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Historias

Al otro lado del cristal

No puedo ver tu boca, pero sé que estás sonriendo, igual que yo. Lo sé por tus ojos

-Bruno, ¿puedes oírme?, te escucho decir. 

Sale de mí un «sí» largo y estridente. Me emociona escuchar tu voz, aunque suene algo distorsionada. Nuestras palabras rebotan en el cristal, hacen eco como cuando lanzamos piedras al lago. El ruido externo me recuerda a la interferencia que teníamos cuando jugábamos con nuestros radios inalámbricos en el patio. Extraño esos días. Cada vez parecen más lejanos. En este instante no logro reconocer si me los he inventado, si han sido sueños o si de verdad son recuerdos. Tú sí que eres real, aunque quisiera tocarte para comprobarlo, pero mamá dice que no debo hacerlo, que si queremos estar sanos debemos cuidarnos.

He visto las noticias, ahora la vida luce muy distinta a como la conocía. No es mala realmente; estoy seguro en casa y me divierto con mis juguetes. Río, bailo y canto, a veces soy veterinario y cuido a los animales, otras veces médico y curo a la gente y muchas otras soy un gran científico que encuentra la vacuna que salvará al mundo. 

La vida en cuarentena es mejor con mamá, ella siempre me cuida y me mima, no podría quejarme, es la mejor compañía, es sólo que veces quisiera ver más rostros que paredes. Quisiera volver a ver a mi familia y amigos. Irnos de viaje, correr y nadar, salir a pasear en bici y poder ver y abrazar a los árboles. Quisiera tener superpoderes y derribar los barrotes mentalmente o pasar como un fantasma al otro lado del cristal.

Dices que me extrañas y que vendrás todos los días a verme. Siento como mi corazón palpita más rápido de lo normal. ¡Estoy muy feliz! No puedo ver tu boca, pero sé que estás sonriendo, igual que yo. Lo sé por tus ojos. Me bajo el cubrebocas para que tú si puedas ver la gran sonrisa que me provocas. En este instante quisiera que la sana distancia tomara mi forma.

-¿Elena, quieres jugar?
-Sííí, Bruno

Nuestras manos casi pueden tocarse. Estamos cerca. Muy cerca. A través del vidrio los reflejos y las sombras se confunden. La luz se cuela como un proyector frente a nosotros y parece que estamos viviendo en una película donde todo es posible. Escucho a tu papá decirte que es hora de irse, mamá me pide que me despida. No quiero que te vayas, me gusta este tiempo perfecto, en el que sólo somos tú y yo, jugando, deshabitando este encierro. 

-Hasta mañana, Bruno. Me envías un beso. 
-Hasta pronto querida Elena, aquí te espero.

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