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Elena Marcos: «Viajar es una forma de crear nostalgias por sitios nuevos»

Gato con sombrero, de Elena Marcos, es un relato sobre la vergüenza vacacional y el turismo de clase, sobre el placer y el deber, y sobre cómo ahogar el sentimiento de culpa en diazepam y margaritas.

Tras la publicación del más reciente título de Ediciones Menguantes, le propusimos a la autora del libro un cuestionario con 15 preguntas rápidas.

¿Qué es para ti viajar y para qué crees que sirve?

Es una experiencia ambigua. Por un lado, para mí viajar viene de una necesidad de cambiar de escenario, casi como una forma de escapar. Luego, mientras viajas –mientras viajo– todo parece mundano y vacío, y es solo después, de vuelta en lo conocido, cuando te inventas un recuerdo o un significado del viaje. En ese sentido, viajar sirve para crear recuerdos y reflexiones, y funciona solo a posteriori. Así que para que viajar sirva de algo hay que dejar de viajar, lo cual me parece muy confuso. 

Es posible que viajar sea una forma de crear nostalgias por sitios nuevos; si uno se para a pensarlo, es un peligro total. 

Un destino al que no irías nunca.

No creo que haya un sitio al que no iría nunca. Soy una persona muy influenciable, incluso cuando nadie trata de influenciarme. Del estilo si tú me dices ven, lo dejo todo. Por ejemplo, cuando leí Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer me dieron unas ganas inmensas de irme de crucero, aunque estoy 99 % segura de que no era la intención del autor (a no ser que el texto fuese en realidad publicidad encubierta a través de mensajes subliminales, en cuyo caso solo puedo decir: ¡maldito seas, David Foster Wallace!). En resumen: soy lo suficientemente inconsciente como para meterme en cualquier sitio. 

No te importaría ir a vivir a …

Ojalá a Buenos Aires, pero ahora mismo me da que no. A cualquier pueblo con mar y casas con galerías de madera. 

Un libro que hayas releído.

No soy de repetir lecturas porque me provoca una angustia horrible ser poco productiva (fatal). Y es raro porque, en realidad, soy una persona muy de repetir cosas. Cuando era adolescente sí que leía y releía. En 2007 debí leer Cosas que hacen Bum de Kiko Amat como cinco veces. Luego Just Kids de Patti Smith otras tantas. Recientemente he releído Mirarse de frente de Vivian Gornick, pero no cuenta porque es cortito. 

Uno que no pudiste acabar.

2666. Dejé de leer en la parte de los crímenes porque estaba convencida de que si seguía iba a pasar algo terrible y, a día de hoy, tocar ese libro todavía me da escalofríos. 

Un personaje de la literatura que te parezca imprescindible.

Madame Bovary. 

Te defines como alguien …

Cuyo cerebro funciona como una jaula de monos. Entusiasta rozando el cinismo. También soy bastante anacrónica. 

Te saca de tus casillas …

El aburrimiento. La cerrazón. 

Algo que te gusta/Algo que cambiarías del lugar donde vives.

De Berlín me gustan las multitudes. Me gusta la posibilidad de hacer lo que te dé la gana o de no hacer absolutamente nada. Cambiaría los alquileres altísimos, las start-ups con CEOs maníacos del crossfit, y esas pequeñas cosas que hacen que todas las capitales acaben pareciendo la misma y que le dan a una ganas de quemar la ciudad hasta los cimientos. Tampoco me entusiasman esas playas artificiales en los lagos, con bar, hamacas y vigilantes que persiguen en canoa a cualquiera que se bañe fuera de la zona delimitada. 

¿Son útiles las redes sociales en tu escritura?

No en la escritura propiamente dicha. Luego, con los referentes y la información, pues sí y no. No, si miento y sigo diciendo que no tengo redes sociales. Sí, si reconozco que en realidad tengo un Instagram fantasma precisamente para eso. Vamos, que sí y que soy un fraude. 

¿Qué parte de tu libro te costó más escribir?

El final, porque es cuando tienes que entender qué demonios es lo que has hecho en las páginas anteriores. Parece fácil, pero no lo es. 

¿Qué parte disfrutaste más?

Toda la escritura del primer borrador. Iba por la calle como una loca escribiendo cosas que se me ocurrían y me meaba de risa yo sola. Fue muy vergonzoso, pero muy divertido. Luego corregir ya fue otra cosa. 

Un disco que te llevarías a una isla desierta. Uno que quemarías.

Me llevaría Still Cruisin’ de los Beach Boys porque es tropical, divertido y paradisíaco. Aunque pensándolo bien, estar todo el día sola escuchando Kokomo no iba a ser ni tropical, ni divertido, ni paradisíaco. 

No soy fan de quemar discos porque lo asocio con esa gente que hacía hogueras porque no sé qué canción al revés sonaba como “el diablo es un magnífico”, pero entiendo que la pregunta es obligatoria, así que, aún a riesgo de ser demasiado obvia: cualquiera de Phil Collins. 

Una canción que te sepas de memoria.

¡Muchísimas! La última que he cantado entera y a grito pelado era La gata bajo la lluvia

Una frase a la que acudes a menudo.

¡Es como darle a un mono una pistola! (aunque lo cierto es que no suele serlo). 

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