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Minotauro

A diferencia de Teseo, yo no llevaba un hilo que me permitiera recorrer el camino a la inversa para poder salir de ahí.

El Minotauro está sentado en la sillita, de espaldas al público. No impresiona porque parezca una bestia, sino porque en cierta manera es humano. Es su humanidad lo que te deja helado.

Física de la tristeza; Gueorgui Gospodínov

Tengo la sospecha de que la entereza no depende tanto de una actitud de valor y pasa un poco por hacerte “el pendejo” en situaciones de peligro. O al menos –yo– tomo ese cariz en este tipo de circunstancias. 

El martes apagué la lámpara que pernocta junto a mi cama. Era una hora que solo los infantes – y yo últimamente – se citan en una junta virtual con Morfeo. Es posible que haya desarrollado cierto resquemor hacia la hora de dormir. Y con justa razón. Llevo meses (sos)teniendo sueños que me generan algún tipo de ansiedad: exámenes para los cuales no he estudiado, trámites en los que no llevo los papeles adecuados, partidos de futbol en los que olvido mi indumentaria. Y no descanso.

El caso es que esa noche –la del martes– había releído unas pocas páginas de Poeta chileno, un libro de Alejandro Zambra. Lo cerré y pensé que de alguna forma ayudaría a evadir los sueños que probablemente tendría que enfrentar esa noche. Lo que vino a continuación, después de decidir mirar hacia adentro, se ha convertido –para mí– en una serie de misterios que de momento no he podido resolver. Vamos, si soy sincero con ustedes, les diría que francamente no entiendo qué carajos me sucede.

El subconsciente posee un portal mal iluminado. Existe un anuncio de neón con la leyenda “entrada” que hace años dejó de funcionar. Hoy día, solo un foco triste de luz cálida parpadea sobre él. Es posible que, a pesar de las “red flags” tan evidentes para acceder al lugar, yo haya sido un tanto naif al calibrarlas y tomé –con firmeza– la decisión de seguir adelante.

Los laberintos están diseñados de forma similar a la disposición de las circunvoluciones del cerebro. Y no es casualidad. Además de encontrar el sitio con evidentes signos de dejadez – con deficiente mantenimiento y un mal gusto en la decoración – pude reconocer con nombre y apellido a los habitantes del lugar. The Usual Suspects o mis ya muy arrastradas obsesiones y problemas, ocupando cada uno algún rincón de este sitio inspirado en el de Dédalo. O viceversa. 

El sendero por el que me adentraba tenía esa complejidad y al parecer el GPS con el que navego en la vida se encuentra de modo avión. Al avanzar a través del lugar empecé a reconocer algunas referencias dentro de él. Y como referencias nombro a esos personajes que suelen aparecer dentro del casting de mis sueños. El guionista de ellos debe estar corto de ideas ya que sus argumentos son siempre los mismos. 

Desde mi perspectiva, los habitantes se veían cómodos. Quizá sean ciudadanos. Quizá algunos están solo de paso. Al parecer, todos ellos colaboran en mantener este sitio –de alguna forma– en pie. No les molestaba lo que la neurociencia llama “plasticidad cerebral” o que en términos arquitectónicos nombrarían “obras de remodelación”. Es posible que sólo sean descargas de las actualizaciones en sus roles.

Ignoraba las horas que llevaba ahí. Parece ser que en el lugar no existía unidad con la que se mida el transcurso del tiempo. A pesar de saberme rodeado por situaciones ya vividas, todo a mi alrededor era un sinsentido. La sensación de inmovilidad, impotencia y ansiedad empezaron a rodearme. Me sentí perdido.

A diferencia de Teseo, yo no llevaba un hilo que me permitiera recorrer el camino a la inversa para poder salir de ahí. Encontrar la salida o encontrar al minotauro. O a ninguno y permanecer en ese sitio, para siempre. 

Y es ahí –justo ahí– donde me encontraba y a donde llego cada noche. Donde presiono el botón para detener el embate del minotauro. Donde me despierto y respiro. Ahí, el lugar en el que no entiendo un carajo qué pasa, y pienso que en la siguiente oportunidad llevaré un hilo atado, que solo es un sueño y que pronto será de día. Otro día.

Por Juan Pablo Martínez Cajiga

Nací un lunes.