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Betsabeé Romero: «Existe el poder, pero también sus resistencias»

A Betsabeé Romero la conocí en breves fechas a través del montaje de su obra Escaleras al cielo, que sirvió para la conmemoración del Día de Muertos en la Casa de Colón de Las Palmas de Gran Canaria. En la presentación pude comprobar, al escuchar su discurso, los paralelismos entre su obra y sus inquietudes y nuestro proyecto EXO2 (con mi socio mexicano igual A. Vaylón “Misha”), que fue la primera obra que representé fuera de España, justo en su México. Qué casualidades. A través de su relato, empecé a generar una sensación de necesidad de apoyar su obra. Que, por cierto, tienen que ver, porque impacta, tanto visualmente como en el mensaje que trasmite.

Maestra, hace poco nos conocimos en Canarias. Estas islas son, como siempre hemos presumido, un cruce de camino entre tres continentes. Eso ha dotado al isleño de un carisma tolerante con el que viene de fuera. ¿Qué sensación le ha dado su visita en este aspecto?

Me he sentido más cerca de casa. El acento es como de las costas cercanas, como cubano o puertorriqueño. La gente es extremadamente amable y calurosa, como lejos de la temperatura humana de la Europa Continental.

En el discurso de presentación de su obra, enfatizó en la necesidad del mestizaje como motor de evolución.

La cultura del otro es diálogo, encuentro, enamoramiento, discusión, cultura. La cultura cruza sin visas, atraviesa muros aun llorando y contando sus andanzas. El arte y la cultura son los territorios que comprueban que crecemos gracias a las hibridaciones y no a los purismos, que además no son sostenibles.

Me encanta el concepto de escaleras al cielo. Los difuntos, representado por sus esqueletos, escalan a una vida mejor. Muchos son los migrantes que pierden la vida para intentar conseguir esa calidad, vital para ellos y sus familias.

Exacto. Los pasos fallidos o logrados de los migrantes por lo menos han dejado una huella que hay que dignificar y nombrar. Un homenaje a tantos migrantes que han quedado en el camino es importante porque su desaparición nos atraviesa a todos y conforma un duelo colectivo que el arte y la cultura nos puede ayudar a sublimar, al unirnos para honrar su memoria y su paso tan difícil por la historia.

En esta época de la globalización, en la que los pueblos tienden a ser cada vez más parecidos unos a otros, parece un contrasentido que las desigualdades sean cada vez mayores en unas partes del mundo y en otras.

Los sistemas económicos y hasta científicos están estructurados para invisibilizar los mecanismos que estructuran y exacerban incesantemente las desigualdades. La globalización y el tipo de consumismo que la acompañan son parte esencial de ese sistema de contrasentidos en relación a la libertad y a la igualdad humanas.

En sus obras, que podemos ver expuestas en los cinco continentes, en general, usa la migración como motivo recurrente. ¿En qué época de su vida se da cuenta de que tiene que convertir su arte en activismo social para el desarrollo de la cultura y los pueblos?

Desde que entendí que la historia penetraba mi conciencia hasta las lágrimas a través de una novela o una sinfonía y no a través de memorizar fechas, datos y nombres en mi clase de historia, me empecé a dar cuenta de que si el arte es el termómetro de una época, siendo mujer y en un país tan machista y con tantas desigualdades, es un gran privilegio haber tenido la oportunidad de elegir mi camino, de haber logrado estudiar en el extranjero y hacer una carrera artística como la que he hecho; lo que en mi caso conlleva necesariamente el compromiso de devolver lo poco o mucho que he entendido de lo que me rodea de la manera más honesta y directa al mundo de dónde vengo y que tanto me preocupa, pues sigo siendo una excepción que no cambia las reglas todavía.

Como amante de México y su cultura que soy, este año pasado de gira con mi novela pude asistir al Día de Muertos en vivo. Me impresiona toda esa motivante celebración de la exaltación de la familia como pieza fundamental de la sociedad a través del culto a los que ya no están. ¿Se está perdiendo, en este mundo cada vez más individual y tecnológico, el valor a las raíces ancestrales de los pueblos?

Existe el poder, pero también sus resistencias. Tengo el honor de haber crecido de ambos lados de mi familia con tradiciones muy fuertes que aprendí desde niña y que estoy convencida que, en México, conforman un sustento cultural que es en sí una fuente de energía de tejido social mismo. En México, el calendario no se divide en semanas y meses sino en fiestas y celebraciones locales, nacionales y familiares y una de ellas es la de Día de Muertos. Si en el mundo cartesiano la frase es “Pienso, luego existo”, en México es todo lo contrario: “Celebramos, luego existimos”.

El sentido de la celebración es humano, colectivo, le da sentido a la existencia, a los lazos culturales y emocionales de una comunidad y, en el caso del Día de Muertos, es un dispositivo cultural fundamental en el acompañamiento de duelos colectivos, históricos, familiares e individuales al mismo tiempo. Es por eso que es tan fuerte para quien lo vivimos así. No se parece ni se compara con una fiesta como Halloween. No compiten. Sin embargo, el Día de Muertos es mestizo y se sigue mestizando, pero no para debilitarse, sino para enriquecerse.

Por otro lado, la globalización va en sentido contrario, pero eso no quiere decir que una resistencia cultural como la del Día de Muertos esté en peligro. Hay otras muchas tradiciones y culturas que si lo están por muy diversas razones.

¿Qué se van a encontrar los visitantes de la Casa de Colón al ver su obra? ¿Qué les ha querido contar?

Es una invitación a leer el edificio de la historia y de las culturas de otra manera, a celebrar que una casa como la de Colón, que se dedica a la investigación y a la cultura es capaz de abrir puertas, patios y ventanas para honrar juntos a nuestros difuntos y a los que nos duelen pues compartimos ser El Paso peligroso y muchas veces letal de miles de migrantes que buscan mejor vida en Europa, en el caso de Canarias, y en Estados Unidos, en el caso de México. Una invitación a ver que los que trabajamos en la cultura vamos en contra de las políticas que cierran, clasifican, separan, excluyen o niegan y que éste es un trabajo conjunto; que justo se distingue por abrir, aceptar, integrar y dar la bienvenida a todo el que quiera, incluso, enriquecer el altar con fotos, nombres u objetos para honrar juntos a sus seres queridos.

El Día de muertos no celebra la muerte sino la memoria de lo vivido por nuestros difuntos, ya que existimos mientras recordemos y seamos recordados.

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