peor duelo es el que supone la pérdida de uno mismo”.
Graduada en Lengua y Literatura por la Universidad de Burgos, y autora del libro infantil Erni, el monstruo de la Laguna Negra (Pregunta, 2023), María Alvarez no oculta que plantearse la publicación del libro le generó muchas dudas, dado el alto grado de exposición personal que hay en sus páginas. Y es que su segundo poemario es una obra extremadamente audaz -de una sinceridad rayana en lo impúdico- en la que se retrata a sí misma sin piedad ni compasión, lo contrario a lo que nos tienen acostumbradas las nuevas generaciones que venden miles de ejemplares de sus obras y llenan teatros y auditorios con versos tan previsibles y automáticos como superfluos.
“A veces duele ser y no ser lo que quise algún día: madre, veterinaria, amante, esposa” escribe en el tercer apartado, que abunda como los anteriores en el desarraigo o en la no pertenencia al mundo. “Soy incapaz de arraigar como ellos”, apunta la autora, lo mismo que incide en el concepto de “vivir muriendo”, que se repite -como una salmodia- a lo largo de todo el libro. ¿Cómo se vive muriendo?
—Es una sensación de estar y de no estar a la vez. No estar presente en lo que estás haciendo. Es tener la certeza de que todo el mundo avanza y tú no. Lo digo en el poema “El alféizar”: “Quisiera moverme por la vida sin pensarlo, sin que todo pese tanto… / Observo desde mi alféizar lo que podría ser pero nunca seré”.
Alvarez, que ha vivido en ciudades como Madrid, Burgos o Siena, confiesa que las mudanzas, igual que las rupturas amorosas, son dolorosas para ella. “Dejar algunos lugares, marcharme de ciertos paisajes me ha hecho pasarlo mal”. Y ahí entran en juego sus miedos: temores que, en mayor o menor medida, todos tenemos. “El miedo a establecerte en un lugar y abandonarlo. El miedo a enamorarte de alguien (“de que alguien te vea”) y se vaya. El miedo paraliza”, dice tajante. Lo mismo que cuando estaba a punto de publicar su libro: “Tenía miedo a exponerme, pero la gente ha empatizado mucho con los poemas”, concede con una sonrisa.
Como en todo proceso de aprendizaje, María ha sacado conclusiones. La primera, y tal vez la más importante, que en los momentos de crisis personal, “el hecho de levantarte de la cama y prepararte un café es un triunfo en sí mismo”. La segunda que “cuando vives una relación con alguien, lo importante es no dejar de ser tú misma, no perder tu identidad”. La escritora, que presentó su libro el pasado verano en el festival Expoesía, en Soria, lleva meses corrigiendo la que será su primera novela, un proyecto en el que lleva años trabajando. Y, entre sus propósitos más inmediatos, destaca su intención de retomar sus talleres de escritura, porque como recuerda, “antes que poeta era narradora”. ¿Cómo se ve hoy a sí misma después de tres libros publicados y las experiencias vividas?
—Me veo como una persona resiliente. Siempre había pensado que era una persona débil, pero este libro me ha demostrado lo contrario. Ahora me siento fuerte. Me ha costado mucho llamarme a mí misma escritora, y eso se lo debo a mi amigo Jesús Bárez.

