El cine de Amat Escalante es trágico, desesperanzador. Se trata de estudios que intentan revelar las contradicciones de la naturaleza humana, siempre atravesada por el sexo y la violencia, una dualidad inaudita, capaz de dar y quitar vida por igual. Las películas del cineasta son experiencias retadoras, cargadas de crueldad gráfica y complejidad psicológica de personajes siempre al borde del vacío.
Luego de competir por la Palma de oro y ganar el premio al mejor director en el Festival de Cannes del 2013 por su trabajo en Heli (2013), Amat Escalante presentaría La región salvaje (2016), su acercamiento al cine fantástico y de horror con una inquietante criatura como metáfora de los conflictos internos de un peculiar grupo de personajes, en los que los miedos y traumas se revelarán como generadores de la acción en pantalla.
¿Qué detona la violencia? ¿En dónde se genera la crueldad del ser humano? Para Escalante, la respuesta está en la hipocresía de una sociedad que no permite a sus integrantes vivir con libertad, bajo el yugo de la religión y la moral, creando hombres y mujeres resentidos, que al no poder existir libremente, exhiben su frustración violentando a otros. La región salvaje, además, con su inesperada fusión de ciencia ficción y drama social, profundiza en la idea ineludible de que la condición humana, es violenta por naturaleza.
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Un meteorito orbita en el espacio y choca en la tierra, trayendo en su interior una criatura amorfa capaz de provocar un enorme placer sexual, tan intenso, que puede ser mortal. En el cráter que quedó con el impacto, cientos de animales de muchas especies copulan insaciables; el alienígena, encuentra refugio en una rústica cabaña enclavada en el bosque del Estado de Guanajuato, donde es estudiado por el Sr. Vega (Oscar Escalante) y Marta (Bernarda Trueba), dos enigmáticos científicos.
La pareja se ayuda de la joven Verónica (Simone Bucio) para satisfacer sexualmente a la criatura y, más tarde, para atraer más presas al recinto. Después de un altercado violento donde Verónica es lastimada por el ente, acude al hospital donde conoce al enfermero Fabián (Edén Villavicencio), quien tendrá un encuentro con el alien con resultados trágicos. En esta vorágine carnal, entra a escena el matrimonio compuesto por la abnegada Alejandra (Ruth Ramos) y el machista Ángel (Jesús Meza), que inmersos en la monotonía, buscan nuevas emociones.
Ángel es amante de su cuñado Fabián y esa relación se va torciendo cada vez más. Verónica se acerca pero no con fines sociales, sino de carencias emocionales que le permitan llevar más personas a la cabaña. Cuando Fabián aparece desnudo y golpeado en las inmediaciones de un río, todo apunta a que fue Ángel en un ataque de rabia. Alejandra descubre mensajes en el celular de su hermano que le confirman la relación homosexual que hay con su marido. Ángel es encarcelado y Alejandra decide visitar a la criatura en lo inhóspito del bosque, alentada por Verónica.
El Sr. Vega y Marta le explican a Verónica que ahora que el ser cósmico ha aceptado a Alejandra, debe marcharse por su propio bien, por lo que la mujer busca el placer sexual desesperadamente por otros medios, sin conseguirlo, lo que hará que regrese a la cabaña. Alejandra se siente feliz ante el placer que recibe y trata de seguir con su vida, hasta que Ángel aparece en su casa, liberado por el sistema corrupto. Intoxicado y muerto de celos, trata de atacar a Alejandra, pero accidentalmente, se dispara en una pierna y queda herido.

Harta, Alejandra decide llevar a Ángel hasta la cabaña para ofrecer a su esposo como tributo a la criatura; cuando llega, se da cuenta que Verónica está muerta y Marta fue atacada. La protagonista deja ahí a Ángel a merced del monstruo y se va para recoger a sus hijos en la escuela. Desaliñada y llena de sangre, abraza a los niños mientras la pantalla se funde a negros.
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En La región salvaje, los personajes acuden al encuentro con la criatura como un bálsamo ante sus carencias emocionales. La cabaña funciona como un diván rústico, al que debe accederse para encontrar sentido a la existencia, pero lo que hallarán será lo que Carl Gustav Jung describía como la imagen-síntoma, es decir, la encarnación de sus traumas, representados aquí de forma aberrante en el ser cósmico, mitad pulpo, mitad extraterrestre, cundido de humedad.
Para Amat Escalante, La región salvaje es también un lugar en el consiente, en la mente, donde se puede reconocer la animalidad que nos habita, reflexionando que el ser humano puede tener por momentos mucho más de animal que de racional. Una bestialidad, que se ve también expuesta en los fluidos que recorren el metraje: la orina de Ángel borracho; el semen en las relaciones homosexuales entre Fabián y Ángel; los fluidos vaginales de Alejandra y Verónica en sus sesiones eróticas con la criatura; la sangre que deja la violencia y el agua que cruza por el bosque, donde la naturaleza rige.
La analogía de un ser extraño que llega a una comunidad y la corrompe hasta dejarla irreconocible, aplica bien al México violento que dejó aquella guerra contra el narcotráfico del sexenio de Felipe Calderón, un conflicto que, hoy, sigue dejando estragos en la sociedad. La región salvaje es también la visión de ese cineasta comprometido con la causa social, en la que ya había ahondado en Heli, con un interés en la injusticia y el desprecio por la vida humana que desarrollan los criminales.
Amat Escalante dice que para curar una herida, primero debe observarse detenidamente, para poder entender la lesión y actuar de la mejor forma para curarla. Su cine, entonces, apunta el foco a las posibles causas de nuestros males sociales, donde el machismo, los feminicidios y la homofobia, brotan como una plaga al interior de un país que se ha traicionado a sí mismo.
A lo largo de los 100 minutos de metraje, se encuentran distribuidos con maestría una serie de simbolismos y referencias artísticas que van nutriendo la narrativa del filme. Ahí están, las influencias de cintas como Posesión (1981), de Andrzej Żuławski, y Anticristo (2009), del danés Lars von Trier, con un elegante manejo del horror y la angustia de una cámara que recorre los callejones de Guanajuato, revelando una presencia invisible que llama a los personajes a satisfacer sus deseos. También hay ecos al cine de David Cronenberg con atmósfera inquietante y al Alien (1979) de Ridley Scott, en el diseño del ente amorfo.
Y es que, precisamente, el director de fotografía de La región salvaje es el fotógrafo chileno-danés Manuel Alberto Claro, responsable del trabajo estético de Melancolía (2011), las dos partes de Nymphomaniac (2013) y La casa de Jack (2018), todas, aplaudidas películas del ya mencionado Lars von Trier, ejemplos de un estilizado manejo del encuadre y la luz. La cámara flotante del cinefotógrafo recorre paulatinamente los recovecos de la provincia guanajuatense, desde callejones y tugurios, hasta la paz del bosque y los misterios que esconde. La lente actúa como testigo cercano de las dudas de los personajes y las consecuencias de sus actos, profundizando en la exploración de la violencia y los efectos del deseo carnal.
Hay una referencia pictórica radiante cuando Alejandra finalmente se rinde al placer con la criatura: El sueño de la esposa del pescador (1814), del artista japonés Katsushika Hokusai, aparece en pantalla, con su lúgubre belleza, en donde la humedad de una mujer y un pulpo, se fusionan en un solo cuerpo. Se trata de la representación más visceral que puede encontrarse sobre el placer sexual entre dos especies distintas, y en la película de Escalante, ese momento simbólico representa la liberación de los temores de Alejandra, entregada totalmente al monstruo. En La región salvaje, pareciera que algunos personajes son más siniestros que la criatura misma, aun con su apariencia repulsiva. Ángel, es un ser patético, víctima de sus propias inseguridades, lo que le provoca un auto sabotaje emocional.
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Cuenta el director Escalante, nacido en España pero con una infancia y adolescencia en México, que mientras estaba en el cuarto de edición montando Heli, se le atravesaron dos noticias amarillistas de donde brotaría este nuevo proyecto.
Uno: el caso de Lucero, una mujer que acepta ser llevada a su casa por un compañero de trabajo, pero que en el trayecto es arrastrada al bosque y sufre un intento de violación. La joven lucha y pelea con el agresor; lastimados, llaman a una ambulancia y ambos, son conducidos al hospital, siendo atendidos en el mismo cuarto. Más tarde, Lucero será declarada culpable inexplicablemente por una juez, por aceptar ir en el carro con su acompañante.
Dos: la imagen en un periódico fatalista de un hombre ahogado en las inmediaciones de un río. Con el cuerpo desnudo, todo indicaba que el asesinato se debía a sus preferencias sexuales.
Haciendo caso a aquella reflexión del escritor ruso Antón Chéjov: “Si quieres ser universal, habla de tu pueblo, de tu aldea”, Amat Escalante dice nutrirse del entorno que conoce, en el que creció: Guanajuato. Sus películas se inspiran de ese lugar del país y así puede recorrer con la cámara sus calles, rincones y bosques, como la sierra de Santa Rosa.
Para La región salvaje, una vez germinada la idea, Escalante trabajó con Gibrán Portela (responsable también de los guiones de Güeros (2014) de Alonso Ruizpalacios y La jaula de oro (2013) de Diego Quemada-Diez) en la construcción del guion, desarrollando personajes de psicología compleja, que se mueven entre el deseo y el rechazo de su sexualidad.
El resultado fue una reinvención del género de ciencia ficción en el cine mexicano, aderezado con elementos de horror y drama social, que desembocan en una analogía sobre las adicciones y las relaciones tóxicas de la sociedad actual. Los protagonistas regresan al placer aunque saben que al final, serán lastimados; no solamente en su conexión con la criatura, sino también en el insólito pentágono sexual que nace entre ellos: Ángel lastima a su esposa al igual que a Fabián; Verónica se lacera a sí misma y es la carnada del monstruo, que en algún momento, se relaciona sexualmente con cada uno de esos cuatro personajes.
Para Amat Escalante, del terror y las metáforas se puede llegar a una verdad más tangible y emocional que con la simple filmación de la realidad. La condición humana es violenta y debe mostrarse, ayudándose de los recursos que permite el arte cinematográfico. Y aquí, el discurso sobre la violencia se divide: por un lado, la sociedad está presa en una ferocidad invisible, la misma que se hace presente con los planos que flotan por las calles y el bosque, atosigando a los sujetos. Es también la hipocresía de las buenas conciencias, provocadoras del machismo y la homofobia, que crea seres violentos, los que toman revancha en sus relaciones sentimentales, que ven como una prisión.
Por otro lado, hay un regreso a lo básico, a lo primitivo, a la conexión con el instinto y los temores más profundos, materializados en la criatura con forma de pulpo. La violencia no solo viene de lo cercano, puede venir desde el espacio exterior, en la forma de un ser cósmico que igual da placer que muerte. Los tentáculos de la criatura también funcionan como metáfora de un sistema insaciable del que no puede escaparse. Los mexicanos, rehenes de la corrupción y la injusticia desde hace décadas, son presa de esa vorágine en la que no hay salida, tristemente, porque en el fondo es una sociedad quebrada, merecedora del gobierno que lo rige.
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La región salvaje es la primera coproducción entre México y Dinamarca, con participación también de Alemania, Francia, IMCINE y FOPROCINE. La película fue seleccionada para competir por el León de Oro en el Festival Internacional de Cine de Venecia del año 2016, certamen en el que se llevó el León de Plata por mejor dirección. Con presencia en el Festival de cine de Morelia del mismo año, el filme recorrió el mundo, exhibiéndose en Suiza, Reino Unido, España, Japón y Estados Unidos, llegando a salas mexicanas hasta el 2 de febrero de 2018, con 100 copias y una disputa en la distribución de la película, que incluso llevó a Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón a respaldar el trabajo de Escalante.
En la edición 60 de los Premios Ariel del 2018, la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas nominó a La región salvaje a doce premios, de los cuales ganó mejor director; mejor actriz de cuadro para Bernarda Trueba; mejor edición para Fernanda de la Peza y Jacob Secher Schulsinger; mejor efectos visuales para Peter Hjorth (responsable de efectos en El Triángulo De La Tristeza (2022) de Ruben Östlund y la reciente La chica de la aguja (2024) de Magnus von Horn) y mejores efectos especiales para José Manuel Martínez. En el 38º Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana y los IV Premios Fénix de Cine Iberoamericano, el cuarto largometraje del cineasta igualmente recibió sendas nominaciones y reconocimientos.
Y es que otro factor relevante en La región salvaje es su elenco, compuesto de actrices y actores para los que este ejercicio significó su primera participación en una película, lo que añade una frescura inquietante en las acciones y reacciones de los personajes, hundidos en un contexto violento. Ruth Ramos y Simone Bucio se muestran intensas en papeles que les requieren ir de la aflicción al desconcierto; Jesús Meza y Edén Villavicencio, por su parte, son el reflejo de esa sociedad falsa que no da tregua, con interpretaciones que se acicalan de ira y ternura.
Influenciado por cintas como La naranja mecánica (1971), de Stanley Kubrick; Los olvidados (1950), de Luis Buñuel; y el cine de Michael Haneke y el de Robert Bresson (de quien afirma atesorar aquella idea de que el guion muere en la página, revive en el rodaje y muere grabado, para volver a revivir en la edición), Amat Escalante es constantemente recibido y aplaudido en los festivales internacionales de cine: con su turbadora ópera prima Sangre (2005), recibió el premio FIPRESCI de la sección Una cierta mirada del Festival de Cannes; con la angustiante Los bastardos (2008) también tuvo presencia en la Croisette, hasta llegar al palmarés con la ya mencionada Heli, que le permite competir por la Palma de Oro y recibir el premio como mejor director de las manos del presidente del jurado, Steven Spielberg.
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Es probable que La región salvaje sea el trabajo más depurado de Amat Escalante, el más certero, con su mezcla insólita de géneros y la carga social de un país que necesita ver sus contradicciones para entenderlas y con eso, buscar erradicarlas. Cine transgresor, la ciencia ficción erótica nunca había resultado tan precisa para describir las inquietudes de la naturaleza humana. La película está en el lugar 47 dentro de las 100 mejores películas del cine mexicano, según la opinión de diversos críticos y especialistas, publicada por el portal Sector Cine en junio de 2020.
Si el cine es el reflejo de la sociedad en que se hace, este arte tiene el poder, además, de dar testimonio del momento histórico que se vive. La región salvaje se estrenó en un momento arduo, con las llamas de una guerra contra el narcotráfico que el regreso del PRI no pudo apagar. Una violencia insospechada que escupía fosas clandestinas llenas de muerte, pozoleros que deshacían cuerpos en ácido, balaceras en lugares públicos y miles de desaparecidos por todo el país. Ante tal caos, la llegada de un extraterrestre deseoso de sexo podría parecer una nota más, perdida entre la surreal existencia que nos toca.
La región salvaje, con su perturbador discurso sobre la violencia y el sexo como catalizadores del deseo de la condición humana, rebotan en este cuento perverso que describe una sociedad atrapada en traumas y temores. La hipocresía de las buenas conciencias, la misma que hace que hombres y mujeres vivan a medias, atrapados en la falsedad, es uno de los detonantes de la crueldad que escupe feminicidios y crímenes de odio. La pesadilla vuelta realidad, en el México violento.
Texto publicado en el libro: “Disertaciones psicoanalíticas sobre cine controversial y transgresivo” – Alma Rosa Tapia (Compilador) – Universidad de Londres, Editorial Hayal gücü

