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Elma Correa: «Me interesan las complejidades de las relaciones entre las mujeres»

En conversación con Revista Purgante, Elma Correa reflexiona sobre el poder de la ficción para reinventar la memoria, el significado de recibir uno de los galardones más prestigiosos en lengua española y los proyectos que comienzan a tomar forma, mientras su novela sigue encontrando nuevos lectores.

Elisa y Aimé son dos niñas con una amistad entrañable; juegan y exploran su entorno en el ambiente áspero de una frontera en permanente tensión. Un evento traumático quebrará su infancia y marcará para siempre a su comunidad. Veinte años después, cuando el reencuentro sea inevitable, ambas entenderán que la culpa y el silencio pueden alterar los vínculos más profundos, mientras se aferran a la posibilidad de reconciliarse con el pasado.

Donde termina el verano (Seix Barral, 2026) es la primera novela de la escritora Elma Correa, autora que se ha consolidado como una de las voces más destacadas de la narrativa mexicana contemporánea. Desde sus libros de cuentos Que parezca un accidente (2018), Mentiras que no te conté (2021) y La novia del león (2024) ha explorado las contradicciones de la frontera norte sin reducirla a un mero escenario violento, sino como un espacio donde la naturaleza humana revela su mayor resistencia.

Ganadora del Premio Biblioteca Breve 2026, el más reciente trabajo literario de la también profesora e investigadora confirma su precisión para crear personajes trazados con ternura que se desenvuelven en territorios hostiles. En conversación con Revista Purgante, Elma Correa reflexiona sobre el poder de la ficción para reinventar la memoria, el significado de recibir uno de los galardones más prestigiosos en lengua española y los proyectos que comienzan a tomar forma, mientras su novela sigue encontrando nuevos lectores.

Elma, en Donde termina el verano (Seix Barral, 2026) la memoria tiene un peso fundamental. ¿Te interesa más reconstruir el pasado o explorar cómo lo deformamos con el tiempo?

Me interesa el poder de la ficción, de las historias que nos contamos, ese modo en que pensamos que sucedieron las cosas y nos lo repetimos hasta creerlo. Y cómo cada evento tiene varias perspectivas que son reales para cada persona que las experimentó. 

Los lugares en la novela parecen tener una presencia casi tan importante como los personajes. ¿Cómo construiste esos espacios?

Necesitaba caracterizar los escenarios de modo que el lector sintiera que los habitaba también, especialmente el barrio de Mexicali, para eso era importante, en términos macro, el contexto sociocultural e histórico, la geografía, el territorio; y en lo micro, lo sensorial, la oralidad, etc., pero, sobre todo, sus residentes, esos personajes secundarios e incidentales que poco a poco cobran relevancia en la historia. 

¿Hubo algún personaje que terminara llevándote por un camino que no habías previsto?

No, porque hice mucho trabajo previo a la escritura de la novela, lo diseñé y organicé todo antes de escribirla, entonces realmente lo tuve muy claro y controlado siempre. 

Pareciera que el miedo no siempre aparece en los hechos más violentos, sino en aquello que los personajes callan. ¿Crees que los silencios cuentan una historia más verdadera que las palabras?

Los secretos son fundamentales para la novela, articulan la trama, muchos personajes guardan secretos cuyo peso los agobia y determina en diversos sentidos el rumbo de sus vidas, no sé si hay más verdad en el silencio, pero sí sé que el silencio siempre hace daño. 

¿Qué tipo de comentarios de los lectores y las lectoras te han sorprendido más desde la publicación de Donde termina el verano? ¿Ha habido alguna interpretación de la novela que te hiciera verla desde otra perspectiva?

Creo que he escuchado un poco de todo, cosas muy disparatadas y cosas muy interesantes, lo que más me gusta es que ahora las personas pueden señalar Mexicali en un mapa (risas).  La verdad es que ha pasado muy poco tiempo desde que la novela se publicó, son solo un par de meses, así que sigue ahí afuera encontrando a sus lectores, también es bonito eso, es como una liberación saber que ya no me pertenece, que ya puedo soltar el control y la neurosis (risas). 

¿Qué significó para ti ganar el Premio Biblioteca Breve? ¿Lo viviste como una validación, una sorpresa o una responsabilidad?

Una sorpresa increíble, solo tengo emoción y agradecimiento. 

¿Qué papel juega la imaginación cuando se escribe sobre realidades tan dolorosas?

Yo escribo ficción y la imaginación es la base de la ficción. Quise escribir una novela sobre la amistad y la culpa porque me interesan las complejidades de las relaciones entre las mujeres, me interesan las redes que tejemos y los vínculos que creamos para sostenernos en un mundo que es tan hostil con nosotras, también me importan los vínculos entre otros que históricamente han sido subordinados, no solo las mujeres, sino todo aquel que no es un hombre blanco heterosexual: las personas racializadas, los niños y adolescentes, las disidencias. Me interesa la idea de comunidad, lo colectivo, porque no vamos a sobrevivir solos a las violencias estructurales y de distintos tipos a las nos vemos sometidos. Pero la novela va de dos amigas, todo lo demás es contextual. 

¿Hay autores o autoras que siguen acompañándote cada vez que escribes? ¿Quiénes han sido fundamentales en tu formación como lectora y escritora?

Lorrie Moore, Boris Vian, Jorge Ibargüengoitia y todas mis amigas que también escriben: Sisi Rodríguez, Gabriela Conde, Ana Fuente, Claudia Morales, Laura Baeza. Hay un montón de morras haciendo cosas hermosas allá afuera. 

¿Consideras que la literatura mexicana atraviesa un momento de transformación? ¿Hacia dónde ves que se dirige?

No sé si es una transformación, pero me gusta que los señores estén tan enojados. Me gusta que las mujeres estemos escribiendo tanto y que nos lean, que las disidencias escriban también y sean leídxs, y que los señores se enojen mucho porque creen que alguien viene a quitarles su lugar. 

¿Qué historias observas que hoy permanecen al margen y necesitan ser contadas? ¿Hay algún tema sobre el que todavía no te atrevas a escribir?

Yo escribo de lo que me importa a mí, no escribo pensando en necesidades sociales o políticas, ni siquiera estéticas, escribo de lo que me interesa nada más, que de pronto las cosas que me importan tienen que ver con que soy una morra en un país feminicida, bueno, vemos (risas). Sobre eso de no atreverme, nada, escribo cualquier tontería todo el tiempo (más risas). 

Después de publicar Donde termina el verano y de recibir ese premio tan relevante, ¿qué reflexión te deja este momento de tu carrera? ¿Qué sientes que termina y qué apenas comienza? ¿En qué proyectos estás trabajando ahora, Elma?

Creo que las primeras dos preguntas las puedo contestar dentro de un año, tal vez, porque ahora mismo estoy surfeando la ola, todo esto del premio y la publicación de la novela no es algo que me pasó, es algo que justo está pasando, es demasiado reciente para saber si algo termina o incluso si empieza, van solo unos meses, todavía estamos en la mesa de novedades (gritito) así que no tengo idea de nada, estoy viviendo al día, viviendo esta experiencia que es muy genial (otro gritito de emoción). Y sobre los proyectos: escribo, cuando puedo, como puedo. Cuentos y más novelas, ahora no me van a soportar de novelista (risas). Tengo ahí un par de libros que quedaron parados ahora que pasó lo del premio, estaban listos para salir pero el premio detuvo todo, así que seguro se empiezan a mover, igual sin prisa, nada tiene fecha porque la novela tiene mucho por delante todavía. 

Por Armando Navarro Rodríguez

Periodista. Cinéfilo y lector empedernido. Escribe sobre cine, arte y literatura.