Categorías
Poesía

Pensamientos disonantes sobre lo natural

El tiempo no existe. Lo que llamamos tiempo es el movimiento de evolución de las cosas, pero el tiempo en sí no existe. O existe inmutable y en él nos trasladamos. El tiempo pasa demasiado deprisa y la vida es tan corta.

Un soplo de vida; Clarice Lispector.

I

Observaciones preliminares de lo natural

lluvia
vida orgánica que alimenta
abundancia que se traga la tierra

sol
luz estrella centro
madre de sombra-consecuencia
espacio en blanco por radiación
espera de noche
de creencia inagotable
otrora fuente de vida —a kilómetros de distancia
de esta tierra que te admira—
ardiente en completitud
expulsas energías, dios
mito de nacimiento
símbolo bélico
cada cual te representa
navegante de barcas
divinidad vinculada con la luna
siempre dios, criatura divina

flor
espejo en que te miras y creces
luz que brilla lejana
—que se alimenta de un alrededor y espacios de naturalidad

nube
forma disforme y blancagrisvioleta
que cubre un espacio eterno
y se configura a una reivindicación natural
de una ornamenta inabarcable

tierra
suelo fértil color ausencia
manta que filtra lamentos y vida
que sirve de hogar a cuerpos extintos

II

Extraña y sorpresiva reflexión póstuma de las observaciones

Son la tierra y esa nube,
la flor, nuestro sol y la lluvia
una fuerza acumulada por los años
y a un costado nuestros cuerpos
que se extinguen
por silencio

III

Reflexión acerca de una posible conclusión de una existencia acompañada

En la extinción próxima
[ni siquiera] parecía un humano
se había esfumado la posibilidad de permanencia
y había notado que pasar la vida entera
en un sólo sitio
parece insoportable

IV

Dudas que parlotean a las propias dudas de la existencia

¿Dónde pasaría yo las noches de nuestro porvenir?
¿De qué especie sería huésped?
¿La resignación puede escogerse o debe sufrirse como una fatalidad?
¿Es verdadera a extinción de la que se habla?

¿En verdad pertenecemos?

Una falla

V

Conclusiones meramente inconclusas, pero ciertamente dolorosas y finales

La tierra es capaz de tragarlo todo
y yo soy capaz de mirar el sol hasta la náusea.

Eso de que el tiempo lo cura todo es una enorme mentira.

No existe el silencio absoluto.

Entre los desechos no existen las jerarquías.

No es posible enterrar a los muertos mientras llueve.

Las nubes se deforman al avanzar y ser movidas por su viento.

Nos extinguimos en silencio, dando pasos, quebrando espejos, entre respiros fatigados.

En realidad todos estamos muertos todo el tiempo.

La crisis climática es un hecho.

En muchas cosas no nos parecemos ni a las nubes ni a la tierra ni a la lluvia ni a las flores.

Nada es inextinguible.

Necesitamos más silencio.

Todo esto no significa nada.

Por Demian García

Lector permanente. Devoto de la poesía y el fútbol. Escribo, hablo y habito en Revista Purgante, Interferencia IMER y Diario 24 Horas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *