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Editorial

Recorrido efímero

No olvidar que nuestra estancia es fugaz y, por lo tanto, debería ser sublime. Disfrutar tanto los días que tengamos para que, cuando tengamos que partir, seamos recordados como esa persona que dejará una admiración eterna.

Tengo muchas quejas sobre haber tenido el absurdo deseo de ser una mujer adulta. Detesto la grasa acumulada en zonas incómodas, la incertidumbre de saber si formaré o no una familia y mi constante ansiedad acerca de la estabilidad económica y laboral en este año tan caótico.

Pero el verdadero acongojamiento que siento, no son los años pasando por mi casi treintañero cuerpo, sino el envejecimiento de mis padres, tíos, abuelos y aquellos adultos vigorosos que ahora son mayores; que constantemente padecen los estragos de una cantidad de días, meses y horas abonadas a su vida.

Antes de la pandemia detestaba los velorios. Alguna vez dije que si me llegaba a morir, no quería eso. Para mí significaba prolongar un dolor y sufrimiento con rezos que casi nadie realiza durante no sé cuántos días.

Pero desafortunadamente, en estos últimos tres meses he tenido dos muertes cercanas, una directa y la otra no. Ambas heridas están a flor de piel porque fueron repentinas, inesperadas, muy dolorosas, pero sobre todo… perdimos la oportunidad de ofrecerles la despedida digna que merecían. 

Ahí entendí que un velorio no tenía esa connotación religiosa que tanto detesto, sino representa un simbolismo de reunir, abrazar y llorar con las personas cercanas a nuestro ser querido… este maldito virus me hizo entenderlo.

Me parte el corazón saber que en un mes tendré que agregar fotografías a mi altar de Día de Muertos. Porque esta vez, nos robaron la oportunidad de poder despedirnos como solíamos hacerlo, como nos hubiera gustado hacerlo.

Mi acercamiento a los treinta llegó de golpe con una serie de instrucciones en el manual de la adultez. Usa protector solar para prevenir arrugas, evita tomar cervezas con tantas calorías, no te excedas en carbohidratos, prepara tu cuerpo por si deseas ser madre, no te desveles mucho o tardarás al menos tres días en reponerte…

Pero a veces olvidamos que lo más importante es vivir todos los días con una gran sonrisa en el rostro, perdí a dos personas que se caracterizaban por ello. Nunca los vi enojados, siempre riéndose de la vida, disfrutándola, gozando a su familia, sus parejas y con una enorme pasión por sus profesiones.

Tengo la teoría que ambos nunca perdieron a su niño interior, ninguno de nosotros debería hacerlo. Las verdaderas premisas que deberíamos considerar al convertirnos en adultos, son las siguientes: 

  • Diviértete como cuando eras niño y te llevaban al parque
  • Perdona, así como lo hacías cuando se comían tus dulces
  • Abraza y besa a la persona que tú quieras sólo porque tienes ganas
  • Di ‘te amo’ y ‘te quiero’ a cualquier hora 
  • Brinca y baila de emoción cuando algo te haga feliz
  • Haz las cosas sin miedo, pero con mucha curiosidad

Pero sobre todo, no olvidar que nuestra estancia es fugaz y, por lo tanto, debería ser sublime. Disfrutar tanto los días que tengamos para que, cuando tengamos que partir, seamos recordados como esa persona que dejará una admiración eterna.

2 respuestas en “Recorrido efímero”

Está hermoso y me hizo llorar. Porque como dices esa despedida que se le hacia a la persona que se habia ido no era para prolongar un dolor, porque ese persiste y aumenta con el paso de los dias y meses, eera la oportunidad que teníamos de estar con la familia y amigos para recordar a la persona que queremos aunque ya no esté presente. Desgraciadamente esta maldita enfermedad también nos quitó eso. Gracias por seguirlo recordando. Te quiero ♥️.

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