Categorías
Cine

Javier Peña: «Lo más importante en la vida es el amor y las historias»

Revista Purgante platicó con él sobre la muerte, literatura, el padre, los lectores y otras tantas cuestiones que componen este mundo y sus realidades a través del lente de alguien que es, sobre todo, un lector infatigable.

Esta es una de esas historias que comienzan con la muerte del padre. Sin embargo, está lejos de la exploración y el impacto ante la ausencia del padre como retrata Alma Delia Murillo en La cabeza de mi padre o del abordaje lejano tras la falta de la figura paterna al que hay que inscribirse tras la muerte del que engendra como hizo Paul Auster en La invención de la soledad. Javier Peña (La Coruña, 1979) hizo del duelo una crónica y un recuento de encuentros y silencios literarios. Entonces escribió Tinta invisible. Sobre la pérdida, la escritura y el poder transformador de las historias (Blackie Books).

Antes, a modo de preámbulo, se embarcó en la creación de uno de los podcasts brújula de la literatura hispanoamericana: Grandes infelices. Ahí, el español ha repasado sin pena y con mucha gloria la vida de escritoras como Elena Garro o Marguerite Duras y de escritores como Fernando Pessoa o Jorge Luis Borges, sólo por mencionar algunos de los más de 30 episodios que ya acumula el programa de la editorial Blackie Books, misma que esta detrás de la publicación de este libro que lo trajo a México en 2025.

En ese viaje que lo trajo a varios países de América Latina, visitó las oficinas de Penguin Random House México, en plena capital y bajo un calor desasosegante. Revista Purgante platicó con él sobre la muerte, literatura, el padre, los lectores y otras tantas cuestiones que componen este mundo y sus realidades a través del lente de alguien que es, sobre todo, un lector infatigable.

¿Grandes Infelices es, de alguna manera, el germen de este libro?

Sí, sí, claro, sí que es. O no sé si es el germen, sino… los dos nacen del mismo germen o de la misma raíz, que es la enfermedad y fallecimiento de mi padre y la constatación en ese momento de algo que yo no me había parado a pensar antes, que es que nuestra relación. Mi relación con mi padre estaba hecha de historias y que no teníamos otra forma de comunicarnos más que a través de las historias. Entonces, a raíz de eso, mi padre fallece el 23 de noviembre de 2021 y yo en diciembre de 2021 empiezo a preparar el podcast. 

Yo ya tenía en la cabeza la idea de hacer un podcast para mantenerme en contacto con mis lectores mientras no salía mi siguiente libro, que tardó tres años, pero no sabía muy bien el tema y fue precisamente cuando estoy con mi padre y fallece… y a él le gustaba mucho hablarme de libros, pero también hablarme de vidas de autores. (Y) dije: ¿por qué no sigo haciendo esto, ya que ahora no voy a tener esas conversaciones con mi padre, por qué no tengo esas conversaciones con un oyente imaginario, a ver si alguien lo quiere oír?, pensaba.

Y a partir de ahí, también empiezo a leer muchas biografías y esas biografías me enseñan que los escritores tienen un montón de puntos en común y normalmente no los más halagadores: un gran ego, una gran envidia, una capacidad para la mentira, muy obsesivos, etcétera. Y cuando veo todo eso, que son sentimientos comunes a muchos de los escritores que más admiro y comunes a mí, que me interpelan también, son cosas que yo siento, pienso que quiero hacer un libro sobre eso, aparte del podcast, como de manera, para mí, a veces me dicen si es hijo del podcast, yo digo (que) son hermanos, para mí son hermanos, de manera paralela empiezo a pensar en hacer un libro. Lo que no pensaba era que mi padre fuese el hilo conductor, y eso fue algo que surgió de forma natural.

Cuando me senté a escribir el libro, lo primero que me salió fue: mi padre estaba en el hospital, y a partir de ahí dije: mi padre tiene que ser el hilo conductor. Y eso fue un poco el nacimiento del podcast, o del podcast, del proyecto (Grandes infelices), que para mí tiene que ser visible, es parte del proyecto, es como un mismo proyecto, y es un proyecto que probablemente vaya a ser más, es mi intención, vaya a ser más largo, más grande, y con más pluralidad, con otro tipo de cosas, pero que nacen de esa misma idea que es de utilizar la vida de los autores y la relación de la vida de los autores con la creación de las obras que más nos gustan, que más nos han importado a lo largo de la historia, y que tenga que ver un poco con cómo nos afecta eso en la vida, en la relación con tu padre, pero con cualquier cosa, en tu relación amorosa, en tu relación, lo que sea. Creo que voy a seguir tirando por ahí, porque me parece que es algo que me gusta mucho hacer, que a la gente le gusta. 

¿Cambió la manera en que tuviste que escribir este libro, es decir, significó un poco más para ti al tratarse de esta relación con tu padre a partir de que estuvo enfermo y su posterior fallecimiento? ¿Ves ahora algo diferente a partir de que tuviste que confrontar esas dos cosas? 

Sí, veo algo diferente como persona y como escritor. Como escritor veo que ahora estoy muy apasionado y muy convencido de la necesidad de la honestidad y de la sinceridad de los sentimientos. Yo aprendo mucho del contacto con los lectores y por lo que me dicen, los lectores notan esa sinceridad en el libro. Notan que es una relación. Se nota que esta persona ha sufrido esto y ha tenido a su padre enfermo. Y como lo notan, lo llevan a su terreno y muchas veces hay lectores que tienen a sus padres enfermos o que los han tenido o que tienen miedo de tenerlos, eso prácticamente es una prueba al 100% de la población. O los has tenido, o los estás teniendo o tienes miedo de tenerlos enfermos. Entonces sí que genera una corriente de empatía y de identificación, de emoción entre el escritor y los lectores, que es la tinta invisible al final, que me parece que es muy positiva para el libro y para el impacto que tiene el libro en la gente. Eso como escritor, que me ha hecho amar aún más la honestidad y la sinceridad en la escritura.

Y como persona, me ha hecho entender que mi padre era algo más que mi padre. Es decir, que mi padre era una persona, porque yo durante toda la vida lo juzgué como mi padre únicamente, como si fuese un personaje con una única función. Fui muy injusto, porque pensaba que sus intenciones, pasiones, deseos, etcétera, no eran tan importantes como su rol como padre. Y ahora me he dado cuenta de que había mucho, y creo que es algo que también debe ser muy común en los hijos, que pensamos que un padre es nuestro padre y ya está. A veces tienes que esforzar para pensar que tu padre tiene más vida, más allá de eso, y que vivió antes de que tú nacieras. Y es algo que ahora incluso me da lástima el hecho de no haber escarbado más o haberme informado más sobre la vida de mi padre, más allá de ser mi padre. 

En el libro lo cuento al final, me entero de cómo conoció a mi madre, que aparece en la serie esta. Me entero de que, en el hospital, cuando se está muriendo, que vivió no sé cuántos meses en New Jersey. Digo, ¿cómo puede ser que me esté enterando de estas cosas esenciales de la vida de mi padre cuando se está muriendo? Eso obviamente es un fallo mío, porque no tuve la curiosidad suficiente para preguntarle. Y también explica mucho de cómo era mi padre, porque en vez de contarme eso, prefería contarme la vida de Edgar Allan Poe, en vez de contarme su vida. Bueno, pues son circunstancias, era sin duda una persona distinta y eso también ahora lo valoro mucho. En vida igual dije: me gustaría tener un padre más común, pero ahora valoro mucho su diferencia.

¿Crees que tenga un poco que ver con la generación a la cual pertenecía tu padre, que hubiera preferido contarte la historia de otros a contar la suya propia, y que te hayas enterado tú de alguna manera hasta que estaba a punto de perecer? 

Puede ser, puede ser, sí. Esta generación, esta idea un poco machista de que los hombres no hablan de sus sentimientos, no hablan de… Sí, puede ser, puede ser que sea así. Claro, yo es que soy completamente distinto. Además, porque yo soy una persona que habla mucho de sus sentimientos, pero, curiosamente, nunca con mi familia, solo con mi esposa, con mis amigos, pero con mi familia no. Mi familia… Claro, mi familia es curiosa porque descubre muchas cosas de su hermano, su hijo, en mis libros, porque yo lo cuento en mis libros, pero no se lo cuento a ellos.

Entonces, sí que es cierto que en mi casa se generó como una especie de corriente, de espiral… Hay un libro que yo estudié cuando estudiaba periodismo, de Elisabeth Noelle-Neumann, creo que era Espiral de silencio. Hablaba del nazismo, pero en mi casa había una espiral de silencio, porque como mis padres no hablaban de sus sentimientos, yo tampoco hablaba y me parecía raro, pero sí que tengo esa necesidad de hablarlo con el resto del mundo, e igual también es una parte de por qué me hice escritor, por qué necesito soltarlo, porque con ellos no podía hablarlo. Pero sí que probablemente sea por la generación de la que era él. Claro.

Digo, de alguna manera es un poco reduccionista decir la generación porque es un espectro bastante amplio, pero sí me interesaba saber. Al final, las circunstancias históricas dictaminan un poco cómo se van a comportar nuestros padres.

Y esto es muy interesante también, incluso pensando en los autores, en cómo juzgamos ahora los autores, autores igual del siglo XIX, que eran racistas, y lo juzgamos con la idea del 2025. Digo, claro: eran racistas, está muy mal, pero es que la sociedad era racista, todos eran racistas. No existía el no racismo.

Pienso en Mark Twain, por ejemplo. Es que Mark Twain era muy racista, claro, como todos en ese momento. Y es interesante también el hecho de decir: no, mira, es que una de las grandes mentes norteamericanas de la época era muy racista. Eso quiere decir que, claro, quiere decir cómo era la sociedad, pero no lo podemos juzgar con la idea del 2025, claro. Si Mark Twain escribiera ahora Huckleberry Finn, diríamos, hombre, a ver, esto no tiene sentido, entonces, pero claro, lo escribíamos en otro momento. De hecho, no pasaría ni siquiera el filtro. 

Pero no podemos pedirle a la gente de hace 200 años que piense como ahora. Y esa superioridad moral de, no, si yo viviera en aquella época, no, tú serías igual o peor.

Me gusta que hay mucho, por sobre todas las cosas, amor a la literatura en este libro. Pienso ahora cómo asocias con tu forma de ser escritor esos dos conceptos: el amor y la literatura. ¿Cómo los observas y, sobre todo, cómo los conjuntas? 

Yo suelo decir que para mí lo más importante en la vida es el amor y las historias, esas dos cosas. Y al mismo tiempo digo: creo que son la misma cosa, o que están muy relacionadas, porque para mí el amor significa compartir historias, son historias compartidas. Yo, si tengo una pareja, quiero contarle mis historias, y me pasa algo, o se me ocurre algo, o descubro un libro que me gusta, o descubro un autor, yo quiero contarle esas historias a mi pareja, a mis amigos, a la gente a la que quiero, y quiero escuchar sus historias. Y en el momento en el que ya no me apetece contarle las historias a mi pareja, por ejemplo, o a mis amigos, y ya no me apetece escuchar sus historias, es que esa gente va a dejar de ser mi pareja, o va a dejar de ser mis amigos. 

Entonces, para mí el amor es compartir historias. Creo que están muy relacionados y que a veces no nos damos cuenta de eso, porque pensamos, no, es que los libros son solo como ir a un museo de arte moderno, como alta cultura. No, las historias son algo muy cotidiano, y nos estamos contando historias constantemente, y los libros lo que te ayudan es a contar mejor historias y a entender mejor las historias, y a ser capaz de expresarte mejor, y eso es lo que hacen los libros, aparte de entretenerte y disfrutar, y de entenderte a ti mismo, y entender el mundo.

Esas pocas cosas que he dicho son lo que hacen los libros, pero ¿qué cosas hacen? Entenderte, entender el mundo, expresarte mejor, con lo cual pensar mejor, relacionarte, todo eso está en los libros. Incluso la gente que no lee nunca un libro se comunica a través de historias. Las historias le llegan a través de otro soporte, otras fuentes y otras maneras.

Tu libro puede leerse como un ensayo, pero también como un libro de memorias, pero también como muchas otras cosas. ¿Cómo lo escribiste tú, pensando en que fuera qué? Pero, sobre todo, ¿cómo lo han identificado los lectores?

Te puedo contar una anécdota al respecto. Este libro lo llevaron a la feria de Londres, mi editorial, para venderlo al extranjero. De momento se ha publicado en Italia, iba a salir en ruso, iba a salir en portugués de Brasil, y esperemos que haya alguna traducción más, pero son los que se han vendido hasta ahora.

Hicimos un dossier con un par de capítulos traducidos, un resumen de otro, y había una parte que era a qué libro se parece. Y entonces me preguntaron: Javi, ¿a qué libro se te parece? Y yo empecé a decir: pues me recuerda a este. No, pero ese es más biografías. Me recuerda a este. No, pero ese es más manual de literatura. No, me recuerda a este. No, pero ese es más de memorias. Me recuerda a este. Ese es más lo que sea.

Y les dije: Mira, pues entonces no se parece a ningún otro. Y me dijeron: pues tenemos un problema, porque para venderlo tienes que decir, este libro va a funcionar porque se parece a este otro. Y para mí eso es absurdo, porque lo interesante es que hagas algo que sea original. Y no quiero decir que este libro sea único, porque, por ejemplo, el otro día hablábamos, hablaba con Aura García-Junco, de la relación que tiene con su último libro, Dios fulmine a la que escriba sobre mí.

Evidentemente hay libros a los que se parecen. Pero yo siempre escribo lo que me apetece escribir y no pienso en qué género, en qué tal. Tengo muchas cosas, muchas lecturas en el inconsciente, pero no lo pienso. No pienso, voy a escribir este parecido tal. No. Al final del libro, en la bibliografía, digo la frase de Cormac McCarthy, de que todos los libros están hechos de otros libros. Pero eso no quiere decir que los recortemos. Lo que lo hace es nuestro cerebro. Hace una especie de puzle. 

Entonces, no lo pensé de ninguna forma. Pensé que era… Yo muchas veces digo, para mí es un libro de cuentacuentos. Me gusta la idea de coger las historias reales, las historias de las biografías y contarlas como si fuese Scheherezade en Las mil y una noches. Como contarle a un sultán imaginario esas historias de escritores. Es como si Scheherezade tuviese un reto extra: me tienes que contar la historia para que no te mate, pero que encima tiene que ser una historia de un escritor que vivió. Es un poco la historia que yo tenía en la cabeza. Pero no pensaba en etiquetas.

Igual lo pensé justo cuando iba a salir, diciendo: ay, Dios, ¿dónde lo van a etiquetar? Porque sí que he visto que en algunas librerías lo ponen entre crítica literaria, y para mí no encaja. Incluso creo que es como una dificultad extra para el lector, para el comprador, encontrarlo en crítica literaria.

Pero bueno, sí que es cierto que al final es que a mí no me gusta ir a una librería que esté clasificado por géneros. A mí me gusta que esté clasificado por editoriales, orden alfabético, lo que quieras, pero no por géneros. Porque no creo mucho en los géneros y creo que los géneros, sobre todo actualmente, están siendo muy reduccionistas y muy marketinianos. Esto del thriller, la novela romántica, como casi hechos con plantillas. Y no quiero decir que en todos los géneros hay obras buenas y obras malas. Pero sí que es cierto que están como muy pensados, se vende mucho esto, voy a hacer esto otro. Y a mí cada vez me gustan más los libros inclasificables y los libros, lo que decías tú, híbridos.

Que no sabes muy bien qué género es. Estos días en el Hay Festival Querétaro estaba hablando con Andrés Cota Hiriart, y me encanta su propuesta de literatura. Su idea como zoólogo, pero también como gran lector y escritor. Eso me parece muy interesante. Mencionaba también a Benjamín Labatut, que ha tenido tanto éxito con libros como Un verdor terrible o Maniac. O, por ejemplo, un escritor que a mí me fascina y que quizá es uno de los escritores que más me influye actualmente es Emmanuel Carrère, que tiene estos libros que tratan sobre él pero tratan sobre muchas cosas más.

Annie Ernaux, por ejemplo, es un ejemplo de autoficción, pero es de autoficción sobre ella y está muy bien y me gusta, pero es sobre ella. Mientras que Carrère es sobre él, pero también hay algún tema extra, normalmente. Me gustan mucho estos libros híbridos inclasificables y es un poco lo que más busco ahora en literatura y creo que es algo que está funcionando muy bien y que probablemente vaya a ir a más.

Leyendo tu libro, y pensando en otros libros ahora que también tú mencionabas algunos, pensaba que aquí hay una escritora mexicana Didi Gutiérrez, quien escribió un libro que se llama La alegría del padre. Me acordaba de él porque decías, en un principio, que estamos en esta etapa de la vida y que está enfermo nuestro padre o estuvo enfermo o tenemos miedo a que se enferme. Ella tiene miedo en ese momento a que se enferme su padre, y en ese camino recordaba una frase de Carlson McCullers que dice que cómo pueden los muertos estar realmente muertos cuando siguen de alguna manera las almas de aquellos que quedan atrás. La parafraseo porque siento que queda esa idea de tu padre, que no se va completamente, sino que está aquí en el libro y estoy seguro de que está un poco también contigo. ¿Cómo observas que las lectoras y los lectores encuentren esas cosas que quizá no vienen dentro de tu libro, pero que son evocaciones, sobre todo con temas tan complicados como lo es la muerte y que encuentren cierta esperanza de algo en tu libro?

Bueno, claro, cada uno lo evoca a su manera, lo lee a su manera. Yo sí estoy convencido de eso que decía Carson McCullers, pero no solo con los muertos, también con los vivos, con estas personas que desaparecen de tu vida de alguna forma exparejas o lo que sea, o ex amigos, o lo que sea, pero no se van definitivamente porque han dejado una huella en ti. Igual que en las lecturas muchas veces me preguntan sobre la cancelación, pero, si ya ha influido en la literatura universal, ¿qué sentido tiene cancelarlo? Ahora ya está, es parte de nosotros. 

Me refiero a autores muertos. cancelamos a Ernest Hemingway, pero está entre nosotros su literatura. Al final todo lo que vives está ahí para siempre, de alguna forma en mayor o menor medida, entonces, claro, obviamente las personas muertas las personas de tu entorno van a estar contigo hasta que tú te mueras y de alguna forma tú vas a mantenerlos vivos mientras tú vivas entonces. Me parece un poco melancólico, pero también esperanzador, claro, porque evidentemente el hecho de dejar una huella en otros es un poco también el sentido que tiene estar aquí; no sé si solamente vivimos para nosotros mismos y no pensando en interactuar. 

Yo creo que somos seres sociales, pero interactuadores: es imposible no pensar: ¿para qué escribimos los escritores? Para que alguien nos lea, para interactuar, y al final esa es la tinta invisible y está todo relacionado y eso sí, me parece esperanzador, pero al mismo tiempo melancólico y nostálgico. Todo lo esperanzador va a tener una parte de melancolía y de nostalgia. 

Por Demian García

Lector permanente. Devoto de la poesía y el fútbol. Escribo, hablo y habito en Revista Purgante, Interferencia IMER y Diario 24 Horas.