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Teorías conspirativas: Levé como pretexto

El desfile, deliberadamente desmesurado, incluye de todo: lecturas sobre la maternidad, críticas al régimen norcoreano, ansiedades lectoras, voces que viajan en el tiempo, tratados sobre la ecología y geometría del deporte. 

Bajo la premisa de apostar todo por un argumento, una metáfora o una obsesión, la editorial independiente Gris Tormenta presenta su nueva entrega de su colección de voces Disertaciones: Mis teorías conspirativas. Obsesiones literarias e interpretaciones paranoicas a partir de una idea de Édouard Levé.

Inspirados en un hallazgo derivado de una febril inmersión al célebre Autorretrato del artista y escritor francés Édouard Levé —aquel en el que se reconocía “irregularmente inteligente” y confesaba que haberse intentado suicidar en una ocasión y haberse intentado intentar suicidarse en más de cuatro —, los editores concibieron un libro en forma de homenaje a la libertad creativa, desde la palabra y desde la forma. 

La coartada a la que recurrieron resultó perfecta, puesto que permitió encadenar armónicamente ideas aparentemente inconexas, abanderadas por personajes absolutamente geniales, conscientemente inestables y particularmente heterodoxos, bajo un mismo lema: abrazar la singularidad.

El libro funciona como un collage legendario por el simple hecho de amalgamar a primeras guitarras como Rachel Cusk, Amélie Nothomb, Ricardo Piglia, Juan Ramón Ribeyro, Michel Houellebecq, Horacio Castellanos Moya y David Foster Wallace. Pero esencialmente como testimonio de la agudeza mordaz e intransferible de todas esas voces. 

Con la previsibilidad que me caracteriza como lector, absolutamente condicionado por la conmoción juvenil que me provocaron Los diarios de Emilio Renzi, el alter ego de Piglia, encontré especialmente seductor “Un pez en el hielo”, un relato publicado originalmente en La invasión. En él, Renzi, luego de una ruptura amorosa, viaja hasta Italia para escribir sobre Cesare Pavese, el solitario de las colinas que se suicidó en una habitación del Hotel Roma de Turín, mediante una sobredosis de barbitúricos. 

Desde luego que el texto de Juan Ramón Ribeyro, un fragmento del relato “Solo para fumadores”, también resulta entrañable a partir de ese ingenio vital y poético al que solo un cuentista como el peruano podía aspirar: “Los vaivenes de la vida continuaron llevándome de un país a otro, pero sobre todo de una marca a otra de cigarrillos”. 

Ni qué decir del enorme ajuste de cuentas y tributo estilístico que le rinde Horacio Castellanos Moya a Thomas Bernard, desentrañando, con la infalible arma de la repulsión travestida de ironía, las expresiones cultas y populares en torno a El Salvador de la posguerra, como Bernard lo hizo en su día con Salzburgo, a la que no tuvo empacho en reconocer como una “enfermedad mortal” y un “lodazal moral”.

El desfile, deliberadamente desmesurado, incluye de todo: lecturas sobre la maternidad, críticas al régimen norcoreano, ansiedades lectoras, voces que viajan en el tiempo, tratados sobre la ecología y geometría del deporte. 

Gris Tormenta, con ese olfato que los ha posicionado como una referencia de los márgenes, sigue acumulando proezas contraviniendo todos los dogmas de la industria editorial. 

Por Ricardo López Si

Periodista, viajero y escritor.