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Un candado

¡Justicia! ¡Pido justicia para mi hijo! Por 20 soles me lo mataron a mi hijo, 20 soles no me lo van a devolver.

Me despierto a las 5 de la mañana para poder alcanzar el bus y me lleve a mi chamba, mi viejita ya me ha puesto mi lonchera en mi túper naranja, ese que le dio la señorita chinita, sabe que hay días donde no puedo ir por un menú, para acabar la chamba más rápido, para ganar más platita.
Ya le he dicho a mi primo que el tío de nuestra zona es puntual y que no debe preocuparse, “chamba es chamba, compadre”.
Él se fue al primer día de ver en dónde trabajo, no aguantó el webonazo.
Tomo mi cafecito, mi viejita sigue durmiendo. Ya no corre viento en su cuarto, tapé bien ese hoyo en el techo.
Antes de salir me pongo mi casaca verde limón, hace fío, no soy sonso.
El bus va muy apretado, la gente empuja y se queja todo el tiempo; esto no es nada, si vieran donde queda mi chamba.
Y aunque somos dos, el calor sube, a veces he llegado a casa con quemaduras en los brazos, pero por eso uso manga larga, “chamba es chamba, compadre”.
La señora que carga su bolsón rosado lleno de ropa se ha quedado dormida de nuevo, debió pasarse toda la noche tejiendo, segurito se va a gamarra.
No sé por qué mi primo se escandaliza, no es falso piso como mi casa, desnivelado y plaga de pulgas. Tenemos una banca, mesa que comparto con mi pata, cajas y muchas lijas.
Mi compadre siempre me actualiza de chistes, aunque serían mejor con una cervecita, sobre todo los picantes, esos que le cuenta a su costilla cuando van a un telo de 10 lucas.
La semana pasada nos dieron guantes, eso mejora el asunto, pero ni aun así mi primo regresó.
Esta chamba es recontra fácil. El muy pituco no aguanta ni un ceviche con ají.
No tengo mucho de dónde escoger, apenas acabé el colegio.
Le dije que sería solo por este año, pues mi chamba de DJ me va bien y ya tengo suficiente platita para parar la olla.
Apenas llevo 2 meses.
Cada vez soy más práctico al quitar los sticker con la lija, es cuestión de ponerse un trapo en la cara para no respirarlo, o si no toso por las noches y se preocupa mi viejita.
El bus continúa andando y recuerdo el calendario pegado en mi pared de adobe, pintado de celeste, estoy marcando los días hasta fin de año.
Tiene razón el cojudo de mi primo, echar llave no es para proteger la plata del dueño, no es para evitar un robo.
Siempre me pregunta si he leído la constitución.
Muchas veces, ha demorado minutos en abrirse los candados y mi pata se ha sentido ansioso, tuve que darle lo que quedaba de la botella de agua para calmarlo.
Bajo del bus y estoy cerca de mi chamba, saludo a mi pata, recién está tomando su quaker y por esas lagañas, seguro se ha quedado dormido en la combi.
Ayer le tocó botar las botellas verdes de vidrio llenas de orines, ya se está acostumbrando a usarlas sin roche.
Entramos a nuestro local de trabajo luego de subir los 5 pisos de la galería, todo está lleno de cables colgando. Hay pura reja y candado, parece que entráramos a una cárcel de máxima seguridad. Valemos más que toda esta mercadería.
Recuerdo la primera vez que vine, me perdí entre tanta caja metálica. Me dicen que no se van a venir abajo, que soporta bien, que no me webeé. Le di una patada para ver qué tan fuerte era, no se hizo nada, es más fuerte que mi chosita.
No piden muchos requisitos para trabajar, aquí solo duran quienes mantienen a sus fantasmas a línea. La firme, tengo miedo de morirme encerrado.
Suena el click del candado, aquí comienzan sus reglas, de ese pequeño jefe, que no acepta reclamos ni quejas. Es nuestro tombo, no necesita floro para que nos portemos bien.
Siempre salgo de mi casa cuando es de madrugada y regreso cuando es de noche. Solo veo la luz del día por espacio que está pegada al techo.
Este fin de semana le compro la nueva TV a mi viejita, ya tengo suficiente.

6 días no he podido pegar ojo, 6 días he esperado a que los bomberos pudieran entrar y me entregaran lo que resistió al incendio.
¡Quemaron vivo a mi hijo!
Siento ese olor como a olla quemada, tanto baño me he dado y no se va.
Pudieron rescatarlo cuando aún avisaba con ese tubo.
Estaba con su amigo en el último piso de la galería, nunca perdió la fe.
¡Sé que pudieron rescatarlo! ¡Yo misma lo hubiera hecho! ¡No me dejaron pasar!
Y el dueño de las llaves, bien tranquilo hablando con el bombero.
Ese mismito conocía el camino de la galería, a mí me llamó mi hijo por teléfono.
¡Nadie me lo rescataba!
¿Saben qué es llamar a tu hijo, pidiéndole paciencia que ya llegaron los bomberos porque está muerto de miedo, tener que oír que no tose mucho, no puede respirar y que se despide de su tía por celular. “¡Se ha quemado todo, ya me voy a morir, ya fue… ya fue!”?
Ya no respiraba mi hijito, lo encontraron abrazando a su amigo, encima de los fluorescentes, lo más arriba, bien arriba para resistir, esperando que los sacaran.
¡Le mataron a mi hijo! ¡Le mataron! Me lo entregaron en esta cajita roja.
Los tenían trabajando encerrados como animales, con candado y cadena bien grandota, amontonado de cajas. ¡Como perros!
¡Justicia! ¡Pido justicia para mi hijo!
Por 20 soles me lo mataron a mi hijo, 20 soles no me lo van a devolver.

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