Somos instantes
Un ratito nada más
Seres fugaces
Que llegan y se van.Somos instantes; Caloncho.
I
Hay libros o lecturas que se agradecen porque llegan en el momento adecuado y se vuelven un remanso para el alma y el corazón.
Esto es parte de lo que significó para mí El hombre en el jardín, de Gilma Luque.
II
La historia, sabemos, casi desde el inicio, que se tratará de una pareja; donde la melancolía, la distancia y la pérdida son algunos de los ingredientes que dan cuerpo al relato que será contado tanto por una mujer y, ocasionalmente, por un narrador omnisciente.
La mujer es Inés y será quien sostenga la mayor parte de la historia que será contada desde el recuerdo, ese hilo que une el presente con el pasado.
A partir de la puesta de una ofrenda, el lector se entera de todas y cada una de las pérdidas/muertes que han marcado a Inés: sus abuelos, sus perros, su tortuga y su madre.
La puesta de ofrenda como el detonante que abre las heridas que ha ido “coleccionando” Inés: la primera herida fue la ocasionada por abandono de su madre: una mujer que, al no estar lista para ser madre, prefirió dejarla en casa de sus padres y desaparecer sin explicación alguna. La segunda herida fue provocada por un aborto de “un huevo” que ya estaba muerto: un embarazo de tres semanas, producto de una relación con su pareja: Emilio. Mientras que la tercera herida le corresponde a un padre ausente con el que se reencuentra a la edad de 15 años —teniendo, su madre 10 años de ausencia— a quien después fue a seguirlo a una casa en la playa. Su padre se llama Patrick.
Una vez que el lector ha conocido el origen de las heridas de Inés, el pasado y presente se irán intercalando, siendo Emilio el coprotagonista de la mayoría de los momentos que relatará nuestra mujer protagonista.
Conforme uno va avanzando, también se van relevando los nombres tanto de sus abuelos maternos como de su madre.
A lo largo de la novela, uno como lector va entendiendo que la muerte y el miedo al abandono son los mayores miedos que Inés ha ido coleccionando en lo que lleva de vida.
III
El hombre en el jardín de Gilma Luque es una novela sobre la memoria y el olvido; el amor y el miedo a perderlo; sobre el darles importancia a las personas y luego atestiguar cómo estas se van sin mirar atrás.
IV
En esta novela, la casa es la metáfora y/o símbolo tanto de la memoria como de la vida; pues al final —siento, creo y pienso— la autora deja una gran lección: la vida es cambio constante; donde uno debe aprender a soltar para no morir con el paso del tiempo.
La vida es, también, aprender a perderse para reencontrarse.
La vida es un mapa en el cual hemos trazado pistas que nos cuestan descifrar por miedo a reconocernos en uno mismo y en el otro.
El hombre en el jardín, de Gilma Luque, es una gran metáfora de la vida misma; esa en la que buscamos y contamos historias por miedo a extinguirnos, a desaparecer de la faz de la tierra sin dejar huella, rastro; porque olvidar es una segunda y definitiva muerte.
V
El hombre en el jardín, de Gilma Luque, mereció el Premio Internacional de Novela Breve Rosario Castellanos 2023.


