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Angel Stanislav Wang: «No es necesario saberlo todo sobre música clásica para vivirla»

El músico estadounidense conversó con Revista Purgante sobre su carrera, lo que significará tocar en un recinto histórico de México y ese deseo por que siga esparciéndose su sonido hacia otros espacios.

Al joven pianista Angel Stanislav Wang (Los Ángeles, 2003) no le son ajenas las presentaciones en grandes escenarios. Su formación bajo la escuela rusa de piano, misma con la que fue educada su madre, forjó ese carácter de disfrute siempre profesional, abierto a recibir cualquier experiencia que le sirva a posteriori en su carrera. Es que los premios no le han venido bien por las medallas o los premios, sino por el (auto)conocimiento y el descubrimiento de sus capacidades.

Previo a sus presentaciones en la Temporada de Verano junto a la Sinfónica de Minería, bajo la dirección de Carlos Miguel Prieto, el músico estadounidense conversó con Revista Purgante sobre su carrera, lo que significará tocar en un recinto histórico de México y el mundo y ese deseo por que siga esparciéndose su sonido hacia otros espacios.

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Antes que nada, me gustaría preguntarte sobre los premios que has ganado a una edad tan temprana. Pero, más allá de lo que significan, ¿podrías contarnos cómo encajan en el panorama general y cómo te han enseñado a manejar tu carrera?

Participé en varios concursos mientras crecía, siendo el más reciente el Concurso Cliburn, donde, a los 22 años, me convertí en el finalista más joven de esa edición. Concursos como este y el Tchaikovski realmente cambiaron mi vida. Me ayudaron a darme a conocer, me permitieron conocer a grandes representantes, directores de orquesta y directores artísticos, y me abrieron muchas puertas profesionalmente. 

Sin embargo, para mí, los concursos nunca se trataron principalmente de ganar un premio o una medalla; se trataba de descubrir de qué era capaz y de aprender a dar el cien por ciento, independientemente del resultado. Incluso los concursos en los que no tuve éxito me enseñaron muchísimo, me hicieron más fuerte mentalmente y me enseñaron a manejar la presión, algo que me ha preparado para la realidad de una carrera como concertista: las giras, el estudio, los ensayos, las presentaciones y la necesidad de adaptarse constantemente.

Vas a ofrecer dos presentaciones bajo la dirección artística de Carlos Miguel Prieto. Vas a interpretar una obra de Odgers, otra de Rajmáninov y otra de Stravinsky. ¿Estas obras significan algo especial para ti? ¿Cómo te sientes al poder dar vida a las obras de estas grandes figuras de la historia de la música?

Rajmáninov es mi compositor favorito y ha formado parte de mi vida desde la infancia. Uno de mis primeros recuerdos musicales es escuchar a Van Cliburn interpretar el Tercer Concierto para Piano de Rajmáninov en el Concurso Tchaikovsky de 1958. Su interpretación y la música de Rajmáninov me conmovieron de inmediato. 

Hay algo profundamente humano en su música que conecta directamente con las personas y, desde entonces, siempre ha ocupado un lugar muy especial en mi corazón y en mi repertorio. Algo que me encanta de interpretar música es que, aunque hayas tocado un concierto muchas veces, nunca es realmente igual. Tengo muchísimas ganas de trabajar con el maestro Carlos Miguel Prieto y la Orquesta Sinfónica de Minería, y descubrir qué podemos crear juntos.

Una de estas presentaciones se llevará a cabo en el Palacio de Bellas Artes, que es uno de los espacios artísticos más importantes de México y del mundo. ¿Actuar en un lugar como este te despierta algún sentimiento en particular?

El Palacio de Bellas Artes siempre ha sido uno de los escenarios de mis sueños, así que poder presentarme ahí durante mi primera visita a México, interpretando además el concierto de mis sueños, es algo increíblemente especial. 

Soy muy consciente de su historia y de los extraordinarios artistas que se han presentado ahí antes que yo, pero, en lugar de ponerme nervioso, esa historia me produce una enorme sensación de gratitud e inspiración. Simplemente quiero dar lo mejor de mí y compartir la música de Rajmáninov con el público en una sala tan hermosa e importante. Estoy tremendamente emocionado y esperando con mucha ilusión esta experiencia.

La Sinfónica de Minería también goza de gran prestigio. Actuarás junto a ellos, y ellos actuarán junto a ti. ¿Cómo crees que será compartir el escenario con ellos ante un público como el mexicano?

Me emociona mucho trabajar por primera vez con la Orquesta Sinfónica de Minería. He escuchado cosas maravillosas sobre ellos y también sus grabaciones, y se puede percibir lo profundamente comprometidos e inspirados que están sus músicos. Espero que podamos crear una atmósfera en la que casi respiremos a un mismo ritmo y logremos crear juntos algo hermoso, poderoso y apasionado. Me emociona igualmente poder tocar para el público mexicano. Siento que es un público muy musical y sensible, y México ha recibido a tantos artistas extraordinarios a lo largo de los años. Creo que la música de Rajmáninov, con su generosidad emocional y su humanidad, será especialmente maravillosa para compartir con ellos.

Me gusta pensar que has tenido figuras clave que han influido en tu formación como pianista. ¿Quiénes serían y cómo te han inspirado a lo largo de los años?

Mis influencias más directas han sido mi madre, quien fue mi primera maestra, y mi actual maestra, Natalia Trull, con quien he estudiado durante siete u ocho años. Natalia ha tenido una enorme influencia en mí, no solo musicalmente, sino también a nivel personal, enseñándome importantes lecciones sobre la vida y la comunicación.

También crecí escuchando a pianistas como Van Cliburn, Vladímir Horowitz, Claudio Arrau, Vladímir Sofronitski, Heinrich Neuhaus, Emil Guilels y Artur Schnabel. No intento imitarlos conscientemente, pero cuando escuchas a grandes artistas durante tantos años, inevitablemente algo permanece dentro de ti y pasa a formar parte de tu propia imaginación musical.

Por último, con la esperanza de que más personas descubran tu música y la de los grandes maestros, ¿qué mensaje te gustaría transmitir al público de México y de todo el mundo para animarlos a involucrarse cada vez más en este mundo?

Creo que la música tiene una capacidad extraordinaria para transformarnos. Puede hacernos más sensibles, más compasivos y quizá incluso más amables los unos con los otros. No es necesario saberlo todo sobre música clásica para vivirla; simplemente hay que acercarse, escuchar y permitir que la música te hable. 

Cada vez que subo al escenario, dedico mi interpretación a las personas que han venido a escucharme, y mi responsabilidad es darles todo lo que tengo y compartir la música con la mayor sinceridad posible. Para mí, esa sinceridad es lo más importante. Después de eso, la música pertenece al público, y cada persona la vivirá a su manera. Si alguien sale de la sala llevándose consigo aunque sea una pequeña parte de esa experiencia, para mí significa todo.

Por Demian García

Lector permanente. Devoto de la poesía y el fútbol. Escribo, hablo y habito en Revista Purgante, Interferencia IMER y Diario 24 Horas.