Un par de meses después de la publicación de su segunda novela, Los idólatras y todos los que aman (2025, Anagrama), Adriana Murad Konings sostuvo una conversación con la escritora Marta Sanz en La Librería La Central del Reina Sofía de Madrid. En ella, tras viajar a los recuerdos y rememorar, entre otras cosas, el descubrimiento de la vocación literaria y las novelas de fantasmas, así como de la necesaria y cada vez más imprescindible comunidad entre las lectoras y las autoras, Sanz puso sobre la mesa la decisión de dar títulos extensos a las obras, tal como el de esta nueva novela de la escritora madrileña.
Aquello que escuché sólo dejó en mí intriga y emoción, por la claridad con que Murad Konings explicó sus motivos de elección, entre otras cosas más. Más aún por las ideas que brotaron entonces: sencillas, incisivas, repletas de humor y calma.
La también autora de Los días leves y dos veces finalista del Premio Herralde de Novela visitó México para promocionar su obra en octubre pasado. Revista Purgante hubo de platicar con ella frente a un ventanal falsamente inmenso, fantasmagórico, en medio del ruido ruin de una de las cafeterías y librerías más concurridas de la capital.
Quiero preguntarte por el título. Que es largo y no es sencillo de recordar, pero tiene mucha música, por decirlo de alguna forma.
El título surgió de esta cita que me gustaba mucho del Apocalipsis, de la Biblia. Que yo quería buscar un… Bueno, me encantan los títulos largos como lectora. Y la verdad que mi primera novela tenía un título como mucho más sencillo, Los días leves. Muy corto, ¿no? Muy al grano.
Y este título me viene un poco de buscar una cita que reuniera el espíritu del libro. Pero que a la vez fuera un poco barroco, un poco misterioso como título. Que abriera un poco el apetito lector. Y encontré esta cita del Apocalipsis que hace referencia a quién pasa al cielo, quién va al infierno. Y esta idea de que al infierno van como una serie de seres. Entre los que se encuentran los que mienten, los inmorales. Y me gustaba un poco esta idea de que esta es una novela sobre gente que se porta un poco mal. Y que por ello no va a ser moralmente salvada. No es tanto el aspecto religioso, sino como un poco la moral de la novela. Son personajes imperfectos, que no son del todo malos, no son buenos.
Humanos…
Exacto. Entonces, para mí era, aunque parezca como misterioso y no sepas muy bien a qué se refiere el título al principio cuando coges el libro, creo que luego cuando llegas a la tercera parte del libro y la cita está expresada entera, el versículo entero. Pues ya como que a lo mejor lo entiendes un poco mejor. Y creo para mí era como también que el título fuera un poco un viaje del libro. Que en algún momento llegas a entender por qué es ese título y que adquiera un sentido.
Te lo preguntaba, sobre todo, porque hay mucha gente que se deja llevar, ya no por la portada, sino por el título. Pero no a toda la gente la atrae.
No, total. Yo ese título, fíjate, a mí libros que ahora que han salido hace poco me gustan mucho con títulos largos. Por ejemplo, Canto yo y la montaña baila. O el otro de Irene Sola, Te di ojos y miraste las tinieblas. Son títulos que, si eres fan, te acuerdas. Si no, pues a lo mejor me dice algún librero. Es que con los títulos largos siempre nos piden el libro mal. O sea, el título lo dicen mal los lectores. Y yo pienso, bueno, es arriesgado, pero también es como un salto de fe.
Como: bueno, aun así, me arriesgo y lo pongo. Y si sale bien, pues bien. Al final el libro se encontrará. Si a alguien le interesa, lo encuentra.
Hay muchos temas que tocas dentro de la novela. En particular creo que se conectan algunos que son, me parece, como puntos cardinales. Pero me quiero quedar con dos: los fantasmas y la soledad. Preguntaría entonces si piensas que creer en fantasmas es creer en la soledad. Como si fuera, quizá, algo inherente.
Yo creo que los fantasmas en la novela son como una especie de consecuencia de la soledad. Estoy sola, entonces empiezo a ver fantasmas. Pero también creo que son una herramienta para combatir la soledad. Es como un poco, son ambas cosas a la vez. Si estás sola, y puedes estar sola rodeada de gente. Pero si estás emocionalmente sola, digo sola porque en concreto las dos protagonistas, que son mujeres, para ellas la soledad es como el hecho de no contrastar lo que piensan con otras personas. Entonces, a partir de ahí empiezan a imaginarse cosas. Y pueden ser entre esas cosas las presencias fantasmales.
Pero a la vez creo que, y ya en general para todos los personajes de la novela, estas presencias fantasmales son como una compañía. Y son una forma de decir, bueno, quien se ha ido, quien ha abandonado este mundo realmente no se ha ido del todo y sigue estando presente de alguna forma. Ya sea, pues en el caso de Florian, pues su padre, él se aferra a la idea de que su padre está contenido en el electrodoméstico que causó su muerte, que es la tostadora.
Luego pues Rita y Elizabeth. También creo que piensan mucho en lo que no está presente pero que es fantasmal, como para no caer en la tristeza de estar solas. Y luego también, por añadir a esto, para mí, con las mascotas había una relación entre la presencia de un animal y la presencia de un fantasma. Son seres, aunque están vivos y son materiales, están físicamente contigo, también son silenciosos, no hablan, especialmente un gato.
Hay una analogía entre el movimiento de un fantasma, que no se deja percibir mucho, pero está presente, y el de un gato. Entonces para mí la figura del fantasma recoge muchas especies, de formas de estar acompañada por recuerdos y por presencias que no son necesariamente humanas.
Con el tiempo, ¿ha cambiado en algo la idea de lo que es un fantasma desde donde lo pensabas en un inicio?
Para mí el punto de partida, y me he educado con mucha gente en la literatura con las imágenes típicas de las historias de fantasmas, que son también con las que yo quiero dialogar en el libro. Los personajes leen historias de fantasmas, estudian historias de fantasmas, y la idea del espectro con la sábana, o la idea de la aparición semitransparente que vuelve, yo me eduqué con Vuelta de tuerca de Henry James, que es esta historia de fantasmas tal vez la más famosa de todos los tiempos. Cito a Henry James cuando abre el libro, es como, digo, este es el punto de partida desde el que quiero empezar a pensar en qué es un fantasma, pero sin duda a medida que avanzaba el libro pensé, todos los personajes tienen algún tipo de compañía fantasmal que no corresponde necesariamente a esta imagen más clásica o heredada de la literatura, pero que también cumplen los requisitos de lo que podíamos pensar que es un fantasma.
Sin duda la idea de lo que era o lo que implicaba ver un fantasma o estar acompañado por un fantasma cambiaba y se enriquecía a medida que yo otorgué o intenté hacerlo a cada personaje algún tipo de experiencia fantasmal, ya fuera la vuelta de alguien que vuelve desde el mundo de los muertos, como puede ser un gato, una mascota, en el caso de Elizabeth, una de las protagonistas, o en el caso de Rita, sus fantasmas son más bien sus padres que no están muertos, pero no están presentes, entonces ella se ha mudado a un país que no es el suyo, ha abandonado un poco su vida familiar, y un poco como que vive ignorando que su familia está en otro país, y aunque no están muertos su relación con sus padres es como una relación con unos fantasmas también.
En general, para mí era importante que cada personaje del libro tuviera una compañía fantasmal, con diversos matices. Me parece que sí podríamos, de alguna manera, replantear o ser un poco generales, esta novela es un ejercicio narrativo que pondera a través de la ficción cosas que olvidamos, que son cotidianas.
La ficción tiene que venir a recordarnos muchas veces cosas que son muy importantes o esenciales, tanto que las vivimos o tanto que convivimos con ellas, las olvidamos y las pasamos de largo. ¿Cómo observas que nos puede “ayudar” la ficción a recordarnos las realidades tan distintas que vivimos los seres humanos?
Yo creo que, para mí, en primer lugar era importante (recordar) que en la ficción no obviemos la ficción, en el sentido de mis personajes leen ficción y su vida está atravesada por la ficción de distintas formas. Tanto en un personaje que es un profesor universitario de literatura, que dedica su vida laboral a la literatura, en el caso de Rita que está haciendo una tesis doctoral, entonces está formándose en literatura y utiliza la literatura, utiliza un cuento de fantasmas para salvar su casa, como al final lo que ya le cuenta Elizabeth de que su gato va a volver a la vida, no es sino un cuento de fantasmas. Pero luego también Elizabeth, que a lo mejor es el personaje más alejado en teoría del mundo literario y académico, es un personaje que para mí vive con la idea muy clara en su cabeza de lo que es ser una señora inglesa de clase media alta, entonces para mí su educación sentimental y su proyección social también viene de la ficción: en su educación sentimental ella aprende a comportarse en sociedad por lo que lee en las novelas, por lo que ve en las películas.
Y, para mí, era como una forma de evidenciar que no sólo que la ficción nos ayuda a acercarnos más a la realidad o a recordarnos cosas de la realidad, sino que también condiciona esa realidad y que muchas veces aprendemos a vivir y a comportarnos por lo que hemos visto en la ficción, que esa separación tan estricta entre la ficción y la realidad no siempre es tan clara. Para mí eso era muy importante y por eso me gustan los libros en los que los personajes leen otros libros, en los que hay personajes que son escritores o que quieren ser escritores o que aunque no sean escritores cuentan historias también.
Entonces, eso era muy importante y creo que es una de mis obsesiones en general, (así como) literarias.
¿Qué tan intencional es, si lo es, el ejercicio en que mezclas los géneros literarios? Porque hay por ahí gótico, policíaco, ensayo…
Pues fíjate, creo que la cuestión de los géneros literarios para mí era algo muy divertido como planteamiento de jugar a coger motivos, características típicas de los cuentos de fantasmas, de una novela de intriga, de una novela de comedia también, porque hay humor o yo intenté que hubiera humor.
Me encanta cuando leo críticas, porque cada crítica le pone una etiqueta al libro, han dicho que es de todos: que es una comedia trágica, que es una farsa, que es una novela posmoderna, que es una novela de fantasmas, gótica, de terror, ¡de todo!
Para mí es muy gratificante, porque realmente yo escribí pensando en todos estos géneros literarios y cogiendo lo que me apetecía y lo que me interesaba y me servía de cada uno de estos géneros. Y para mí, como decía antes, es una novela en la que los personajes leen y escriben ficción, y obviamente la propia novela también tenía que hacer ese juego con la historia de la literatura y con los otros géneros literarios como para decir, depende desde donde lo mires, es un género o es otro género y a mí no me… quiero decir, un poco como tú también, mi pelea con los géneros literarios, pero no es tanto porque no quiera etiquetar la literatura, sino porque creo que justamente dialogar con distintos géneros literarios como que le da muchos matices a una obra.
Me da miedo que la califiquen, lo comentaba hace un rato con unos libreros. No sé si sería buena idea que se venda, por ejemplo, como novela de terror porque hay lectores de terror que van a coger esto pensando que es una novela de terror y a lo mejor se decepcionan porque no es una novela de terror al uso, y vas a esperar el susto o lo que sea que esperes de tu novela de terror y no llega, entonces te frustra. Creo también que hay mucha trampa en el mercado editorial con los géneros literarios porque generas expectativas cuando tú dices esto es una novela de terror, esto es una tragedia, esto es lo que sea y luego lo que al final hace o en lo que ayuda a un género literario a un lector es a decirle lo que va a venir; como de una novela de detectives: esperas que atrapen al malo, si luego no la atrapan te frustras, entonces hay que tener un poco de cuidado. Pero, a la vez creo que es interesante que un género literario siempre va a darle a tu lector algo de información sobre lo que puede estar por llegar.
La pasé muy bien pensando en los personajes, que son, me parece, todos bastante complejos. ¿Hubo alguno que disfrutaras escribir más que otro?
Tal vez, a ver, realmente, más que un personaje en sí, me gustó mucho generar el triángulo entre los tres principales que son Elizabeth, Rita y Florian, me gustó mucho pensar qué los unía y qué los separaba y de qué forma cada uno podía… Me encanta la utilización metáfora, por ejemplo, de las marionetas, para mí, como que todos, los tres, creen que los otros son sus marionetas, es decir, creen que ellos controlan la situación y tú como lector, al tener la perspectiva desde la externa, te das cuenta que en realidad ninguno está manejando al otro, sino que todos son marionetas de mí, de yo como escritora, del narrador, que puede meterse en la cabeza de uno, de otro, salir, entrar y ver que al final, todos creen que están manipulando al otro, pero en realidad se están manipulando mutuamente y hay un caos realmente de nadie tiene el control o el poder total, y eso fue tal vez lo que más disfruté a nivel de entretenimiento, me encantaba pensar cómo se iban a fastidiar los unos a los otros, qué iban a hacer ahora para intentar controlarse.
Tal vez me encantó escribir a Florian porque para mí reúne todos los vicios de un académico de literatura un poco patético, pero también un poquito malvado, pero no del todo malo porque tampoco es tan… no sé, me parecía un personaje divertido de escribir, y luego las mascotas me encantó escribir sobre el perro y sobre el gato, para mí fueron como… ahí sí que metí todo lo que decías, mis obsesiones más personales y mi relación desde que soy bebé de tener animales en casa, y pensar que el lugar que ocupa una mascota en tu vida fue un ejercicio muy bonito de hacer
Sobre los matices o la complejidad de los personajes, para mí era importante que al final la trama principal del libro es muy psicológica, entonces para mí era importante saber y conocer los rincones de la mente de mis protagonistas, especialmente, y también no permitir que sus comportamientos y sus pensamientos fueran del todo predecibles, y me apetecía también, cada vez que pensaba que algo iba a ser predecible, decir: no, pero es que la gente no es tan predecible, es que realmente los seres humanos somos muy contradictorios, y entonces darles como todas esas aristas a los personajes, y luces, y sombras, era algo como crucial para que la novela pudiera avanzar, porque justamente al ser una trama muy psicológica, tenía que hacer como mucho énfasis y mucho esfuerzo en que las psicologías de los personajes fueran complejas.
¿Esta novela tuya era concebible sin pensar en Henry James?
Henry James también era un poco como mi fantasma, es decir, el autor con el que dialogo en la novela, el autor que abre con su cita. Era también una idea como que realmente toda la literatura está en diálogo con otra literatura: es absurdo pensar que algo que escribimos no tiene algún tipo de relación con algo que ha escrito alguien antes.
Entonces, para mí era como dejar en evidencia algo que ya es evidente, pero era como decir: quiero que quede como muy claro, que aquí hay historias que han venido antes que la mía, y ahora yo quiero pensar en otro tiempo, en otro espacio, desde otra perspectiva, como son los fantasmas hoy, o como son los fantasmas para estos personajes en estas circunstancias. Y Harry ya enseñaba como el fantasma de Henry James un poco, jugando a la idea esta de que estamos acompañados de presencias, y yo escribí esta novela con la relectura de Vuelta de tuerca, sobre todo, y para mí era importante, si a mí no me hubiera obsesionado esa novela cuando era adolescente, pues a lo mejor nunca hubiera escrito esta novela.


