Tomás Araya

Cuento de pandemia

Me asomé por la ventana para intentar adivinar el piso de dónde venía, pero nada, solo había más gente como yo asomada, y de los edificios de enfrente también. Por ahí escuchaba que una señora decía “Pero qué horror por dios, cómo puede ser que uno tenga que estar escuchando esto todos los días”, yo podría jurar que era la primera vez que estos gritos sonaban.