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Brujas: sanar a través del viaje y el lenguaje

La novela de la escritora mexicana Brenda Lozano, editada por Alfaguara, es un canto feminista.

Para mí, como lector, existen ciertas especies o tipos (por decirlo de algún modo) de escritores que me interesan: aquellos donde cada libro es parte de un universo específico que están configurando y los que reflejan sus temas de interés en uno o varios libros mediante vasos comunicantes sin que necesariamente exista una convicción de entrelazarlos.

Brenda Lozano, sin duda, pertenece a mi segunda clasificación. Tiene cuatro libros: tres novelas y uno de cuentos. Las temáticas son independientes, ningún personaje reaparece en algún libro, y sin embargo tienen mucho en común, pues cada uno de sus libros es testigo fiel de un proceso muy íntimo que, creo, Brenda sigue a la hora de tejer una o varias historias. Y eso explica la gran distancia temporal que existe entre la publicación de un libro y otro. A Brenda -pienso- le interesa que cada uno tenga el tiempo necesario para respirar y encontrar su lugar entre las personas lectoras.

Aquella persona que se acerque a la obra de Brenda encontrará una clara voluntad de plasmar la vida cotidiana; los sentimientos y afectos, y como éstos repercuten en las personas; los vínculos familiares y amorosos; las relaciones que las personas tienen o no con su entorno y los objetos que le rodean; y, sobre todo, la reflexión del ser humano en torno a sí mismo.

A lo anterior, debe agregarse que Brenda Lozano -además de ser una escritora comprometida con sus búsquedas estéticas y artísticas- es una mujer involucrada, preocupada y ocupada por las causas feministas. Y es bajo este contexto artístico y político que nace su más reciente novela: Brujas. Una novela que se agradece y aplaude, ya que toca temas urgentes, no sólo para el país sino para la autora: el papel de las mujeres en el periodismo, el papel de las mujeres en la vida diaria de México, la violencia que nos corroe, el abuso de género, los feminicidios, los crímenes de odio por identidad o preferencia sexual. También, por otro lado, es un obra que tiene espacio para la esperanza, pues siempre hay una cura, un rayo de luz y belleza en medio del caos: el amor desinteresado, el arte y la palabra.

Brujas tiene por protagonistas a tres mujeres. Zoé, una periodista radicada en la capital, emprende un viaje a San Felipe para investigar el asesinato de Paloma (una muxe que anteriormente se llamaba Gaspar). Para ello debe entrevistar a su hermana Feliciana: una curandera de El Lenguaje, capaz de curar el cuerpo y el alma; conocimientos que le fueron trasmitidos por Paloma. Empero, la carnita y lo exquisito de esta novela no está en la trama sino en los recuerdos, sentimientos y acontecimientos que han forjado el pasado de las protagonistas y van conformando su presente. Mujeres distintas en sus orígenes y que representan o simbolizan cosas distintas. Por un lado Zoé es la viva imagen de la prisa y lo cosmopolita que narrativamente se refleja a través de una sobrecarga de imágenes y acciones, de una especie de narrativa veloz y accidentada; y del otro lado está Feliciana, quien representa la tradición popular y el apego u amor por la naturaleza o la madre tierra, cuya esencia se plasma por medio de una narración oral cercana a una especie de cántico rítmico y repetitivo. 

Brujas es también una novela donde el viaje aparece en sus dos acepciones: la de la heroína que sale en búsqueda de algo y la del individuo que va al encuentro consigo mismo en pos de conocerse mejor. Y también aparece otro viaje: el místico, aquel que se emprende a través de una gran meditación o con apoyo de algún psicotrópico sagrado.

Brenda Lozano deja claro que ella es una bruja -en el sentido mágico de la palabra- capaz de encantarnos a través de la palabra. En un momento donde los viajes físicos están detenidos o al menos representan un gran riesgo, Brujas es una invitación a emprender un viaje interno que nos obliga a reconciliarnos, reencontrarnos y recurrir al lenguaje como símbolo de sanación.

Por Fredo Godínez

Gestor cultural, poeta y tarotista. Lector empedernido y apasionado por el Esoterismo y el mundo simbólico. Reseñista de libros y teatro.

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