Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú.Ya no; Idea Vilariño
Hace tantas pieles que ya no me conoces.
Hace cuántas pieles ya no te conozco.
Si solo podemos retenernos cada veintiún días.
¿Nuestras pieles tienen memoria?
A pesar del desprendimiento que tienen,
tan libres de deshacerse en el polvo
y convertirse en cualquier cosa.
¿A dónde irán las pieles que dejamos por ahí?
Estoy segura que en cien años te veré.
Después de cien años me verás
¿A quién le importa recordar
al hombre más pequeño del mundo?
Continuarás deslizándote
en tu pequeñísimo mundo,
envuelto en plástico y sonrisas falsas,
seguirás lavando tus manos,
sonriendo frente a las fotografías fingidas
con tus oscuros secretos rasgados y tirados
en cualquier basurero.
Tal vez nos volvamos a encontrar
después de cien años y no sabré ni pronunciar tu nombre,
tal como nunca supiste pronunciar el mío.
Mientras olía tu temor de notar mi existencia,
el sol iluminaba las banquetas.
Pasarán cien años antes de que recuerde
cómo te llamas y tal vez
en ese entonces seas capaz de admitir
la miseria humana que recorre tus venas.
Ya no sé qué es verdad dentro de mi corazón.
¿Quién era el hombre que conducía
en la carretera en dirección a la presa escondida?
mi sitio secreto
compartido con un fantasma.
Ha habido mejores atardeceres dorados,
pero esta ocasión es azulado,
no paraba de pensar.
Mientras el agua puede verse
debajo de las vigas de madera que sostienen las mesas.
Una alucinación.
Ese hombre nunca existió,
ni su mano en el auto.
Ni su poca educación
Ese fantasma ya murió.
Murió antes de nacer.
Los lamentos sobreviven al fuego de la ceniza.
Y los ojos siguen viendo una vez hundidos
en el fondo de la arena del desierto.
¿Cuándo se irán estos cuervos ennegrecidos
nacidos de mi cráneo listos para donarles
toda mi memoria sensitiva?
Taladran con sus picos en medio de mis ojos,
Alrededor de mis oídos.
Graznan, susurran,
dicen la verdad.
Quieren mi tercer ojo.
Quieren la esperanza, y mis recuerdos,
el aroma, las mentiras, las palabras.
Me permito darlo a cuentagotas,
mientras muero de frío.
A cuentagotas, tú y tu vida a cuentagotas.
Ávaro de humanidad siempre, pensé.
Un hombre que nunca existió.
Un hombre que ya murió.
Moriste, moriste, moriste.
Nunca exististe.
Solo tu sonrisa retorcida y bizarra.
En unos días, el invierno
se convertirá en primavera,
Y a mí me preocupa morir de frío,
que estos cuervos
no puedan seguir alimentándose
de los recuerdos,
del hombre más pequeño del mundo.

