Categorías
Entrevistas

Andrés Neuman: «La memoria de una familia es una novela en movimiento»

El escritor hispanoargentino novela la vida de María Moliner en Hasta que empieza a brillar, su libro más reciente publicado bajo el cobijo de Alfaguara.

Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977) es una de las razones por las que en los últimos tiempos hemos asistido a conversaciones donde la omnipresente protagonista es María Moliner, otrora autora del Diccionario de uso del español. O quizá es lo contrario y es el recuerdo y la importancia de la lexicógrafa española la que nos remite al escritor argentino. Quizá no importe fijarnos en nimiedades cuando lo verdaderamente relevante es la grata colisión de ambos nombres, acaso destinada a la perpetuidad, afianzada recientemente por Hasta que empieza a brillar (Alfaguara, 2025), el libro en el que el también cuentista y poeta retrata a la bibliotecaria reconsruyendo los momentos que dieron sentido a su vida.

A continuación, una conversación que el autor sostuvo con esta revista y quien esto escribe en el patio de un hotel de la Ciudad de México.

***

¿Cómo conectaste desde el título a Emily Dickinson con María Moliner, y cómo entraste tú en ese juego? ¿Cómo hiciste tú para congeniar sus historias, aunque sea un paralelismo aparentemente lejano?

Claro, te resumo la parte de la respuesta que ya has escuchado y luego te doy una parte más específica. Por supuesto, el título está tomado de esta frase de Emily Dickinson, que en el libro parece abreviada, pero que completa dice: no conozco nada más poderoso que las palabras. A veces escribo una palabra y me quedo mirándola hasta que empieza a brillar. En inglés es: until it begins to shine, y el título de la novela es una traducción textual del original de Emily Dickinson. Esta frase no solamente para mí sintetiza el estado de emoción y epifanía que alguien que atiende y cuida las palabras puede sentir, y especialmente, no creo que haya habido otra persona en la historia del mundo que pensara tanto en cada palabra y le prestase tanta atención y las cuidase tanto como María Moliner. Lo hizo 80.000 veces, pero no solamente las redefinió, sino que pensó en sus aplicaciones gramaticales y dio numerosos ejemplos de uso para cada una de ellas. Entonces, 80.000 palabras con sus respectivos ejemplos de uso, asociaciones léxicas y aplicaciones gramaticales. Realmente tuvo trato íntimo con cada palabra. 

Pero también tiene que ver con la tardanza del mundo en conocer quién fue María Moliner, que es como una de esas estrellas cuyo fulgor nos llega mucho más tarde que cuando comenzó el brillo. Igual que una estrella, poco más, y la conocimos postumamente. Entonces, creo que era un doble sentido, tanto de su relación con las palabras como una especie de heroína anciana, que es una cosa que me conmovía mucho de su figura. A pesar de que fue una joven atrevida y emprendedora, una joven verdaderamente deslumbrante que trató de romper muchos techos de cristal, que en cierto modo siguen existiendo. Pero se hizo conocida con esta especie de tarea titánica que emprendió ya siendo madura y que acabó con nietos y en edad de la jubilación. Así que también fue una historia como de un brillo tardío, al menos en el ámbito público. Ahora bien, a mí me gusta pensar que hay una conexión extraña entre Emily Dickinson y María Moliner en dos sentidos.

Uno es que son dos mujeres que se encerraron entre las cuatro paredes del lenguaje para revolucionar su idioma materno, que aparentemente se recluyen, pero se recluyen para hacer una revolución secreta. Y esto es, digamos, lo más específico de tu pregunta y que no suelo contar. Por supuesto, el diccionario de María Moliner es un monumento lingüístico y uno de los grandes hitos de la lexicografía humana. No ya de nuestra lengua, que es evidente, sino tal vez sea la lexicografía más importante y atrevida de la historia de la humanidad. Pero, además de eso, lo que se propone en la novela y lo que siento respecto de ese diccionario es que es también una obra de arte.

Siempre me interesó el diccionario como artefacto literario, cómo el diccionario es un género que al mismo tiempo los reúne todos. En un diccionario se piensa con asombro en cada palabra, se le concede importancia y se piensa en el peso y la medida de cada palabra, y eso es propio de la poesía. Se reflexiona sobre la sustancia y el significado de las cosas, como en la filosofía. Es una obra, digamos, de no ficción, que habla de nuestro mundo, de nuestra sociedad, que leemos fragmentariamente, como la micro-narrativa, lo leemos muy intermitentemente, y que, sin embargo, es una obra perfectamente unitaria y con un sistema de conjunto, como si fuese una novela.

Entonces, es lindo pensar que un diccionario se deja leer desde todos los géneros. Y, concretamente, cuando se trata de un diccionario de autora, como es “El Moliner”, y de una mujer que, además, era tan literaria y que, además, fue una gran bibliotecaria y que, además, estudió Historia, es decir, que es una humanista. Creo que su diccionario es, secretamente, una obra de arte de la poesía, palabra por palabra. Y es ahí, entonces, la conexión más sutil entre las grandes poetas y María Moliner.

[Además,] María Moliner oficialmente no fue escritora, pero no es posible explicar su diccionario sin la literatura porque, para empezar, no estudió filología. Era una lexicógrafa que no había estudiado en el área académica. No creo que [lo] haya hecho… Es una verdadera anomalía. Si fue ya una mujer extraordinaria con un diccionario inigualable, es muy raro que alguien se ponga a hacer un diccionario sin haber estudiado oficialmente filología. Pero claro, es que no es un diccionario académico. 

Y se suele omitir que el diccionario de María Moliner es una obra de ficción lingüística porque, por ejemplo, no solamente ella redefine las palabras de manera genial y personal, sino que los ejemplos de uso de María Moliner en su gran mayoría están inventados. No es como el primer diccionario de la Real Academia de principios del XVIII, un diccionario de autoridades. Así se llamó el primer diccionario académico. ¿Por qué se llamó así? Porque los ejemplos de uso estaban tomados del gran pabellón de las plumas ilustres. Todos eran como citas de grandes poetas o de obras clásicas. Y María Moliner, con enorme atrevimiento y modernidad, dice: no, no, los ejemplos de uso son los que escuchamos en la calle, en el mercado, en la familia o sobre todo los que me invento yo misma. Y claro, para inventar cientos de miles de ejemplos de uso de nuestra lengua, inevitablemente tienes que actuar como una escritora, como una poeta, porque estás reinventando la lengua.

Entonces, aunque no se la considera una poeta, yo creo que su diccionario es una obra de arte y que sin ser secretamente una poeta o una escritora, digamos, oculta, no se puede hacer un diccionario como ese, donde tú tienes que inventar ejemplos orales, precisos y claros, de todas y cada una de las palabras que existen en nuestra lengua. De hecho, me atrevería a decir que pocos poetas serían capaces de hacer lo que hizo María Moliner. Hay múltiples relaciones entre Emily Dickinson y María Moliner.

Y también hay una especie como de locura tipográfica, porque la poesía de Emily Dickinson tiene como este uso de las, ¿cómo se llaman en México? Bueno, digamos, sí, el uso de las barras y de la tipografía, ¿no? Que juega un papel importante en la poesía de Emily Dickinson. Y el diccionario de María Moliner, sobre todo en su edición original, que es la que se cita en mi novela, está lleno de pequeños códigos, de signos, de simbolitos, de cambios de tipografía. O sea que hay algo como de juego casi de vanguardia con todas las maneras que hay de imprimir una palabra y de conectarla a través de la tipografía.

Entonces, por muchas razones, se puede entender que el diccionario de María Moliner no es solamente una obra de consulta lingüística genial, sino que es una especie de obra literaria que emplea todas las herramientas que la literatura, la filosofía y la poesía han desarrollado a lo largo de la historia. En la novela se hace una lectura literaria de su diccionario, no es una lectura académica o filológica, aunque yo tenga esa formación, ¿no? A mí me interesaba hacer una lectura emocional y literaria y autobiográfica, íntima, de este diccionario, porque creo que es un diccionario construido con esos elementos.

En efecto, un diccionario puede ser una obra literaria, pero ¿tú lo identificaste una vez que estabas investigando a María, o tú concluyes como escritor que en efecto puede ser una obra literaria? Después, acaso como un paréntesis, dentro de la investigación que hiciste ¿crees que en algún momento ella haya tenido la intención o el objetivo de que esto trascendiera más allá de simplemente un artefacto de consulta, sino un artefacto literario? 

Fíjate que siempre he tenido la obsesión por hacer lecturas raras de los diccionarios porque hace más de una década publiqué un librito cuya existencia no sé si conozcas, que se titula Barbarismos, que publicó Páginas de Espuma, te digo, hace 10 o 12 años, y que es un diccionario. Pero es un diccionario de mil palabras satíricamente definidas. En la tradición de los diccionarios de autor, o sea, de Bierce, de Flaubert, como jugando con el diccionario como forma poética, aforística, ensayística. Y es un diccionario, no es como el de Moliner, ni muchísimo menos. Es un librito de 100 páginas y es una especie de homenaje y sátira literaria de los diccionarios.

Y fíjate que entonces todavía no estaba trabajando con la novela de Moliner. Por otro lado, siempre me fascinó mucho, ahora que hablábamos de Bolaño [hace] un rato, con la gente de la editorial, hay un libro que me recomendó Bolaño cuando yo era muy jovencito, de un autor que yo por entonces desconocía, que es La sinagoga de los iconoclastas de Rodolfo Wilcock, que es un libro sobre biografías imaginarias. Y uno de los personajes absurdos que se inventan en ese libro es el de un lexicógrafo loco llamado Gilles Flamard, si no me equivoco, que cree descubrir en su delirio cuál es el problema de los diccionarios. Y es que no enganchan, que la gente los deja por la mitad y no los termina. Y que a los diccionarios les falta un poquito de acción, un poquito de drama para poder leerlos de corrido. Entonces se propone la empresa maravillosa y loquísima de escribir un diccionario con un leve argumento que va avanzando alfabéticamente desde la A hasta la Z, para que la gente no pueda dejar de leerlo. Y por supuesto, Gilles Flamard muere antes de acabar su diccionario y es como una especie de utopía inconclusa. Pero algo de esa idea siempre me sedujo.

Y de algún modo siento que leída desde Wilcock o desde este lexicógrafo loco, el diccionario de María Moliner es lo más cercano que tenemos a eso. Porque aparte de un diccionario que funciona perfectamente como tal para conocer el significado de las palabras, y de hecho es más justo, cálido y preciso que el diccionario académico, o sea que sigue cumpliendo su función de diccionario a la perfección y por eso es un diccionario que se ha usado siempre en el gremio del periodismo, de la docencia, de la literatura, porque es un diccionario donde las palabras funcionan y se asocian con más naturalidad. Pero aparte de eso, como es una obra indirecta o secretamente autobiográfica y nos cuenta la vida de su autora a través de sus ejemplos de uso, hay un cierto elemento narrativo, y ese elemento lo descubrí por casualidad una vez que después de pasar muchos años investigando sobre la vida de Doña María y enamorándome de su biografía para complementar esa tarea de investigación que duró años, me puse a leer su diccionario como un libro.

Me acordé de Wilcock y dije: bueno, voy a empezar a leerlo más o menos en orden, saltando de una palabra a otra, pero respetando el orden alfabético, y me leí, no te voy a decir que el 100% del diccionario, porque eso sería imposible, pero leí una porción significativa del diccionario como nunca antes había hecho con ningún diccionario y como dudo que vuelva a hacer. A nadie se le ocurre semejante disparate. Bueno, sí, a Wilcock.

Me puse a leer el diccionario y como tenía muy fresca su biografía y tenía muy presente los detalles de su vida familiar, política, laboral… al principio me pareció una casualidad pero, claro, iba avanzando y digo bueno, pero es que no había casi, era tan frecuente que en las definiciones de las palabras y sobre todo en los ejemplos de uso se colaran ejemplos que casualmente se parecían a la vida de María Moliner que empecé a tener la sensación de que había descubierto este secreto. 

Es difícil saber si voluntario o involuntario, pero además es lo de menos, es decir, aunque yo creo que María Moliner tuvo que saberlo, aunque no se diera cuenta, de modo inevitable o inconsciente, cuando ella pone como ejemplo de cuidado la abuela cuida a sus nietos, ella estaba haciendo exactamente eso en esos años. Y fíjate que cuando la autoridad, que es un concepto muy importante de Moliner para oponerse frente a ella, fíjate que la otra cita del diccionario aparte de Emily Dickinson es la acepción contestataria de contestar que estaba ausente de forma insólita en el diccionario académico, que habían olvidado ese sentido contestatario de contestar, que es casi una obviedad, y ella se encarga de mencionarlo y pone este ejemplo irónico de “haz lo que te dicen y no contestes”, que es una cosa que se pasó la vida haciendo: contestando a la autoridad.

Si lees el diccionario de Moliner desde el espíritu contestatario y vas buscando palabras que estén en el campo semántico de la autoridad, te puedes ir a la palabra autoridad y nada más que con esa palabra tienes un ejemplo perfecto muy representativo de esto que te estoy contando, porque en el diccionario académico la autoridad se definía en primer lugar como algo que se puede ostentar por razones de nacimiento, de sangre congénita como la nobleza o la monarquía, [es decir] la autoridad que tienes por ser quien eres y haber nacido donde naciste y después al final se mencionaba [que] el mérito es una definición muy poco meritocrática y muy aristocrática, y María Moliner sin decirle nada a nadie retira ese sentido de autoridad y agrega alguno que no estaba, que es la autoridad que alguien ostenta porque un colectivo se la cede voluntariamente; este es el albergue en lo que le da voluntariamente la autoridad que un grupo le da a alguien voluntariamente, es decir que en la definición de autoridad María Moliner retira la aristocracia y agrega, propone la democracia. Si conoces su trayectoria política, su labor en la segunda república española y la labor de democratización que hizo de la cultura —fundó una escuela, fundó casi 200 bibliotecas rurales, estaba obsesionada con la idea de llevar los libros hasta el último pueblo y sobre todo, lo dice una mujer que está discutiendo acerca del sentido de las palabras con la Real Academia Española— no deja de ser un autorretrato. Pero es que en los ejemplos de uso, María Moliner da cuatro ejemplos de autoridad, y los cuatro son una sinopsis de su vida. Resulta que María Moliner creía en Dios, pero no en la Iglesia, que siempre tuvo problemas con sus jefes, conflictos, digamos, de poder con sus jefes, y que tuvo un padre médico que la abandonó cuando ella era niña, como se cuenta en la novela. Los ejemplos de autoridad en “El Moliner” son la autoridad del sacerdote, del jefe, del padre, del médico.

Y claro, como esto sucede miles de veces en el diccionario de Moliner, y resumiendo entonces la respuesta a tu pregunta, yo siempre he tenido cierta propensión a divertirme literalmente con los diccionarios y a jugar con su forma, y quizás llevado de esa afición leía el diccionario de María Moliner de esa manera, pero es que al leerlo de esa manera me di cuenta de que realmente es un diccionario único y muy singular también en este sentido, porque hay un elemento narrativo íntimo y muy personal en ese diccionario.

Ella quiso que se leyera así, porque es también tu pregunta, ¿no? Es difícil saberlo si pensamos en su vida, ella siempre estuvo cerca de la literatura, nunca fue ni se consideró escritora, pero siempre estuvo cerca de la literatura, ¿no? Era muy lectora, de niña, fue una estudiante brillante a la que siempre le gustó leer novelas y poesía, sabemos que fue lectora de poesía, sabemos que fue bibliotecaria y que conocía muy bien la bibliografía literaria, sabemos que fue amiga de escritores y escritoras y de poetas, dos de ellos son personajes importantes de la novela: Carmen Conde, que fue la primera poeta que ganó el Premio Nacional de Poesía en España y que terminó siendo la primera mujer que entró en la Real Academia Española después de que la propia María perdiese esa votación polémica poco antes. Carmen Conde hizo campaña por María Moliner, fue su amiga y era poeta. Y otro personaje, Dámaso Alonso, amigo personal de la autora desde los tiempos de la República, editor del diccionario y director de la institución académica que rechazó a María Moliner. Entonces, ella tuvo vínculos personales con poetas. Y a mí me gusta pensar que en algún momento de su juventud, cuando pensaba qué estudiar y cuando pensó en estudiar lo que hoy llamaríamos letras, sabemos que eso es lo que ella quiso estudiar y no pudo hacerlo simplemente porque esa carrera no existía en ese momento en la Universidad de Zaragoza, [misma] en la que ella terminó eligiendo historia. Entonces y juntamos todos estos elementos, ¿no? Una cierta trayectoria como lectora, el deseo de haber estudiado letras que no pudo cumplir, ciertas amistades con poetas, su hermana Matilde era amiga de Antonio Machado, siempre estuvo cerca y sabemos que además durante la etapa en que estuvo escribiendo su diccionario leía a jóvenes novelistas.

Y le agregamos un dato que es muy importante para Latinoamérica, porque el diccionario de María Moliner siempre ha sido considerado en Latinoamérica como un espacio lingüístico más hospitalario, menos centralista y menos imperialista que los diccionarios académicos, ¿no? Porque ella era una mujer con una idea mucho menos autoritaria de la lengua, ¿no? Y aunque lo escribió en Madrid ni siquiera era de Madrid y se pasó la mitad de la vida viviendo en otras regiones del país, escuchando otros acentos, otros sonidos, su marido era catalán y hablaba catalán, ella hablaba distintos idiomas, o sea, tenía una visión muy abierta de la lengua y muy poco dogmática y central, ¿no? Pero aparte de todo eso y aparte de recordar que su hermana Matilde, a quien te he mencionado antes, fue una de las primeras mujeres de la historia de España en escribir una tesis doctoral y su tesis doctoral, como se cuenta en la novela, fue precisamente y asombrosamente sobre las independencias latinoamericanas. La hermana de María Moliner estaba obsesionada con la independencia de las naciones latinoamericanas y estudiaba, por ejemplo, los procesos de independencia de Bolivia. ¿Por qué a la hermana de María Moliner le fascinaba tanto la historia latinoamericana? 

Y esto lo agregamos con otro dato. [Cuando] María Moliner escribe su diccionario, al menos en los últimos años y más decisivos en la configuración de la estructura de su diccionario, coincide con el boom latinoamericano, y sabemos que era lectora, entonces sabemos que, al menos en alguna medida, tuvo que leer la literatura del boom mientras completaba su obra acerca de la lengua. Entonces, todo esto nos muestra, primero, como una persona con un cierto vínculo con la literatura, con una pulsión muy poética del sentido de la poiesis, de la creación de la lengua misma, ¿no? ¿Qué hay más poético que eso? Pero también como una persona que tenía mucho oído para escuchar las distintas voces del idioma, tanto en términos de clase como de geografía. Una persona que escuchaba la radio, veía los diarios y tomaba nota, o sea que estaba abierta al uso de la lengua en los medios de comunicación. Hoy esto es una obviedad, entonces era completamente contracultural. Pero también estaba por, digamos, los derechos de la comunidad hablante a intervenir en el diccionario y la plenitud de facultades que cada hablante tiene para apropiarse de su lengua y, al mismo tiempo, una persona con el oído muy abierto. Entonces, bueno, creo que en definitiva tuvo una mirada y un oído muy literarios hacia la lengua.

Y eso lo convierte para mí en una escritora. Una escritora que escribió uno de los libros más colosales y raros del mundo, que es el Diccionario de María Moliner. Pero para mí no deja de ser una escritora y creo que, de hecho, es un libro literariamente bastante mejor que la mayoría de libros que he leído.

En realidad María y su hermana eran todo lo que no deseaba el status quo y toda la gente de esa época, ¿no? Eran ciudadanas, sí, incómodas para el sistema, ¿no? Sí, sí eran muy radicales. Y mucho más para el régimen franquista, digo. En realidad eran ciudadanas ejemplares de los comienzos de la República y luego pasaron a ser ciudadanas incómodas y represaliadas como millones de personas. Por no hablar de todas las que vinieron a México, que fueron muchísimas.

Porque la generación de María Moliner es la de, por ejemplo, la de María Zambrano, la de Luis Buñuel, que terminaron en México, y muchas otras en Argentina. O sea, que nuestros dos países natales fueron los que acogieron a buena parte de la diáspora de esa generación. Pero Matilde y María son las que se quedaron resistiendo desde dentro y luchando como pudieron. Lo que se suele llamar el exilio interior, ¿no?.

Quizá María no es recordada como quisiéramos que lo fuera. No quisiera usar esa palabra, pero creo que se adecua un poco a lo que estamos hablando. Es víctima ella como muchas escritoras y muchas otras pensadoras y muchas otras mujeres intelectuales que fueron olvidadas o que no son recordadas y que tienen que reivindicarse ahora a través de las palabras de alguien más…

A ver, María Molina no es que sea una olvidada total porque su diccionario ha pasado a la posteridad y si la conocemos por algo es por su diccionario, ¿no? Más bien ha sido como una especie de olvido parcial o de recuerdo muy restringido al diccionario. Por un lado, no solemos contar cómo y por qué se escribió ese diccionario y qué representa ese diccionario más allá de la lingüística.

Y, por otro lado, hemos olvidado colectivamente todo el legado de María Moliner como estudiante autofinanciada, como mujer consciente de que tener un sueldo, no ya una habitación propia, sino un sueldo era mucho más importante que tener un matrimonio. Es decir, que fue como una visionaria en cuanto a las condiciones materiales en que las mujeres fundan su identidad y sus familias. Pero también fue una profesional pionera en el campo de la docencia y sobre todo de la bibliotecología. Entonces, toda esa parte del legado de María Moliner previo al diccionario es lo que en efecto ha sido olvidado. Lo que ocurre es que María Moliner pertenece a una generación en la que no se suele incluir, que es la generación [de las] sinsombrero.

O sea, las compañeras mujeres de los poetas de la generación del 27, de Lorca, Alberti, Cernuda y Damáso Alonso, que es un personaje de la novela. Pero en realidad María Moliner no suele ser incluida porque oficialmente no era escritora, ni artista, ni científica, a pesar de que algo tuvo de todo eso, sin algo de esas cosas, de esos talentos, no se puede hacer un diccionario como el suyo. Pero en realidad sí la incluimos en esa generación que es la suya, la generación que nació con el siglo XX.

Porque fíjate que María Moliner, por un ejemplo, nació dos años después que Lorca y dos años antes que Alberti. Nació…, las fechas me bailan, pero… creo que, no sé, un par de años antes que Rosa Chassel, perdón, un par de años después que Rosa Chassel y un par de años antes que Maru Jamayo o que María Zambrano. Entonces está en el centro de esa generación.

Entonces, si se la contextualiza así, se comprende mejor también cómo fue posible una persona de esas características. Entonces, bueno, no se trata tanto de recordar u olvidar, sino de cómo recordamos, en qué contexto generacional y con qué amplitud. Y el objetivo de la novela era precisamente contar el contexto del diccionario, sus antecedentes, sus razones y el camino personal, íntimo y político que la conduce al diccionario y al mismo tiempo proponer. Es como el camino de doble sentido de la vida a la obra o de la intimidad al diccionario. Cómo subir a desembocar al diccionario y cómo el diccionario nos revela lo que solemos olvidar de María Moliner… 

Al final reconstruyes, echando mano de la ficción, la vida de María Moliner, Eso en automático nos dice que, bueno, nos anticipa dos cosas. De antemano sabemos que estamos ante una novela y estamos por leer “mentiras”…

No, no. En este caso no. 

En ese sentido me gustaría preguntarte la relevancia que tiene para ti, principalmente como escritor o como poeta,  la ficción. Más allá del ejercicio de reivindicación o para reconstruir pasajes de la historia que ya están olvidados… 

Te he hecho el matiz de la mentira porque, a pesar de que incluso el propio Vargas Llosa emplea ese término, no soy nada partidario de identificar la ficción con la mentira. Es un gran malentendido conceptual. El antónimo de la verdad no es la ficción, es la mentira. Es mentira y verdad. La ficción está en relación con la verdad. La ficción completa la verdad, no se opone a la verdad. Esto es muy claro cuando estás criando, por ejemplo, a un niño. Yo todos los días a mi hijo no le cuento mentiras para que se duerma, le cuento ficciones.

Quiero decir, las mentiras nos maleducan, las ficciones nos educan. Entonces la ficción no tiene nada que ver con la mentira. La ficción tiene que ver con una facultad suprema del ser humano que es la imaginación. Pero la imaginación está hecha de posibles verdades o de verdades alternativas, [y] para mí la ficción es la búsqueda de la verdad por otro camino, que no es necesariamente el de los hechos. Pero que algo no sea un hecho no lo convierte en una mentira. Por eso me parece un matiz moral y estético importante, no ético-estético importante. Entonces, no compremos tan fácilmente la idea de que las ficciones son mentiras. Mentiras son las que cuentan los políticos para mantenerse en su puesto. Y ficción es la Ilíada o La Odisea. Debería haber una diferencia y creo que la hay. Ficciones son las de Borges. Mentiras son las de Trump. Hay una diferencia entre Borges y Trump. Digo en cuanto a sus discursos, no hablo en cuanto a los individuos, que sería obsceno.

Lo que producen las ficciones de Borges van en una dirección cultural e intelectual completamente distinta de las mentiras públicas. Ahora, en el caso, por empezar, la memoria colectiva tiene mucho de ficción. En el sentido de que son historias que van pasando de boca en boca y de oído en oído, que se van transformando, que depende de quién las cuente el recuerdo se va modificando. La memoria familiar es así. Todo es memoria familiar. La memoria de una familia es una novela en movimiento. A mí siempre me ha interesado mucho la relación entre recuerdo y ficción. Y esto me lleva a la etimología del recuerdo. Recordar es volver a pasar por el corazón. Recuerdo. 

Y como de María Moliner se tiene un recuerdo tan abstracto, [es] ña autora de una obra lexicográfica. Pero fue tanto más que eso. Fue una mujer compleja y fascinante. La idea de escribir una ficción sobre su vida, respondía sobre todo a dos cuestiones. Una era la de, en efecto, completar la verdad sobre María Moliner, porque hay muchos huecos en nuestro conocimiento sobre este personaje. Por mucho que reunamos. No hay un museo Moliner, no hay un archivo familiar unificado. Si tratamos de poner en orden todos los datos de los que disponemos, de lo que trata de ser una novela, quedan muchos huecos de todas formas. Esos huecos son rellenados por la ficción.

Pero, además, por eso voy a lo del recuerdo, cuando contamos, cuando leemos una ficción, los libros, las películas o las series que nos conmueven, esos personajes pasan a formar parte de nuestra memoria afectiva. Y mi esperanza era que María Moliner, aparte de reivindicar su legado completo, pudiese ser un personaje cercano a nuestra memoria afectiva. Y eso, para incorporarte al recuerdo colectivo, necesitas que sea un personaje literario. Porque son los personajes quienes se quedan a vivir en nuestra intimidad para siempre y pasan a formar parte de nuestra familia. Muchas veces tenemos relaciones más intensas con los personajes, así crea que nos conmueven, que con nuestro prójimo presuntamente real. Y todo eso fue lo que me llevó a elegir la ficción para rendirle tributo a esta mujer inigualable.

Creo que me quedo con más preguntas, pero eso es lo que está bien. 

Eso es bueno, quedarte con preguntas es bueno…

Por Demian García

Lector permanente. Devoto de la poesía y el fútbol. Escribo, hablo y habito en Revista Purgante, Interferencia IMER y Diario 24 Horas.