Categorías
Entrevistas

Maïna Chirokoff: «Se puede usar el arte como bastión»

Chirokoff, autora de Qué haría si no tuviera miedo, no se limita a escribir historias, sino que utiliza la creación como un puente hacia lo profundo de su propio ser.

A propósito de su libro Qué haría si no tuviera miedo, publicado bajo el sello de Editorial Gato Blanco, conversamos con la escritora Maïna Chirokoff sobre cómo el arte se puede convertir en una poderosa herramienta para emprender un viaje interior.

¿Qué es un miedo para ti?

Un compañero. Vaya, es uno de los sentimientos que me ha acompañado durante más tiempo. Aprendí a tomarle cariño, a entender que están ahí por algo, para cuidarnos, para enseñarnos o simplemente se quedan ahí pacientemente esperando a que nos demos cuenta de que somos capaces de vivir sin ellos (aunque hay otros que nunca se van). Así que, para mí, más que ser algo negativo que hay que eliminar, mis miedos se han vuelto amigos, molesto, claro que sí, pero he pasado tanto tiempo a solas con ellos que no sé muy bien qué seria de mí sin su compañía.

Los miedos humanos, en teoría, suponen un mecanismo de defensa para salvaguardar, de distintas maneras, nuestra integridad. ¿Los miedos que enfrenta Remedios (la protagonista de tu libro) en qué espectro pensarías que se encuentran?

Los miedos de Remedios son muy comunes y vienen en la forma de un maestro silencioso. No soy ninguna experta ni creo ser una buena guía, al final, es una historia de fantasía, pero creo que cada miedo deja una moraleja de regresar a lo humano y ver la otra cara de la moneda, de cierta manera ver que (como dice el hombre reloj) pueden ser, o tu mejor amigo o tu peor enemigo, según lo que hagas con ellos, por eso mismo elegí miedos más complejos que otros: como el miedo a la obscuridad, a las alturas o las arañas (que a pesar de ser muy válidos) no me dejaban mucho margen de enseñanza con el cual escribir. 

El arte contra los miedos. Utilizas la figura de Remedios Varo como una inspiración. ¿Consideras que las personas, cuando nos enfrentamos a nuestros miedos, podemos utilizar al arte como un bastión que nos encumbre a la conquista de los temores?

Sí, sin duda, se puede usar el arte como un bastón para guiarnos, no solo en enfrentar el miedo, sino para expresar los sentimientos, porque cuando la boca calla el corazón habla, y muchas veces lo hace a través del arte. Podemos verlo con toda clase de artistas, no solo como Remedios Varo, que influyo mucho en la estética de mi escrito, sino con artistas como Frida Kahlo, que usaba su arte para volver a sí misma (lo podemos ver en la obra de Las dos Fridas de 1939). Menciono a estas dos artistas porque han sido una inspiración a lo largo de mi vida, de los primeros ejemplos que se me viene a la mente cuando se trata de hablar de los sentimientos como fuente de inspiración para crear.  En mi caso la escritura ha sido la manera más pura de regresar a mí misma.

¿Cómo fue la sinergia entre el trabajo de escritura con el de ilustración realizado por Nicolas Chirokoff, quien ilustró el libro?

He trabajado colaborado (para ponerlo en palabras más formales) con mi papá, Nicolas Chirokoff, desde muy pequeña (a mis trece años), a ello le decía jugar a ser adulta; fingir saber que estoy haciendo. Al no ser algo nuevo, fue fácil hacerlo otra vez, hay un respeto mutuo por el arte del otro. Cada uno en su mundo, pero en sintonía y eso nace del cariño y admiración por lo que hacemos cada uno por su lado. Sin apagarnos ni exigirnos y creo que esa danza creativa, que existe en el libro es algo que se nota en nuestros proyectos. Siempre hay pequeños caprichos a los que Nicolas cede sin mucha dificultad, añade ideas (como el gatito caminante a un costado del folio), que también hace parte de la historia y cuenta un poco más sin decir ni una palabra. 

¿Qué reflejo te arrojó Remedios ahora que el libro puede ser encontrado por lectores? ¿es como la concebiste desde un inicio o mutó en algunas cuestiones?

Noto un claro cambio en Remedios y eso me encanta, claro, en un inicio no creía mucho en ella (que es el personaje principal del libro) pero al soltarme la mano ha adquirido vida propia y se ha vuelto parte del lector. Deja de ser mi historia y mis miedos y se convierte en un personaje separado de mí. He notado que ha llegado al corazón de ciertos lectores de maneras distintas, y esa es el concepto que tengo del arte, si siguiera aferrada a la idea inicial no la dejaría mutar como —creo—  lo ha hecho. Hablo de Remedios como si realmente existiera porque al escribirla, y más al ser leída, la concibo con un ente que tiene vida y esa vida es volátil. Cada persona va a interpretarlos de una manera distinta, algunos verán un reflejo, otros un amigo que les da consejos, otros, quizás, una simple historia de un laberinto medio extraño y peculiar.