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Editorial

Nada que no merezca

Creen que el lujo está en el licor caro y no en el teatro. Ignoran que algunas mujeres no salen simplemente a beber, sino a sostener una escena.

Anoche pedí un vodka martini en un bar que prefiero olvidar y me lo trajeron en una copita tímida, vulgar, completamente doméstica. Un recipiente sin carácter. Una copa diseñada para no ser tenida en cuenta. Y entonces el martini dejó de ser martini y se convirtió simplemente en vodka sirviéndose disculpas a sí mismo.

La tragedia de ciertos lugares no es la mala coctelería, sino la falta de imaginación. Creen que el lujo está en el licor caro y no en el teatro. Ignoran que algunas mujeres no salen simplemente a beber, sino a sostener una escena.

Mi acompañante tomaba su bebida y yo observaba aquella miniatura ridícula sobre la barra, como quien contempla un crimen menor pero imperdonable. El mesero, con la suficiencia de quien jamás ha amado verdaderamente nada, explicó que “un martini se toma en tres tragos”.

Como si el problema fuera la cantidad.

Dejé la copa intacta. Hay errores que no pueden beberse y hay lugares que invitan a pedir la cuenta y salir a buscar un bar con un infierno a la altura de las expectativas.