Resplandece como una bengala
a través de la noche púrpura,
allí donde los ejércitos del mañana
sueñan con campos desolados
y pueblos en ruinas.
Flores sintéticas que se derriten
ante la nueva ola de calor.
Es la primavera nuclear
de nuestra desolación.
Es nuestro amor que
se incendia en el amanecer
del mundo.
Caminamos entre muchedumbres
hambrientas que buscan nuevos mitos,
nuevos dioses para adorar.
Pero no hay nada, solamente un dolor
casi existencial.
Quizá por eso,
como heraldos negros
bajamos a la ciudad.
Buscando un recuerdo,
un momento que nos permita
regresar, a esa selva de la inocencia
repleta de colores y presencias.

