Hace unos días murió en Buenos Aires el extraordinario escritor de crónicas deportivas Ernesto Cherquis Bialo a los 85 años.
Los relatos de Cherquis evidencian que la crónica es el género periodístico que mejor se nutre de la literatura. Su obra demuestra que cuando un robusto bagaje cultural y una fina inteligencia fortalecen sus dotes narrativas, periodistas y escritores terminan por ser maderas del mismo palo. Como bien lo ha expresado el escritor y periodista mexicano Juan Villoro, las únicas diferencias entre unos y otros estriban en “las condiciones de escritura”, mas no están separados por característica ontológica alguna.
Cherquis supo proveer información sin renunciar a la belleza estilística. Para él no existió oposición, sino complementariedad entre la dureza de los datos y la creatividad para exponerlos, entre la descripción fidedigna de la realidad y el auxilio que presta la imaginación para recrear escenas que, lejos de alterar o torcer esa realidad, la ilustren mejor. Tal como lo dice el periodista mexicano Homero Campa, “la crónica admite supuestos, pero no invenciones”. Cherquis jamás se tomó licencia alguna que contraviniera esa máxima.
Partió Cherquis la misma semana que su colega Marcelo Araujo, el relator televisivo que revolucionó la narración de partidos de futbol en la Argentina (y, por contagio también en México, donde tiene en Christian Martinoli Kuri a un discípulo). Las muertes de Araujo y Cherquis Bialo casi simultáneas patentizan que un tiempo se nos está yendo.
Tengo a Cherquis por la conciencia periodística detrás de la autobiografía de Diego Armando Maradona, a quien ayudó a escribir Yo soy el Diego… de la gente a principios del milenio. A la historia de Maradona contada por Maradona, Cherquis le dio el arco narrativo, el ritmo que evita el aburrimiento cuando los detalles abundan, la secuencialidad que mantiene al lector interesado de principio a fin.
Como en el Napoli, como en la selección, cuando se vio en la tesitura de tener que armar otro equipo, el que lo auxilió para escribir su autobiografía, Maradona atinó a rodearse de los mejores. Para precisar fechas, para confirmar informaciones, contó con el apoyo de un cercano, el también periodista Daniel Arcucci. Pero para trazar el diagrama de su vida, llenarlo de emotividad y darle los mejores acabados, Diego se valió del que sabía que sabía.
La pelota siempre al Diez, pero la pluma siempre a Cherquis.

