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Hola, Cruz Azul

La capacidad de este equipo de reinventarse es increíble, no somos fieles ni leales… somos cruzazulinos.

Desde hace días estoy que te cuento mi historia para sacar un poco de la emoción que he sentido los últimos 6 meses contigo.

No es un secreto, nos has llevado del cielo al suelo y viceversa. Pero, como siempre, aquí nos tienes.

Te voy a contar que en mi familia somos cruzazulinos de 3 generaciones. Mi abuela defendía a Miguel Marín de los que le aventaban tostones en Neza; mi padre y nosotros somos fieles seguidores tuyos. Desde pequeños sentimos tus colores, nos emocionamos con tus partidos y te defendemos. Habrá que reconocer, hace unos años faltaban argumentos, pero nunca lealtad.

De niño fui muy nervioso, así que para el cobro de penal de Hermosillo me fui a esconder al baño y regrese corriendo cuando escuché que había entrado el gol.

De Necaxa ni hablo, era un equipazo.

En 1999, tocaba en una orquesta y la fecha coincidió con un concierto de navidad. Por lo que solo llegué a los tiempos extra a casa del compadre de mi papá a ver el agónico final contra Pachuca. No nos llevamos la Copa, pero peleamos siempre y estuvimos ahí para ti.

En 2001, no solo emocionaste a los míos, todos fuimos Cruz Azul con tu gloriosa participación en la Copa Libertadores. Tus partidos contra Rosario, River y Boca, tu récord de asistencia al Estadio Azteca, tu espectacular juego y tu victoria en la Bombonera: NO SE OLVIDAN.

En 2008, habrá que reconocerlo, Santos era el mejor equipo del país. Tenía una plantilla plagada de buenos jugadores, en su mejor momento todos, y perdimos con el balón y toda justicia, pero seguiste estando ahí, en el sitio que a tu historia corresponde. Seguimos contigo.

La final de diciembre del 2008 me hizo llorar por primera y única vez por ti. Pocos meses antes había fallecido mi madre y un día antes del partido de vuelta en Toluca, mi hermano vivía su primer cumpleaños sin ella. Quería la Copa para aliviar un poco el trago amargo y darle una dosis de felicidad. Hiciste todo lo que era necesario, remontar, ir a hacer ver mal a otro Toluca de época. Acá nunca nos hemos quejado de arbitrajes ni temas extra cancha, pero esa vez fue tan injusto y tan doloroso, que lloré y renegué, no era cosa tuya. Ya pasados unos meses regresé a apoyarte.

En 2009, pasaron cosas incomprensibles. Pareciera que la ansiedad venció y dejaste ir tú ventaja en la ida y, en la vuelta, Rayados hizo un partidazo y se nos escapó la copa, de nuevo, en ese bonito Estadio Azul que visité un par de veces para alentarte.

En 2013, vino la hecatombe. Yo estaba en el estadio cuando todo pasó. Pocos lo han contado así, pero el juego lo ganaron desde la grada, los fanáticos de América alentaron a tal grado que las vibraciones llegaron a la cancha. Lo demás es historia, vino una etapa muy gris.

En 2015, cuando estabas en los últimos sitios de la tabla, mi hermano y yo te fuimos a ver. De esa experiencia queda un texto en purgante y la idea de alentarte en donde estés, con la misma energía, porque siempre regresas a tu sitio.

Los jugadores llegaban por cascadas, transacciones y transacciones, pero no había amor a los colores. Luego algo empezó a transformarse y retomaste tu proyecto. Cruz Azul, en todo ese tiempo no dejamos de apoyarte y ver los partidos, semana tras semana, celebrar todos los goles y poner la cara por derrotas dolorosas e inverosímiles.

En 2018, otra final en diciembre, me agarraste ataviado con la celeste junto a los míos. Te vi temeroso y con dudas, temías ganar y terminaste perdiendo, no contra el rival, sino de nuevo contra ti mismo. Al día siguiente nos volvimos a poner la playera orgullosos de tu escudo.

En diciembre pasado, algo se había quebrado. Por primera vez, sentí desánimo de ti y me prometí no usar la playera hasta que te viera renacer. Fue más la curiosidad, porque antes de la jornada 1 ya estaba haciendo corajes con tus refuerzos y entrenador. No pude dejarte.Pasaron pocas semanas y diste la vuelta, me volviste a llamar la atención, en pocos partidos me hiciste volver a verte en la tele, te colocaste en mi agenda semanal y me callaste la boca. 8, 10 y 12 partidos seguidos ganados. Y aquí me tienes, de nuevo. En vísperas de otra final de vuelta.

La esencia del juego es ganar aunque muchas veces es injusto porque solo gana uno y a veces no es el mejor, pero así es, como en la vida. Insistir, perseverar, durar y alcanzar. Y así hemos estado, insistiendo, insistiendo y tocando a la puerta que se tendrá que abrir con este camino.

Cruz Azul, tus jugadores ya triunfaron esta campaña, hicieron que el niño que se escondió en el baño para el gol de Hermosillo en el 97, volviera a sentarse frente a la tele. Me identifiqué con la historia del pequeño que fue al estadio, abrazara a su papá y le gritara que lo ama. Qué ganas ayer de correr por los míos y salir a cantarte serenata.

Decir que no quiero o espero el campeonato es una mentira, no esperar nada es falaz, queremos todo y la gloria, pero hay modos para todo. Ustedes entréguense, den todo, sean profesionales, cabeza fría, concentrados y disfruten como cuando eran niños. La capacidad de este equipo de reinventarse es increíble, no somos fieles ni leales… somos cruzazulinos.

Nosotros mañana vamos a seguir siendo Cruz Azul, vamos a seguir estando con los colores, vistiendo la playera y alentando, porque nos devolvieron la ilusión con su pundonor.

Si de algo sirve, también háganlo por nosotros, miren cuánta gente los sigue, las serenatas, los mensajes de apoyo, la algarabía, el sueño. Mi hermano y mi padre, mi abuela y mis tías, los que perdieron a alguien en este camino, los que lo llevan en una playera o en el corazón, somos una familia gigante, porque eso es este equipo, el gigante dormido.

Yo soy celeste, Cruz Azul y voy a estar sentado frente a la tele a las 8:15 pm esperando ver a mi equipo correr hasta el último balón y al final quedaremos satisfecho por ese esfuerzo.

Abrazo y éxito.

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