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El hijo: cuando el amor no es suficiente

Todos hemos escuchado la frase “nadie te enseña a ser padre”, la cual probablemente hemos replicado para justificar posibles falencias que se pueden tener al momento de ejercer la paternidad. Y es que hay algo de verdad en esta frase pues, finalmente, lo único que podemos saber de la paternidad es aquella que vivimos, ya sea consciente o inconscientemente.

Partiendo de esto, la película El hijo (The son), de Florian Zeller, nos lleva a ver la intimidad de un padre, los retos que tiene que llevar para poder sacar a un hijo adelante y, sobre todo, las difíciles decisiones que se deben tomar en el momento oportuno. Y es que esta cinta puede abrirnos cuestionamientos tales como: ¿es posible seguir teniendo una vida más allá de la paternidad?, ¿qué tanto puede afectar las decisiones personales a la salud mental de un hijo?

En esta película podemos ver a Nicholas, interpretado por Zen McGrath, un hijo afectado por el reciente divorcio de sus padres y por el abandono de su padre Peter (Hugh Jackman), el cual ahora vive con una joven mujer cuidando a su pequeño nuevo hijo. El dolor de Nicholas se vuelve rencor y una pérdida del sentido de las cosas, mismas que lo llevan a una terrible depresión, la cual Peter intenta enfrentar con métodos poco eficaces, pero que son los recursos que conoce.

Cuando todo toca fondo, ambos padres tienen que tomar una difícil decisión. En este momento hay un diálogo que resume perfectamente toda la película: “El amor no es suficiente”, dicho por un médico al hablar sobre lo importante que es mantener a su hijo dentro de un hospital psiquiátrico. Y es que en esta frase se encapsula perfectamente el actuar de Peter, quien movido por el amor que le tiene a su hijo, busca hacer lo mejor por él; pero este mismo amor se vuelve una falencia al momento de afrontar la dura realidad y poder tomar las medidas drásticas y, al mismo tiempo, necesarias.

El hijo nos muestra que los padres también fueron hijos alguna vez y que las heridas no sanadas pueden perjudicar y herir a nuestros hijos, creando una bola de nieve cada vez más grande.

El hijo también dialoga con una de las películas con más nominaciones al premio Oscar de este año: la aclamada Everything Everywhere All At Once (Todo En Todas Partes Al Mismo Tiempo), la cual -de manera más metafórica -aborda el mismo tema, desde el punto de vista madre-hija; y si bien todo el desborde estético puede distraer del punto central, la película esencialmente habla sobre una madre que pone mucha presión hacia su hija y ésta termina perdiendo el significado de la vida, llevándola a una profunda depresión. Y es que al igual que en El hijo, Peter deposita todas sus expectativas de éxito hacia su hijo Nicholas, y esto más allá de alentarlo, termina por abrumarlo al sentir dicha presión sobre sus hombros.

Sin embargo, la gran diferencia entre ambas cintas es su resolución. Mientras la multinominada termina tomando el camino ‘cursi’ de poner el amor como solución a todos los problemas; El hijo no busca ser esperanzadora ni cómoda para el espectador, pues nos enseña que el amor por sí solo no es suficiente; que el amor no sólo es lo lindo, lo bello y la calma, sino que tomar las decisiones duras y afrontar los problemas con firmeza también es una forma de amar.

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