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Chantal Flores: «Es difícil en el ecosistema actual de los medios hacer un reportaje»

En Huecos, la periodista mexicana Chantal Flores se siente a la mesa con seis mujeres afectadas por la ausencia forzada de hijos, hijas, hermanos y esposos, en lugares tan disímiles como México, Colombia, Bosnia, Kosovo y Serbia. 

Táctica cruel para generar terror en la sociedad, la desaparición forzada es un crimen de lesa humanidad que transgrede los derechos humanos. Se trata de un problema a nivel mundial que no solo afecta a las familias de los desaparecidos, también crea grietas al interior de la sociedad, infectada por una preocupante sensación de inseguridad. 

Ante las ausencias imprevistas del ser amado, la comunidad se va quebrando, el dolor inunda las vidas de los familiares que comienzan búsquedas eternas en desiertos y basureros, con la esperanza de encontrar certeza, alguna pista, un cuerpo que confirme la desgracia. Las desapariciones provocan huecos, vacíos de aflicción que solo pueden contrarrestarse con el amor infinito de madres, hermanas y abuelas que todos los días escudriñan, sobreviven, en contextos plagados de injusticia. 

En Huecos (Dharma Books, 2024), la periodista mexicana Chantal Flores ahonda en este doloroso tema de una forma muy humana, sentándose a la mesa y conviviendo con seis mujeres afectadas por la ausencia forzada de hijos, hijas, hermanos y esposos, en lugares tan disímiles como México, Colombia, Bosnia, Kosovo y Serbia. 

¿Cómo brota una historia para ti, Chantal: una imagen, una frase, una experiencia?

Este proceso ha ido evolucionando conforme tengo una mayor comprensión y aceptación de mi proceso mental. Un reto que sigo enfrentando es el entender cómo funciona mi mente porque choca mucho con las formas y tiempos del exterior, lo cual me ha causado estrés y dolor, y ha afectado la percepción de mí misma. Y menciono esto porque al vivir así mis procesos mentales por mucho tiempo deseché historias, o ángulos, creyendo que no eran ‘aptos’ porque no lograba posicionarlos en el exterior (De hecho, creo que muy poca gente entendía lo que estaba haciendo cuando realizaba Huecos). Por ejemplo, tengo una facilidad de ir a lo ‘oscuro’ y eso me asusta. Ahora comprendo que mi mente al observar, leer, o escuchar algo hace inmediatamente una captura — un screenshot— de esa imagen, frase o experiencia y percibe simultáneamente casi todas las caras del prisma, lo cual puede ser abrumador y traer una gran carga emocional. Me satura y muchas veces colapso, o me aíslo de tanto… Pero ahora ya logro identificar que es ahí donde inicia para mí el proceso de indagar. Soy partidaria de lo lento y lo profundo, lo cual es difícil de sostener, pero creo que este método me ha llevado a identificar “las capas” de la realidad que usualmente no se logran ver si solo se sigue el estímulo inicial. 

Creo es importante recalcar que los niveles y tipos de violencia que he observado en mis coberturas me ha empujado a esto. Es un estira y afloja constante cuando cubres una realidad con tantas violencias y dolores desarrollándose al mismo tiempo que lo lineal ya no funciona, al menos para mí.

¿De dónde nace Huecos y en qué momento decides convertir este tema en libro?

Huecos nace en 2015 cuando un medio conocido, que ya no existe, me dice que no pueden publicar mi reportaje de 8 mil palabras (sí me excedí, lo reconozco) sobre lo que en aquel entonces era el principio de un movimiento nacional de familias buscando a sus seres queridos en predios y fosas clandestinas. Me dijeron que sólo cierto periodista de renombre, obvio hombre, tenía espacio para esas palabras. Así que decidí yo misma crear un espacio para lo que yo quería contar bajo mis propios términos, sin tener que seguir una línea editorial. 

Por mucho tiempo se sintió que estaba realizando un reportaje larguísimo hasta que empecé a leer sobre cómo otros países enfrentaban esto y vi que lo que me estaban compartiendo las familias aquí en México merecía un formato más largo y digno como el libro. Pero realmente Huecos, como existe ahorita, nace en 2019 después de mi primer viaje a los Balcanes. Ahí las señoras me entrevistaban primero sobre mi vida personal y sobre las familias en México. Esto fue una experiencia muy significativa para mí —el poder compartirles cómo otras personas al otro lado del mundo estaban pasando por cosas similares a ellas— y fue ahí donde decidí que Huecos fuera un lugar de encuentro entre ellas y compartieran sus experiencias.

¿Cómo fue el proceso de acercamiento a las historias y testimonios?

Para mí fue un proceso muy natural, de seguir mi intuición, y sobre todo de atreverme a moverme más allá de lo que me indicaba donde estaba lo ‘noticioso’. Usualmente cuando llegaba a un lugar había otros periodistas, o se acababa de ir un grupo de periodistas, entonces yo no podía llegar y hacer lo mismo porque iba a obtener la misma información. Muchas de las familias que deciden dar entrevista ya traen un discurso memorizado, ya sea por tanto que lo han repetido a medios, o porque tener esa narrativa fija les da algo de control sobre la entrevista, o porque con el paso de los años la memoria se complica y contarla de esa manera les da tranquilidad. Esto no sucede en todos los casos, pero sí hay familias que con tanta interacción con los medios ya tiene, por así decirlo, una coraza que se activa. Yo quería ver qué pasaba cuando nos íbamos los periodistas. 

Claro que no siempre lo logré porque yo —la periodista— seguí estando ahí, pero creo que sí me permitió observar más allá de la desaparición, la búsqueda, las exigencias… Se logró porque las mujeres que forman parte de Huecos me permitieron ver eso cuando yo fui transparente sobre mis intenciones y clara sobre el tiempo que me iba a llevar. Honestamente, yo siempre me pregunto por qué alguien acepta hablar conmigo y confiar de esa manera partes tan trascendentes de sus vidas. Por esto me es difícil contestar esta pregunta porque el acercarme a las personas que crearon Huecos fue algo que siempre se sintió muy natural. 

¿Cómo decidiste la estructura que utilizas en Huecos?

Eso fue lo más complicado. Tenía tanto que acomodar tras casi nueve años, pero mucho era de los procesos de búsqueda e identificación de restos y yo no quería que ese fuera el centro del libro. Este trabajo me afectó tanto que había noches que me despertaba súbitamente con una imagen pegada en mi frente. A veces era tan potente, o inquietante, que tenía que levantarme a escribir lo que me causaba esa imagen. Y esto me empezó a frustrar mucho porque sentía que sólo tenía “pedazos”, o fragmentos, que no lograba completar ni un capítulo o “contar bien” las historias. Intentaba resolverlo buscando más fuentes —académicas, autoridades (que obvio nunca contestaron), más familias— para intentar completar, pero se sentía inútil. Fue hasta que empecé a trabajar con el editor Diego Fonseca que le platiqué un poco de mis frustraciones y él me dijo que por qué no usaba la viñeta. Para mí eso fue cómo sentir un permiso. No era sólo que estaba en una postura rígida en cuanto a mi estilo de escribir, era también el peso de lo que pretendía contar. Me daba mucho miedo afectar a estas familias aún más. Por años, hubo gente que me sugirió contarlo como ficción cuando veían que no lograba terminar este proyecto. Yo me enojaba mucho porque les decía que lo que observaba era suficiente para construir y mostrar esta realidad tan compleja. Fue en ese momento que escuché “viñetas” que me di cuenta que no era que yo no pudiera contar esto, pero que justo inherente al objetivo de ‘desaparecer’ se encuentra el acto de obstaculizar cómo contar sus vidas y sus ausencias, interrumpiendo sus historias y fragmentándolas. Es este esfuerzo sistemático por anular cualquier posibilidad de contar lo que eran y son estas personas desaparecidas, de hacerlos presentes. Y creo que Huecos logra a pesar de todo armar algo a través de los fragmentos de vida que estas seis mujeres compartieron conmigo. Siento que entre todas logramos tejerlo. 

¿Hubo algún momento en que el peso emocional de la situación te obligara a detenerte, Chantal?

Muchas veces. El impacto de hacer este tipo de trabajo periodístico, tan inmersivo y a largo plazo, trastoca muchas áreas de tu vida. La desaparición forzada por naturaleza tiende a estar alejada de la sociedad. El mensaje implícito es “si te portas bien, a ti no te va a pasar esto”. Entonces la sociedad se aleja creyendo ingenuamente que nunca les va a pasar o los va a tocar. Pero eventualmente se acerca más a una. Cada vez conozco a más gente en horario no laboral, por así decirlo, y me comparten que conocen a alguien que desapareció. Pero este aislamiento y estigma que va de la mano con la desaparición hizo que mi trabajo fuera difícil de compartir, o incluso ser comprendido, por mi entorno o círculos cercanos. A pesar de que tuve mucho apoyo de mi familia y amigos, fue un proceso muy solitario y los dolores que me causaba decidía no compartirlos porque al final del día la desaparición no me estaba ocurriendo a mí. Pero me dolía bastante y llegó un punto donde sentí que me estaba destrozando. Y ahí dije: o escribo o vivo con esto y la sensación de que la realidad me ganó. Resultó que escribir, a pesar que demandaba revivir y repasar momentos muy fuerte de la cobertura, era menos doloroso que quedarme yo con todo guardado en mi computadora y cuerpo. 

¿Cómo dialoga Huecos con la realidad actual de México?

Desafortunadamente, Huecos dialoga diaria y directamente con lo que sucede actualmente en nuestro país. Las desapariciones que ocurrieron en años pasados no han terminado porque “ya ocurrieron”.  La búsqueda es obligatoria. Recuerdo que conforme más me tardaba en terminarlo, más me estresaba que ya no “iba a ser relevante” (un poco de las malicias del chip periodístico). Pero las desapariciones siguen ocurriendo. Cada vez hay un mayor esfuerzo gubernamental por minimizar o desmeritar los testimonios de las familias. Se niega la existencia de la desaparición forzada, afirmando que estos hechos suceden solo por el crimen organizado, negando así la responsabilidad del Estado. Huecos aborda el impacto de esta crisis institucional y forense, narra cómo las familias han asumido el rol del Estado y creo que transmite cómo coexisten en una sociedad que se aferra a una normalidad donde la violencia y la desconexión con el dolor de los otros ya están profundamente arraigados. 

¿Qué te dejó personalmente escribir este trabajo?

Huecos transformó por completo mi forma de ver al ser humano, mi forma de hacer periodismo y la forma en que veo mi participación o complicidad con las violencias que ocurren en mi entorno. Creo esta última ha sido la más difícil de enfrentar. Pero lo que sí rescato es cómo modificó mi forma de realizar entrevistas, y de investigar y tratar las historias. Es difícil en el ecosistema actual de los medios hacer un reportaje como realmente una quisiera, pero creo que son pequeños cambios que pueden llevar a un periodismo más respetuoso de las experiencias de las personas que nos permiten escribir sobre ellas. 

¿Cuáles autoras o autores han influido en tu escritura y estilo?

Svetlana Aleksiévich y Joan Didion fueron un parteaguas para mí. Cuando las leí sentí que se me abrió un mundo de posibilidades y me atrevo a decir hasta que sentí como que me daban permiso de hacer cosas que sentía que yo quería hacer con mi escritura. Pero más que autoras, creo que yo me voy más por las obras. Cartucho de Nellie Campobello es un libro que siempre mi mente lo vuelve a sacar porque fue de las primera veces que leí a alguien escribir sobre mi norte, pero aparte su vigencia y valor después de tantos años es increíble cómo resuena todavía. Roza Tumba Quema de Claudia Hernández también fue un libro que me sacudió mucho y me mostró caminos que yo no me había atrevido a explorar. 

¿Qué opinas del momento actual de la literatura mexicana?

Peco de leer mucho en inglés porque en el periodismo donde he encontrado más oportunidades es en el mercado anglosajón y siento que así me mantengo actualizada. Pero ya llevo tiempo intentando leer más en español y literatura, y sobre todo literatura mexicana. Por lo poco que voy leyendo, me gusta ver la descentralización que ha ocurrido aunque sí creo que la mayor visibilidad sigue estando en el centro del país y también he notado formatos más híbridos lo cual es interesante. Sí creo que falta mucho valorar la no ficción realizada por periodistas y el trabajo (años, recursos, etc.) que conlleva eso. Pero bueno, ahorita estoy leyendo Furia de Clyo Mendoza que desde hace tiempo traía ganas por recomendaciones y estoy apreciando mucho su forma de narrar las violencias y cómo exige mi atención por eso voy medio lento.

¿Cuál consejo le darías a quien busca publicar su primer libro?

Sólo me siento capaz de dar consejos sobre libros de no ficción. Lo principal para mí es que más que pensar en cómo completar el libro es pensar sobre cómo acercarse y conversar/entrevistar a las personas que serán parte del libro. Hace mucha falta aprender a entrevistar lento, respetando los procesos de las personas y también el de una misma. Sobre todo, hace falta mucha información sobre cómo entrevistar con conocimiento previo sobre el impacto del trauma. Asimismo, creo que es de suma importancia poder responder por qué quieres publicar. Si la respuesta va por dinero, popularidad, prestigio…para mí personalmente no va por ahí sobre todo por la responsabilidad de contar y transmitir este tipo de historias. 

¿Qué viene para ti, Chantal? ¿Qué estás escribiendo ahora?

No lo tengo muy claro. Después de que se publicó Huecos, se me vino un duelo muy pesado y silencioso. No tenía la solvencia económica como para tomar una pausa después de un proyecto de tantos años, tuve que seguir como en piloto automático haciendo periodismo y creo que eso no me ha permitido reflexionar sobre esta pregunta. 

Recientemente lanzamos la plataforma Mapping Abscence, la cual me ha permitido seguir reflexionando sobre la desaparición forzada a nivel global. Para Huecos, tuve que extraer la desaparición de lo macro para centrar esa mirada microscópica en las familias. Pero, por ejemplo, no pude profundizar mucho en masacres y genocidios, a pesar de que menciono a las mujeres de Srebrenica. Entonces por el momento estoy de nuevo observando los circuitos de violencia a través de mis coberturas diarias y buscando recursos para investigar a fondo ciertos aspectos, como la participación de las mujeres en estas violencias. 

Por Armando Navarro Rodríguez

Periodista. Cinéfilo y lector empedernido. Escribe sobre cine, arte y literatura.