El narrador y ensayista Enrique Serna (Ciudad de México, 1959) regresa a los espacios de la ficción histórica con El dios hambriento (Alfaguara, 2026): novela que indaga en alternativas cotidianas de los mexicas de Tenochtitlan y los acolhuas de Texcoco en el Año 3 Conejo (1430); a través de un discurso narrativo sumergido en distintas perspectivas de voces superpuestas (la colectiva, la de personajes marginados, los ecos de una hechicera lesbiana…), se develan recelosas referencias de las maquinaciones cortesanas entre Nezahualcóyotl –Rey Poeta de Texcoco– y Tlacaélel –hermano de Moctezuma y consejero del rey mexica Itzcóatl– a quien la comunidad le atribuye ser portavoz del dios Huitzilopochtli.
El autor de trascendentes novelas históricas que lo han hecho acreedor del Premio Jorge Ibargüengoitia 2025 —El seductor de la patria (1999), Ángeles del abismo(2004) y El vendedor de silencio (Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 2019)– no incursiona en el derrumbe del mundo prehispánico –como lo han hecho otras fabulaciones de corte histórico–, y se sumerge en los avatares de los orígenes del sorprendente dominio mexica caracterizado por querellas hereditarias y confabulaciones palaciegas, las cuales derivaron en un régimen en que el poder político emanaba de Dios: autoritaria teocracia donde los gobernante actuaban en nombre de una divinidad.
“Estuve cinco años totalmente absorbido por lecturas del periodo mesoamericano, además de un año de estudio del náhuatl; topé con diferentes encrucijadas y enigmas: de ahí nació la estimulación para escribir esta novela. Uno de los principales misterios está en las razones de la guerra ficticia sin sangre, donde los mexicas obligan a los acolhuas para que se declararan perdedores: se destruye el Templo Mayor de Texcoco y los mexicas aparecen como los más poderosos. Episodio que encarnó una deshonra, una humillación, para Nezahualcóyotl, quien les había sido leal. Quise recrear la rivalidad del consejero supremo Tlacaélel con su primo Nezahualcóyotl, jefe del ejército acolhua, quien gozaba de formidable popularidad en Tenochtitlan. Los historiadores están de acuerdo en que Nezahualcóyotl no debió haber aceptado esa humillación y a mí me surgió la pregunta que da pie a esta novela”, explicó en entrevista Enrique Serna, también autor de la aclamada novela La sangre erguida (Premio Antonin Artaud 2011).
¿La ficción puede consumar lo que la historia no logra exponer?
En este caso, ningún historiador ha corrido la cortina de la verdad de la humillación de Nezahualcóyotl, quien era un aliado de los mexicas: por qué le infligieron ese acto tan denigrante; entonces recurrí a la ficción y trazo una intriga palaciega de lo que pudo haber sucedido cuando se lacera el honor del tlatoani Itzcóatl que ponderaba confianza absoluta a Nezahualcóyotl.
¿Los entresijos del poder, eje central de esta novela?
La lucha por el poder es un ímpetu que no ha tenido cambios a través de la historia. Me interesaba indagar en la estructura de las pasiones que derivaron en el trance, en la pugna cortesana entre Tlacaélel y Nezahualcóyotl.
¿Thriller ambientado en la época prehispánica?
Me interesaba explorar en los patrimonios y contradicciones de esa época, sobre todo en la rivalidad de dos gobernantes, que además eran primos: Nezahualcóyotl y Tlacaélel. Hay en la relación narrativa de esos trances cierta atmósfera tomada del thriller.
¿Qué diferencia existe entre ‘ficción histórica’ y la ‘historia’?
Un historiador proporciona referencias del pasado; sin embargo, la novela histórica hace una invitación a soñar ese pasado: nosotros los novelistas tenemos un curioso espacio de libertad creativa, apelamos a la licencia para hurgar en el alma de los personajes: una novela rastrea con más hondura en las incitaciones. El historiador está obligado a reconstruir el pasado; la ficción, a fantasearlo.
¿Dos personajes femeninos ficticios entran en la novela?
Así es, incluyo a dos mujeres: Quilaxtli, una esclava; y Chimalma, una princesa, hermana de Nezahualcóyotl, quienes, desde una suerte de destierro, experimentan una autonomía que le estaba negada a las mujeres. La superioridad despótica de la egolatría masculina en todos los protocolos del poder impedía la plenitud de los actos femeninos. Presento dos mujeres osadas, perspicaces que logran tener la misma preponderancia que asumían los varones.
Quilaztli es un personaje que podría ser protagonista de una fabulosa novela. ¿Ha pensado en esa posibilidad?
Ella es una esclava que incursiona en la brujería y luego en la prostitución, antes de liberarse y llegar a ser amante de Chimalma. Representa la marginalidad donde era imposible forjar un destino propio. Sí, es un personaje de ricos matices, en mis novelas aparecen siempre criaturas desafiantes y complejas. Quería escribir una novela en la que los protagonistas tuvieran la posibilidad de manejar su destino: acto al que sólo podían acceder los nobles; Quilaztli rompe con las presiones sociales, que eran muy imperativas, y desde el libre albedrío edifica su andar.
Dos novelas muy populares abordan la conquista de Mexico: El corazón de piedra verde, del español, Salvador de Madariaga; y Azteca, del estadounidense Gary Jennings. ¿Por qué El dios hambriento se interna en otras rutas?
Desde niño me ha fascinado el mundo prehispánico: las visitas que hice con mi madre al Museo de Antropología fueron determinantes en mi atracción por Mesoamérica. Esta novela revela el sueño de ese niño asombrado por lo prehispánico. Mencionas dos relatos históricos muy populares sobre la conquista que ofrecen detalles de la derrota y destrucción de Tenochtitlán y sus reinos aliados, así como del surgimiento de una nueva nación: insisto en que la narrativa mexicana ha estado en deuda con nuestro pasado remoto; la Conquista no es el único episodio que puede ser novelado, decidí romper con eso y escarbar en las maquinaciones del poder en el mundo mexica. El México antiguo es una fuente sorprendente de temas para la novela histórica.
¿Apuesta usted por un relato político donde se hace visible la crueldad en los espacios prehispánicos?
El dios hambriento es una novela política centrada en las luchas por el poder en que la teocracia juega un papel clave. Estoy de acuerdo, en el México antiguo había un apego a la crueldad; pero, yo me detengo también en una propensión hacia la civilización, encarnada en la novela por Nezahualcóyotl. Brutalidad y rutas que buscan elementos de progreso: el lector deberá discriminar nuestro complejo legado histórico y ver lo positivo que debemos atesorar.
¿Hay una suerte de ‘olvido’ del pasado prehispánico?
Creo que lastimosamente, el portentoso pasado de México tiende a nublarse. Qué bueno que exista el Museo Nacional de Antropología, recinto que ha rescatado mucho de nuestros orígenes; sin embargo, lamentablemente algunos factores de ese maravilloso horizonte han desaparecido: por ejemplo, la ruina del gran Tenochtitlan, que es algo terrible.
¿Novela donde el ‘habla’ de los personajes juega un papel axiomático?
Mis novelas son coloquiales, aquí no pierdo esa perspectiva lingüística y estilística. Es la primera vez donde los personajes despliegan un lenguaje que no es el mío. He intentado actualizar el pasado desde un discurso narrativo transparente y quizás experimental en la opción de un habla marcada por la hibridez entre el español y el náhuatl.
Ficha
El dios hambriento
Autor: Enrique Serna
Género: Novela histórica
Editorial: Alfaguara, 2026
La novela se presenta el próximo 10 de septiembre, a las 19:00 horas, en la Librería Elena Garro de Coyoacán.


