Escribir poesía es mirar el lenguaje bajo microscopio: Elisa Díaz Castelo

Elisa Díaz Castelo (Ciudad de México, 1986) es una de las poetas contemporáneas más importantes de México. Con el apoyo de las becas Fulbright-COMEXUS y Goldwater, cursó una maestría en Creative Writing (Poetry) en la Universidad de Nueva York (2013-2015).  A su corta edad ha sido galardonada con múltiples premios de poesía y traducción: el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2020 por El reino de lo no lineal, el Premio Nacional de Poesía Alonso Vidal 2017 por Principia y el Premio Bellas Artes de Traducción Literaria 2019 por Cielo nocturno con heridas de fuego, de Ocean Vuong.  Además, ha sido becaria del FONCA (Jóvenes Creadores), de la Fundación Para las Letras Mexicanas.  Recientemente, por azares del destino y gracias a la tecnología, tuve la oportunidad de hablar con ella sobre su último libro Proyecto Manhattan (Antílope, 2021) y su relación la escritura.

(JEAN está sentada frente a una Singer. Con el pie derecho acciona el pedal. Se escuchan las dentelladas de la aguja, el afán mecánico del aparato. A la derecha de JEAN, un montículo de batas blancas de un metro y medio de alto.)

Quiero saber morir, no me da pena, toda la vida imaginé ese instante, construí mi trayecto cambiando de lugar mis huesos. Construí mi trayecto a base de reincidencia pura, con la impronta salada de mi muerte pululando. Más arriba me espera, a contrapelo practica sus direcciones de escena. Más arriba me espera y no muy lejos. Su desuso. Ahora mi cuerpo es un lugar sin sombra. Pronuncio mis recuerdos en reversa. Me desahucio.”

Elisa Díaz Castelo, Proyecto Manhattan

Antes de entrar de lleno a hablar sobre Proyecto Manhattan, quisiera recurrir a un lugar común para vislumbrar tu relación con la literatura. Muchos escritores consideran que la poesía es el género literario más difícil. Pensando en eso, quisiera saber si la poesía es un género tan desafiante que te ayuda a comprender la narrativa y el ensayo de otra manera, ¿consideras que ser poeta ha cambiado tu experiencia como lectora?

Sin duda mi cercanía a la poesía ha determinado mi experiencia como lectora de otros géneros. Aunque una aproximación obsesiva al lenguaje caracteriza en cierta medida toda labor literaria, el lenguaje poético intensifica hasta la compulsión esta tendencia. Escribir poesía es mirar el lenguaje bajo microscopio: puedo pasar horas deteniéndome su funcionamiento sonoro y discursivo. Esta aproximación meticulosa a la palabra sin duda ha determinado cómo leo todo lo demás, no sólo otros géneros, sino también recetas médicas, etiquetas de shampoo y comprobantes de domicilio. Los contratos legales, sin embargo, me siguen pareciendo altamente enigmáticos.

Me parece muy interesante que menciones que tu cercanía con la poesía ha determinado tu experiencia como lectora, sobre todo pensando que la ciencia es un tema central en tus poemarios —Proyecto Manhattan (2021), El reino de lo no lineal (2020) y Principia (2018) —. Lo digo porque la ciencia suele ser considerada objetiva y sumamente técnica, yo diría que hasta cierto punto para algunos es la antítesis de la poesía. ¿Consideras que es un reto convertir estos temas en un discurso íntimo y con una carga emocional? Podrías contarme cómo te enfrentas a esto.

Es un reto aproximarse a cualquier lenguaje técnico desde lo poético quizá porque, aunque no siempre nos demos cuenta quienes vivimos en este medio, la poesía también funciona como un lenguaje técnico. Pienso en aquellas características que clásicamente vuelven un poema reconocible: el verso, un yo-lírico, la imagen como centro gravitacional del texto. Lo que me fascina de integrar lenguajes ajenos a lo poético en la poesía es que, de ese modo, nuestras nociones almidonadas y trilladas de lo que debe de ser un poema se tambalean y colapsan.

Sin duda es un reto buscar este choque de registros. En el caso de Principia, me ayudó anclarme en mi propio paisaje íntimo, en la emoción, para, a partir de ahí, hablar de la ciencia. De esa forma, lo científico se convirtió en una metáfora de la intimidad. Sin embargo, creo que no es la única manera de incluir el discurso científico en la poesía y otros poetas lo han hecho de maneras distintas.

Ahora que salió el tema, quisiera aprovechar para preguntar si consideras que tu voz como poeta ha cambiado de Principia a Proyecto Manhattan.

Cada libro que he escrito responde a sus propias consignas y gira en torno a principios compositivos distintos. Hay algo, me gustaría decir que es mi voz, que se mantiene intacto a pesar de todo. La verdad, no sé si es mi voz la que pervive en cada poema o si se trata más bien de la ilusión de tener una identidad unitaria, constante. Pienso en las células que componen mi cuerpo, en su propio ciclo de vida diminuto. No tengo una sola célula en común con la que fui hace siete años. Sin embargo, el material genético, replicado (a veces con errores), pervive. Me gustaría pensar que la voz es como ese material genético, una esencia que se mantiene intacta, aunque aquello que la transmite cambia todo el tiempo.

Tal vez es el sesgo personal por estudiar Relaciones Internacionales, pero desde un principio me llamó muchísimo la atención que el tema de tu nuevo libro fuera un hecho histórico tan famoso y relevante en la concepción de la seguridad internacional, como lo es la creación de la bomba atómica. Tengo que preguntar, ¿cómo surgió la idea?, Podrías hablarme un poco sobre por qué decidiste retomar el Proyecto Manhattan para un libro de poesía.

Todo empezó con la escritura de algunos monólogos dramáticos en voces de científicos del siglo veinte. Al investigar sobre sus vidas, me pareció interesante que varios de ellos habían participado en el Proyecto Manhattan, donde se diseñó la primera bomba atómica. Se trata de un evento fascinante y ominoso por partes iguales, que trae a primer plano la intersección entre el conocimiento y la ética. Desde tiempos bíblicos, el conocimiento se concibe como peligroso y moralmente ambiguo cuando Dios les prohibe a Adán y Eva comer del árbol del bien y del mal. La bomba atómica es, simbólicamente, un nuevo árbol del conocimiento. La problemática ética del Proyecto Manhattan no pasó desapercibida para Oppenheimer, quien tiempo después de que el invento se empleara para matar a millones de civiles inocentes en Japón, declaró, contrito: “En un sentido crudo que ninguna vulgaridad, ningún humor, ninguna exageración puede extinguir del todo, los físicos hemos conocido el pecado; y se trata de un conocimiento que no puede olvidarse”. Quise explorar desde la poesía ese momento coyuntural de la historia donde la ética y el conocimiento se intersectan o, más bien, colisionan.

Sin embargo, conforme fui investigando sobre el proyecto descubrí que, en realidad, me interesaban mucho más las historias de las mujeres relacionadas directa o indirectamente con el proyecto y cambié por completo el enfoque del libro. Me pareció no sólo interesante sino necesario rescatar a esas mujeres que han sido colocadas en papeles secundarios o marginales de la historia y colocarlas al centro mismo de la narración.

Aunque las historias de las mujeres relacionadas con la bomba atómica me parecen apasionantes y quisiera saber mucho más, tengo que preguntar sobre la estructura de Proyecto Manhattan ya que haces una propuesta sumamente interesante al mezclar diversos géneros, ¿podrías hablarme un poco sobre por qué optaste por este formato en el que utilizas elementos particularmente de la dramaturgia?

Siempre me han interesado las acotaciones teatrales por su naturaleza en apariencia práctica. Cuando comencé a leer obras de teatro, el contraste entre los diálogos y las didascalias me desconcentraba pues, para mí, el tono seco, prescriptivo y sin adornos de las acotaciones rompía con el pacto ficcional. Más adelante, pensé que en esa yuxtaposición de tonos había mucho potencial poético y se me ocurrió escribir un libro cuya premisa compositiva fuera ese contraste.   

Ahora que mencionas la idea de incluir elementos de la dramaturgia para crear una yuxtaposición recordé que investigando un poco me enteré de que te interesan los géneros desobedientes. Esta ida de experimentar con la inclusión de varios géneros y desafiar los estándares clásicos cómo influye en tu manera de escribir. ¿Tienes la idea a priori de experimentar con cierto género en cada poemario o cada poema de pide cosas diferentes?

Los libros que he escrito han encontrado su forma siempre en el proceso de su realización. Cuando comencé a escribir Proyecto Manhattan sabía que giraría en torno a monólogos dramáticos. Fue hasta después, cuando ya había comenzado a ensayar algunas voces, que se me ocurrió incluir las acotaciones. Aunque suelo tener una idea general de aquello que quiero escribir, se trata de una guía más bien borrosa que no toma forma, no verdaderamente, hasta que comienzo a escribir.

Hablando sobre escribir, tengo mucha curiosidad, ¿cómo es tu proceso de escritura?

Suelo escribir durante la mañana, justo después de despertar. Empiezo leyendo poesía que me gusta y, a partir de ahí, se me ocurren versos o ideas para poemas. También intento llevar a todos lados mi libreta para escribir versos sueltos, tal como me lo recomendó hace años María Baranda. Confiaría más en las notas de mi celular si no estuviera siempre (o casi siempre) descargado.

Finalmente, ya para terminar, tengo que preguntarte sobre tu relación entre traducción y la poesía, ¿consideras que traducir es reescribir un poema? Y si crees que de alguna manera tu exposición a ambos idiomas afecta de alguna manera tu manera de comprender el lenguaje y, por ende, tu manera de traducir.

La reescritura está en todas partes. Traducir, sin duda, es reescribir. Pero a veces pienso que escribir también es reescribir, puesto que una está continuamente en diálogo con otros poetas, de otras épocas (los famosos muertos que escuchaba Quevedo con los ojos) y también actuales. Pero la reescritura no es sólo de poesía sino, y esto me parece lo más fascinante, sucede con todo tipo de fuentes: reescribimos el noticiero que escuchamos en la mañana, la pelea de los vecinos, una nueva teoría científica.

Si bien no escucho en el fondo de mi mente mis propias palabras traducidas al inglés mientras escribo, temo que eso sería un castigo digno de dioses griegos, sí creo que mi exposición a ambos idiomas de pequeña determinó mi acercamiento al lenguaje. O más bien, me obligó a prestarle atención a las palabras, a mirarlas de cerca, a escucharlas en el aire. Saber que hay muchas palabras diversas para referirse a una misma cosa me llevó a notar, en el lenguaje, una enorme riqueza. Casi, diría, un exceso. Este exceso me deslumbró desde el primer momento y en su espléndida abundancia, en su sonido, espero pasar el resto de mis días.

Y para no perder la mexicanidad quisiera una pregunta de pilón: ¿cómo es la relación entre mujeres poetas, desde tu experiencia? He tenido la suerte de entrar en el medio literario durante una época en la que se le ha dado mayor atención a la literatura escrita por mujeres y en la que se ha subrayado el papel de la sororidad por encima del de la competencia. Me siento muy afortunada por tener un grupo de amigas escritoras entre las cuales nos apoyamos y acompañamos.

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