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Yo defiendo al CIDE: la educación pública, la ciencia libre y la sociedad unida

Desde hace dos semanas, el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) volvió estar en el centro de las discusiones mediáticas. La experiencia, para alumnos, egresados y docentes, nos recordó mucho a lo que vivimos hace un año cuando la institución sufrió una reducción del presupuesto para su operación y la desaparición de sus fideicomisos. La batalla comenzó mucho antes, específicamente en noviembre de 2018, cuando fue promulgada la Ley de Remuneraciones de Servidores Públicos. Tres años después la comunidad cideíta sigue al pie del cañón lista para enfrentar una batalla que mucha gente considera merecida. Sin embargo, ¿qué he aprendido y por qué creo que esta lucha es importante?

A título personal, considero que tengo una deuda como estudiante, reconozco que, ante muchos embates a las instituciones educativas, privadas y públicas, me he mantenido al margen y estuve desinformada cuando no debí hacerlo. Mantenernos al margen a las luchas ajenas no ayuda al cambio, no mejora al país: no estamos aislados. Es fácil y cómodo sólo movilizarnos cuando las cosas nos afectan directamente, lo he hecho y lo hemos hecho. Pero no nos ha llevado a nada. Pienso que hay un lugar común que no deja de ser relevante: la unión hace la fuerza. Lo que está pasando debería ser una llamada de atención para la comunidad universitaria y un momento de reflexión para todos los movimientos sociales. Reconozcamos nuestras diferencias, abracémoslas, y desde ahí podremos encontrar los puntos de encuentro que nos fortalezcan como sociedad y empezar a ganar batallas en una lucha que es asimétrica. Las luchas por los derechos y las injusticias son de todos y para todos: no estamos en el mismo barco, pero estamos en el mismo mar.

La sociedad es plural y cambiante. Desde que empezó la organización estudiantil en el CIDE se hizo evidente que, aunque es una comunidad relativamente pequeña, no siempre estamos de acuerdo y eso se replica en el país. Es fácil generalizar y caer en la falacia que dice que cada institución o grupo población es homogéneo, es claro que no es así. El primer paso para cambiar esto es aceptar que la sociedad es plural, a nivel macro y micro. Como consecuencia lógica, va a existir el disentimiento y debemos aceptarlo como lo que es: una oportunidad de aprender en conjunto y construir acuerdos. Sólo desde las diferencias y los matices podemos construir soluciones complejas para problemas complejos.

Es necesario reconocer los errores para mejorar. He leído en redes sociales que el problema es que muchas veces no reconocemos nuestros errores. En mi opinión, hablar es gratis y aceptar los errores e incluso pedir perdón no sirve de nada sino se toman acciones para reparar el daño. Nos hemos equivocado como estudiantes, ciudadanos y en nuestra vida personal; todos estamos aprendiendo sobre la marcha. Buscar culpables no sirve de nada sino viene acompañado de soluciones. Hoy la comunidad del CIDE está luchando y extendiendo la mano para quien quiera tomarla, no es para salvar a alguien que, créanme, si alguien necesita ser salvado es el CIDE, esto es para estrechar lazos. Tal vez tardamos en movilizarnos y nos hemos equivocado, pero la causa es más grande que nosotros y por eso vale la pena luchar juntos, que el pasado sea un lugar de referencia para no olvidar y aprender; que el presente sea un punto de encuentro para construir juntos.

Falta mucho por aprender, pero hoy la coyuntura política nos pide que seamos críticos y no seamos víctimas de la polarización. La realidad mexicana está mucho más allá del negro y el blanco como para caer en análisis simplistas que consideran que ciertas instituciones merecen lo que está sucediendo. Exijamos que haya más y mejores instituciones, pero que esto no nos permita justificar designaciones, destituciones arbitrarias, recortes presupuestales que atacan directamente la educación y la investigación científica. Hay que garantizar que las instituciones educativas tengan los recursos y la autonomía para que estén al servicio de la sociedad y nunca del gobierno en turno.

Hoy toca defender al CIDE. Sin olvidar a la Universidad de las Américas de Puebla (UDLAP), la Universidad de Guadalajara (UDG), el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). También toca retomar otras luchas: la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), los Centros Públicos de Investigación (CPI), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Mora, la Universidad Autónoma de México (UAM), la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) y de todas las instituciones educativas. Yo creo que esta lucha empieza con la educación, pero hay muchos otros frentes que tampoco podemos dejar de lado como los organismos autónomos, las ONGs, la sociedad civil, los periodistas y todo lo que garantice el pleno disfrute de los derechos. Desde mi trinchera, creo que, si no luchamos hoy, no sabemos qué excusas serán usadas en el futuro para desaparecer cualquier tipo de contrapeso u oposición. La ciencia debería ser crítica y nunca complaciente; la educación pública y de calidad; los órganos autónomos neutrales y ajenos a los cambios políticos; la prensa libre y protegida.

Como mexicana me duele ver lo fácil que nos dividimos y lo poco que aporta seguir peleando. Soy estudiante universitaria y no quiero que amedrenten a ningún estudiante en el país. Sé que las luchas suelen estar centralizadas y, como foránea, me preocupa que ignoremos lo que sucede fuera de la Ciudad de México, pero también me preocupa la falta de puentes entre las diferentes universidades y centros de investigación. Como estudiante del CIDE no niego la posibilidad de que no esté siendo completamente objetiva. No sé cómo podría serlo frente a los hechos actuales. Estoy preocupada por el futuro de mi casa de estudios y las acciones que podría tomar el Dr. Romero Tellaeche. Me duele la incertidumbre de mis compañeros y el miedo que tienen frente a posibles repercusiones por defender lo que les pertenece y tener la fuerza para alzar la voz. Me indigna la falta de pagos al cuerpo docente del CIDE y que se justifiquen destituciones con argumentos vacíos. Sin embargo, creo que la lucha es de todos y me pregunto: ¿qué futuro nos espera como sociedad si hoy no decidimos alzar la voz y nos unimos? No lo sé, pero no estoy dispuesta a averiguarlo.

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