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 Álvaro Mutis: 103 años de su nacimiento 

Álvaro Mutis, renombrado poeta y novelista colombiano, es considerado una de las voces más importantes de la literatura en español del siglo XX.

Recuerdo la risa estentórea de Álvaro Mutis, su voz calada en la memoria. Sus manos temblorosas. Me regaló Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero con una dedicatoria que presumo: “Para Carlos, que me lee. Uno escribe en la espera de lectores como él. Siempre el mar, Álvaro”. Tenía una caligrafía de médico de selva: una amiga descifró la inscripción que hoy develo.  En estos días de un agosto agónico en que cumpliría 103 años vuelvo a sus versos. La última vez que hablé con él, rememoró a El Quijote y al Caballero del Verde Gabán.

Grieta Matinal: “Cala tu miseria, / sondéala, conoce sus más escondidas cavernas. /Aceita los engranajes de tu miseria, / ponla en tu camino, ábrete paso con ella /y en cada puerta golpea / con los blancos cartílagos de tu miseria. / […] / Ampárate en los suaves ángulos de tu miseria. / […] / No mezcle tu miseria en los asuntos de cada día. / Aprende a guardarla para las horas de tu solaz / y teje con ella la verdadera, / la sola materia perdurable / de tu episodio sobre la tierra.” Descubrí este poema a los 20 años. Me acompaña siempre. Me miro en el espejo en las mañanas: todas las cicatrices se desnudan. Salgo a la calle, resuena: “Ten siempre lista tu miseria/ y no permitas que se evada por distracción o engaño.”  

Summa de Maqroll el Gaviero; Álvaro Mutis.

Evoco a Álvaro desnudo en el aguacero, en los cafetales de su infancia, en el fango vegetal impregnado en sus pupilas. Una vez hablamos de la muerte y me lanzó a la mirada, con total naturalidad, los dos primeras imágenes de su poema Amén: “Que te acoja la muerte / con tus sueños intactos”. Estaba yo leyendo En busca del tiempo perdido y llegué a la ensenada de Poema de lástima a la muerte de Marcel Proust: comprendí los gestos del protagonista en “la semilla intacta del tiempo, / construyendo un laberinto perdurable”. Céleste no abre las ventanas porque “el otoño golpea como una bestia herida”, Monsieur Marcel no lo sabe: oprime las llaves del oxígeno para aliviar el estertor de supliciado. 

Y el grito del destierro que se alimenta de su sarro: “Voz del exilio, voz de pozo cegado, / voz huérfana, gran voz que se levanta / como hierba furiosa o pezuña de bestia, / voz sorda del exilio, / hoy ha brotado como una espesa sangre / reclamando mansamente su lugar / en algún sitio del mundo”. Y la fijeza de los minutos: labre de tantas estaciones sin nombramiento en la carencia de adjetivos protegidos en el caos de la muerte. Por ti, Álvaro: la labranza del naufragio: “Cada poema esparce sobre el mundo /el agrio cereal de la agonía”: por ti, “Agua de sueño, fuente de ceniza”, grito al insondable abismo de la noche. 

Es cierto, cuando el prodigio sobreviene, uno se oculta blandamente en la quietud, como te sucedió, Álvaro, en Una calle de Córdoba: “una calle como tantas, con sus tiendas de postales y artículos para turistas, /una heladería y dos bares con mesas en la acera y en el interior chillones carteles de toros”. El silencio, música callada, que debe tajar al poema en la médula de su designio: tú lo indicaste con sabiduría: el silencio como un premio desmedido, como una gracia inefable.

Leo Summa de Maqroll el Gaviero, soy testigo de la tribulación de este agosto: hay que imaginar una nueva soledad para el deseo. 

Ficha
Summa de Maqroll el Gaviero
Autor: Álvaro Mutis 
Género: Poesía 
Editorial: FCE