Las manos le sudan. No está en la cápsula del Vostok 1, está en una lata a punto de despegar. Afuera, un cosmonauta recorre la órbita de la tierra. Pero todavía no llegamos a ese momento, ni él ni nosotros.
Mientras tanto, los científicos soviéticos discuten. El cielo es una alberca gigante, lo único que podemos hacer ahí es sumergirnos hasta volvernos infinitos. Por eso, esto no es una cápsula, es una botella que aventamos al mar.