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La mujer que canta

Cuando el viento empujó con fuerza, te levantaste de la escalera y poco a poco tu ropa se olvidó en el pasillo. Al caminar hacia la avenida, me fui detrás de ti como si estuviéramos encadenados en la misma cárcel; la gente nos tenía miedo, pero comenzaste a cantar el Ave María. Durante el recorrido, le diste un beso con pasión enfermiza a todo el que pasaba por tu camino; ya no te importó si eran hombres, mujeres, ancianos o niños. Llegamos a una plaza comercial atestada y en pleno centro decidiste masturbarte como lo hacías en las playas vírgenes del Pacífico. Antes de llegar al orgasmo se acercó un policía y te detuvo; te llevaron al manicomio y después a una celda de castigo. Ahí te apodaron “La mujer que canta”.  Extraño tus ojos. El puente para encontrar nuestras miradas se ha caído y ya no tengo con quien compartir el silencio.

Semblanza: Víctor Mandrago (Ciudad de México). Es narrador, publicista, guionista y docente. Algunos de sus textos han sido publicados en periódicos como La Jornada, La Razón y gacetas de la UNAM.

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