Amores perros, perra violencia

Distintos tonos o clases sociales convergen en una falsa idea de poder, convicción y anhelo.

Por: Carlos González.

Hace cerca de un mes se cumplieron 20 años del estreno de una de las películas más trascendentes del cine mexicano, Amores Perros. La película dirigida por Alejandro González Iñárritu y escrita por Guillermo Arriaga cambió el esquema de una narrativa a la que el espectador estaba acostumbrado.  

A dos décadas de distancia parece necesario hablar de las secuelas y el legado que dejó en un nuestro país, asumiendo que las nuevas generaciones padecen un Estado de violencia y crisis. Y es que Amores Perros significó un desnudo de la sociedad y su atrocidades, más allá de sobresaltar un tema político, la historia narra la aspereza del hombre, vista en infidelidades, incesto, muerte, corrupción y desigualdad. 

Si bien no se pretende desenvolver una trama ya contada, sí se busca filtrar nuestro presente en la vigencia del cine. México no ha cambiado; al contrario, la incertidumbre reina en un mismo incidente, tal cual se expone en la Trilogía de la Muerte que habría de conformar Iñárritu con Amores Perros, 21 Gramos y Babel

Así es, nuestro mayor reclamo sigue siendo la violencia, repartida en varias historias que nos hacen creer diferentes, unos de otros, de ahí el alcance de una película con 20 años de historia. Por sobre todas las cosas, Amores Perros, plausible en el Festival de Cannes y nominada al Oscar como Mejor Película Extranjera, fue de las primeras fotografías de nuestra ciudad y su gentrificación. Distintos tonos o clases sociales convergen en una falsa idea de poder, convicción y anhelo.

Por otro lado, el coincidir su estreno con el 2000, un año que establecería el fin de 70 años de hegemonía del PRI en México, nos hace pensar que sólo una historia así podía narrar el espejismo del cambio, o en su defecto, la deconstrucción del individuo. 

Por ello resulta interesante insistir en las imágenes del cine a través del tiempo, rescatando ante todo la del hombre en virtud, en este caso, de los perros que le acompañan. Dicha analogía expuesta en el guión de Guillermo Arriaga se apropia inmediatamente de la condición del amo y nos da luz de lo que éste es capaz a ojos de quién le obedece. 

Capaz de reprimir, denigrar, sobreproteger o incluso abandonar, el hombre sumido en violencia justifica irónicamente el salvajismo de sus perros. No, no hay perros salvajes, sino una vida salvaje. 

Esta proyección filosófica, incluso, desenvuelve nuestros valores y costumbres, heredados durante 20 años, donde partidos políticos, instituciones e ideologías han desarticulado a la sociedad sin entender su enojo, condición social y carácter. 

Invariablemente la figura del perro retorna a nuestra cultura, que más que festejar los 20 años de Amores Perros , se nos aparece en un momento particular. Por una lado refleja compañía y por el otro bestialidad. Por un lado hay promesas y por el otro existe racismo, violencia, genocidio y corrupción.

Así, de forma simbólica, nuestro lenguaje encuentra en la palabra perro una identidad y también hartazgo de la especie, en este caso humana. La grosería intrínseca en perro no incomoda al mexicano pero si lo deshumaniza. No es que sea malo por naturaleza pero sí salvaje, y por ende violento, poderoso, rebelde y posesivo. La desgracia recae entonces en una comunidad y/o ciudad amedrentada por la violencia encima de su naturaleza.  

Las historias reaparecen e interrogan, sobre todo para entender quiénes somos luego de 20 años y quiénes son los que nacieron en ellos. Interrogan nuestra normalidad y los vicios que existen en ella. Interrogan la distancia entre la realidad y el cine, pero, más que nada, interrogan nuestra insistente idea de olvidar lo que un día fuimos. 

Sin duda exponer el largometraje de Iñárritu en un nuevo contexto es hasta cierto punto atrevido; no obstante, se acepta el riesgo ante el espectro en el que estamos atrapados, con todas las emociones que implica. Culpas, decepciones, errores, compasiones, deseos; todo en favor de una búsqueda que carece de género, edad, privilegio y condición. Una búsqueda de amor y amores, amores perros. 

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