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Impersonal

Entrecomillaré todo para disimular que no soy yo quien lo ha sentido, para que cualquiera pueda abrumarse como si la historia fuera suya realmente.

Los que se han perdido el respeto a sí mismos no tardan en perdérselo a los demás.

Elvira Navarro.

Traté de dilucidar un sueño que tuve alguna vez, hace muchos meses, después de que un suceso me aplastara para siempre la existencia, el coraje, la. existencia. No compararé este dolor mío con el de nadie más, mucho menos para hacer una analogía barata, ni mucho menos siendo metafórico ni utilizando mis escasas habilidades a la hora de escribir. Sería benéfico para mi práctica, pero yo estaría minimizando el dolor de los demás por agrandar el mío. Y aquí el único que puede sufrir soy yo, y si desean también ustedes, pero cada quien ha de velar sus propios muertitos, y yo por eso hablaré sólo de mis males. Me basta con saberlo yo, y sentirlo yo, y masticarlo yo. Entrecomillaré todo para disimular que no soy yo quien lo ha sentido, para que cualquiera pueda abrumarse como si la historia fuera suya realmente. Yo aquí sólo soy nadie y soy todo: de pura intransigencia y dolores, para festejos y buena-suerte están aquellos que escriben de vidas que no son suyas. Trataré de comenzar, poniendo sobre la mesa lo siguiente: yo siempre sueño mentiras. Allá ustedes si deciden continuar. 

“Desde aquella última vez me saben muy mal los aeropuertos, sus espacios, el recuerdo. Todos esos pasillos infinitos, esas ventanas inmensas repletas de huellas y lágrimas secas que el tiempo se ha encargado de borrar a cada vuelo, cada despedida, y muy pocas ocasiones ante reencuentros, esas tiendas absurdas repletas de regalos desechables, esos locales que venden su comida rápida y rancia a un precio inverosímil, esas bancas incómodas, esas escaleras que conectan una y otra y otra sala más, ah, y los altavoces, que a veces anuncian y comunican nimiedades, y sólo algunas veces cuestiones importantes, y cómo olvidar las pantallas, llenas de información que corresponde a cada uno de los vuelos, su llegada y su salida, si vienen demorados o a tiempo. Y la gente, ese componente principal –además de esos monstruos de metal con turbinas, asientos y seguridad de última generación, que son los aviones– que hace que todo esté repleto en su mayoría. 

“Hay despedidas, y reencuentros, y lágrimas, y suplicios; también juntas y reuniones de trabajo. Hay dolor, también, ese que yo sentí aquella vez, por decir una cosa, porque eso es lo que me atañe, no creas que lo estaba olvidando, aunque, ciertamente, eso intento cada vez que por azares de la nostalgia, yo recuerdo. Y recuerdo y vuelvo a recordar, como quien no quiere pero eso hace, como sintiéndome obligado a vivir eternamente en esa especie de purgatorio mal logrado, de aquel momento que no debió haber llegado jamás. O eso creo yo. Me pregunto tú qué pensarás, si piensas como yo en ese momento, o si lo habrás olvidado ya. Permíteme decirte que no quiero saber la respuesta nunca, aunque ni siquiera haya pasado por ese camino de su memoria decirlo ni decirle siquiera jamás. Yo ahí dejé mi vida, y dolería, sí, más, saber que fui yo el único que así decidió que fuera. Pero déjame vuelvo. De nuevo. Es que, sucede que me pierdo en esos recuerdos, en esos momentos. Como si no quisiera dejarlos ir, como si me aferrara a ellos, como si, hasta cierto grado de la melancolía, me sintiera arrepentido de que me duelas tanto, o de que me duela yo tanto por lo que fui. Pero, ah, los aeropuertos, ¿no eran ellos los malos y lo que dolía?, ¿o es que el malo era yo y ellos sólo tuvieron la desfortuna de verme ahí tirado?, ¿o eras tú?, no, no creo. Tú, quien sea que fueras; yo, quien sea que fuere, quien sea que seas tú o sea yo ahora, o que seamos mañana. O que seamos algún día. Como evocando a ese pasado que no se borra con nada. Pero ah, los aeropuertos. Anhelo arribar a uno, y perderme, y perderte.”

No me crean nada, pero créanme todo. Si alguien sabe de dolores, ese no soy yo.

Por Demian García

Lector permanente. Devoto de la poesía y el fútbol. Escribo, hablo y habito en Revista Purgante, Interferencia IMER y Diario 24 Horas.

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