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Lugares donde reencontrarse – La Cineteca de Bolonia

En Bolonia, la capital de una región del centro norte de Italia denominada Emilia Romagna, existe un lugar donde esa protección forma parte de la idiosincrasia de la propia ciudad: su Cineteca, que fundada el 18 de mayo de 1962, es considerada en la actualidad como una de las más importantes de Europa.

Nuestra mirada recorre imágenes a diario. Con ellas constituimos la memoria, que como una especie de calidoscopio, dibuja formas, remite a sonidos y recuerda experiencias. El cine forma parte de esos procesos sociales, proporcionándonos la fabulosa posibilidad de unir múltiples realidades a nuestras experiencias subjetivas. Permite ir más allá, inyectándonos interrogantes con los que intentamos reencontrar – si es posible – el tiempo. Pasado o futuro. Sin embargo, en una sociedad cada vez más distópica, alejada de su propia facultad humana y con el sector cultural en permanente crisis, parece necesario recordar su importancia, como un pilar fundamental de la cultura contemporánea.

En Bolonia, la capital de una región del centro norte de Italia denominada Emilia Romagna, existe un lugar donde esa protección forma parte de la idiosincrasia de la propia ciudad: su Cineteca, que fundada el 18 de mayo de 1962, es considerada en la actualidad como una de las más importantes de Europa.

Paraíso para los cinéfilos

En Via Riva di Reno, concretamente en la Piazzetta Pier Paolo Pasolini, se reúnen apasionados, estudiosos y curiosos que acuden con entusiasmo para dar rienda suelta a su imaginación en el que es considerado para los locales como un lugar sagrado, una especie de ciudad donde se reviven – en el Cinema Lumière con sus salas Mastroianni y Scorsese – los grandes clásicos, se crean diferentes ciclos y se visualizan películas independientes y reposiciones. Dirigida en la actualidad por el productor cinematográfico Gian Luca Farinelli, su importancia emotiva y documental no es casualidad; conserva 80.000 películas cinematográficas, principalmente en 35 y 16 mm, y su biblioteca alberga 40.000 volúmenes, 1.100 revistas desde la época muda hasta nuestros días, 200.000 manifiestos y 1.500.000 fotografías. Un reino de imágenes en movimiento que pretende “conservar, compartir y transmitir un patrimonio de cultura y belleza”.

Entrada al cine Lumière y la Biblioteca Renzo Renzi (Elena Hita)

Una biblioteca llena de tesoros

En la biblioteca Renzo Renzi todo sigue hablando de cine. Debe su nombre a este crítico cinematográfico italiano, fundador de la comisión del cine del ayuntamiento de Bolonia, quien entabló una fuerte amistad con Federico Fellini y cuyas cartas pueden verse aquí expuestas. Nacida con el objetivo de documentar la historia del cine, pretende “favorecer su conocimiento como fenómeno artístico cultural”. Entre sus numerosos tesoros, se pueden encontrar diseños datados de 1940 de El gran dictador de Charles Chaplin, algunos cuadros hechos por Michelangelo Antonioni o audios de Pier Paolo Pasolini en el set de Mamma Roma (1962). 

Davide Badini, bibliotecario y responsable del patrimonio de libros desde 2011, pone sobre la mesa cuál es el rol de estos espacios en tiempos de restricciones: “Desgraciadamente, la pandemia ha cambiado por completo nuestro trabajo. Hasta el año pasado, la sala de lectura estaba ocupada por 80 personas, mientras que hoy solo nos permiten  albergar a 8. En los cuatro meses de clausura, sentimos más que nunca la necesidad de ayudar a nuestro público a través de la cultura”. En Italia, estos sectores han sido uno de los más castigados por la crisis sanitaria, encontrándose prácticamente en “estado de coma”. Las bibliotecas, caracterizadas por su visión amplia, planificaciones a largo plazo e investigaciones que tienen positivos efectos tanto en la economía y en la educación como en el bienestar general de sociedad, se han convertido en espacios fantasmas y desiertos, a la espera de un poco de atención. Por el momento, la biblioteca Renzo Renzi ayuda a estudiantes e investigadores vía online, hasta que puedan volver a la ansiada normalidad.

Muestra de la edición Book Fair en la Biblioteca Renzo Renzi / https://festival.ilcinemaritrovato.it 
Boceto de Federico Fellini por Renzo Renzi, 1968 / Boceto de Candilejas de Charles Chaplin, 1952

Trabajo de restauración y conservación

Uno de los pilares fundamentales de esta institución, que desde 1989 es miembro de la Féderation Internationale des archives du film (FIAF) y de la Association des cinemathèques européennes (ACE) es su trabajo de restauración y conservación, llevado a cabo desde el laboratorio Immagine Ritrovata, creado en 1992. Su labor le ha valido el reconocimiento internacional con numerosos premios, entre ellos el Focal Award 2020 por su versión restaurada de La roue (Abel Gance, 1923) o el Premio Venezia Classici por Salò e le 120 giornate di Sodoma (Pier Paolo Pasolini, 1975) en 2015. Actualmente posee dos sedes en Hong Kong y en París.

Como señala la autora Marie Frappat en su libro, Cinémathèques à l’italienne: conservation et diffusion du patrimoine cinématographique en Italie (2006),en Bolonia se fue elaborando una teoría y una metodología propia de restauración de películas, caracterizada por “la teoría de la restauración de obras de arte – la película como objeto y el cine como arte visual- y la de la filología – el cine como arte del tiempo y la problemática de las variantes y las versiones. Asimismo, cabe destacar que se trata de un punto de encuentro de archivistas y especialistas de cine mudo, donde los descubrimientos son continuos a pesar de la fragilidad de las películas producidas.

La magia que hace soñar, reflexionar y emocionar tiene lugar en la antigua fábrica de tabacos, (Manifattura tabachi) donde hace 28 años realizaron su primera restauración: Maciste en el infierno (1925), de Guido Brignone. Ahora, cuenta con un equipo formado por alrededor de 70 personas que han tenido entre sus manos un negativo datado de 1900 perteneciente a August y Louis Lumière y que han trabajado con películas como La dolce vita (1960), Amarcord (1973), El gabinete del Doctor Caligari (1920) o Hiroshima mon amour ( 1959).

La restauración de cada película es un proceso que varía de un proyecto a otro, aunque la primera fase de todos estos recorridos es común: un estudio detallado de todos los materiales existentes y una investigación sobre la historia de la película, su producción, distribución y recepción. Aquí, cada rollo es examinado fotograma a fotograma para verificar sus condiciones y pasar a la posterior restauración digital. La corrección del color, el tratamiento del audio y de la banda sonora son también fundamentales, porque el principal objetivo es borrar las huellas del paso del tiempo, sin modificar nunca los defectos propios de la técnica de la época, siendo fieles a lo que amaba, pensaba o querría haber hecho el director.

Davide Pozzi, director del laboratorio, recuerda con entusiasmo el encargo de Martin Scorsese y de su fundación (Film Foundation Scorsese) para restaurar Érase una vez en América (1984) de Sergio Leone, después de que encontraran en el garaje de una de las villas romanas del director 120 rollos de película: “El gran reto de nuestros días, donde más del 90% de la restauración se efectúa de manera digital, es hacerla de manera respetuosa. Por ello también seguimos trabajando con los procesos fotoquímicos para la conservación. Pensar en la preservación como un elemento clave del patrimonio cultural es muy importante”.

Sala de visualización para el proceso de restauración digital en el laboratorio de Immagine Ritrovata en Hong Kong /www.immagineritrovata.it 

Estudiando a Pier Paolo Pasolini

Otro de los objetivos de esta institución es la recuperación de la memoria a través del estudio de autores destacados, como es el caso del director de cine y poeta Pier Paolo Pasolini (1922-1975), quien sigue muy presente en el imaginario colectivo de la ciudad que le vio nacer en Via Borgonuovo 4. Aquí, desarrolló su formación cultural en la universidad y fundó la revista  Officina (1955), junto al poeta italiano Roberto Roversi, una ciudad con la que mantuvo una compleja relación. En la Biblioteca Renzo Renzi  se encuentra el Centro Studi Archivio Pier Paolo Pasolini (Centro de estudios y archivo) donde se conservan más de 1.500 volúmenes de crítica sobre la vida, obra y figura del poeta, artículos de periódicos desde 1943, miles de fotografías, vídeos, audios y todas sus películas en diferentes formatos y ediciones. Este vasto archivo nació gracias a la actriz italiana Laura Betti (1927-2004), quien tras la muerte de Pasolini, decidió fundar en Roma un fondo en su honor, que en el año 2003 transferiría a Bolonia, su ciudad natal.

Roberto Chiesi, crítico cinematográfico, componente del comité científico de Studi pasoliniani y colaborador en obras como Pasolini: il cinema in forma di poesia (Torino, Museo del cinema di Torino, 2007) es, desde 2004, responsable de este centro, alguien que reconoce estar inmerso en el complejo mundo “pasoliniano” desde la infancia: “Tenía menos de 12 años cuando vi por primera vez Uccellaci e ucellini (1966) (Pajaritos y pajarracos) y me quedé atónito”. Posteriormente, durante su adolescencia, iría empapándose de toda su filmografía y de sus obras poéticas y literarias: “Pasolini me ha acompañado toda la vida, como una de las experiencias culturales formativas fundamentales, en cierto sentido, contrapuestas a la educación escolástica que he recibido”.

Amigo íntimo de Laura Betti, trabaja en la actualidad en solitario en el fondo, con el soporte técnico y organizativo del personal encargado del archivo de la Cineteca. Aquí, sigue estudiando y analizando, gracias a las peticiones de estudiosos, teóricos y curiosos, textos y documentos relacionados con el director. Chiesi, no duda en seguir subrayando la importancia del intelectual, cuyas obras se han convertido en paradigmáticas de la cultura italiana del 1900, tanto en su país como en el extranjero: “En otros países, las culturas más diversas se aproximan a la obra pasoliniana por una comparación imprescindible y necesaria, gracias a la gran riqueza de temas, formas artísticas experimentadas y a su dimensión renacentista. Pasolini es, sin duda, el protagonista de un imaginario que podría ser considerado como una especie de mito aparte”.

Sobre esa complicada relación con Bolonia, a la que poco antes de su fallecimiento acabó describiendo como “comunista y consumista”, este crítico cinematográfico explica cómo Pasolini pudo vivir, gracias a la universidad, experiencias culturales alternativas, en vez de las mediocres y provinciales que el régimen fascista imponía a los de su generación: “Aunque amaba la belleza de la ciudad, su estética y su ideología – por estar administrada por el Partido Comunista Italiano de un modo “iluminado” – hay que destacar que nunca le inspiró en el ámbito poético, como por ejemplo sí lo hiciera Casarsa en Friuli. Probablemente porque la viera como una ciudad burguesa, como era y, de hecho, sigue siendo. Ajena a su mundo”.

Exteriores de la Cineteca de Bolonia con una foto de Pasolini (Elena Hita)

La magia en la plaza

Gracias al trabajo de restauración, la Cineteca organiza desde 1986 un festival de cine denominado Il Cinema Ritrovato, una ventana al pasado y un paraíso sin fecha de caducidad, en el que se muestran estos trabajos. Cada verano, miles de personas se reúnen en el punto neurálgico de la ciudad, Piazza Maggiore, para formar parte del que está considerado como uno de los cines al aire libre más grandes del mundo.

En estos últimos años, han pasado personalidades como Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Dario Argento,  Isabelle Huppert o Nicolas Winding Refn entre otros muchos. Cada año, la programación se divide en una decena de pantallas: también se proyecta en las dos salas de cine Lumière y en los cines Arlecchino y Joly y todas las proyecciones son presentadas en versión original con subtítulos en inglés e italiano. Forma parte del circuito de festivales que indagan en la historia del cine como Cannes Classics, Venezia Classics o Toute la mémoire du monde de París entre otros y se ha convertido en un punto de encuentro esencial para todos aquellos que se ocupan de preservar y promover el patrimonio cinematográfico, desde restauradores, historiadores, académicos o artistas hasta los propios espectadores que aman la sensación de reencontrarse a sí mismos en la gran pantalla. Solo en la edición de 2019 se acreditaron a 4.537 personas de 70 países y hubo un público de 130.000 espectadores.

Para Guy Borlee, coordinador de programación del festival, es importante destacar su apuesta por la diversidad: le gusta considerarlo como “una máquina espacial con la que realizar múltiples viajes por el cine europeo, estadounidense, africano, asiático y latinoamericano”. A pesar del arduo trabajo de selección y organización, no duda en describir cada edición como una experiencia única e irrepetible: “La excitante certeza de encontrar lo que se busca, la inesperada maravilla de encontrar aquello que, por el contrario, no se buscaba. Trabajar con una selección riquísima de películas, junto a estudiosos, invitados y testimonios de gran valor, con el fantástico equipo de músicos y compositores que acompañan los visionados de cine mudo y, sobre todo, con un público apasionado, hace que Bolonia se haya convertido en un referente en el mundo”. Según Guy, otro de los aspectos más importantes es “la posibilidad de mostrar obras italianas y extranjeras que no veían la luz del proyector del cinematógrafo desde hace tiempo o que no la han visto nunca en suelo italiano”.

Como no podía ser de otra manera, la edición de 2020 fue excepcional. A pesar de contar con aforos reducidos y la programación ampliada a más localizaciones debido a las restricciones derivadas por la emergencia sanitaria, el programa pudo presentar en una semana 450 películas provenientes de un centenar de archivos cinematográficos, contar con 2.100 acreditaciones y acoger a 30.000 espectadores provenientes de toda Europa. Algunos de los trabajos que se pudieron ver fueron Last Words (2020) de Jonathan Nossiter, el documental Fellini degli spiriti (2020) de Anselma Dell’Olio y películas perdidas como Fra Diavolo (1925) de Roberto Roberti, padre de Sergio Leone. Por primera vez, se propuso una versión en streaming a través de la plataforma Mymovies , que con 60 películas, registró 5.000 espectadores y 299 acreditados. Este festival también cuenta con la selección estiva de la programación de la Cineteca (Sotto le stelle del cinema)  con proyecciones gratuitas en la plaza durante todo un mes. 

Como sostuvo el director del Festival de Cannes Thierry Frémaux: “Siempre nos quedará el cine”.

Martin Scorsese en la edición de 2018 
Proyección de la película Drive (2011) en la edición de 2019.
The misfits (1961) en la edición de 2020 / https://festival.ilcinemaritrovato.it/immagini-dal-festival-2020/ 

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