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Landscapes: escrituras móviles (fragmentos, piezas únicas que completan el rompecabezas)

Landscapes: escrituras móviles de Fabiola Eunice Camacho, editado por los Libros del Perro, es una obra intimista y reflexiva que invita a meditar la hoja blanco y a presenciar el vacío desde una de las mejores prácticas contemplativas: la lectura.

Apenas comencé a leer y me di cuenta que tenía la llave de la alcoba de Fabiola, una sutil provocación para entrar y salir sin culpa, para hurgar entre sus libretas y anotaciones, entre sus desvelos e inquietudes, pero sobre todo entre sus vestigios y construcciones. Una invitación para recoger sus fragmentos, piezas únicas que podrían o no completar sus ensayos, sus rompecabezas.

«Construir rompecabezas es un ejercicio que ayuda a quienes han perdido su punto de huida», asegura la autora. Sus palabras titilantes; escrituras móviles y danzantes paisajes, me hicieron sentir que me faltaba algo, una pieza dentro de su narrativa que no me terminaba de completar el cuadro. Releí dos veces sus ensayos y entonces caí en la cuenta que yo era la pieza que faltaba; que cualquiera que se adentre entre las letras de la escritora mexicana se vuelve el personaje clave de su obra, incluso en protagonista, si se es valiente. Fabiola nos habla de la pérdida y el duelo, ese proceso tan intangible que sólo quienes lo estamos viviendo podemos palpar, oler, habitar, llorar y después abrir la puerta de la habitación en donde nos hemos encerrado con el dolor para dejarlo ir. Leer algo que incómoda es un acto de valentía, releerlo es un acto de aceptación radical y compasión. Caí en la cuenta que mi pieza completaba el cuadro, que bien podría ir frente a mi espejo sólo para recordarme que está bien habitar el vacío, la incertidumbre de la hoja en blanco y reconocer que las piezas que he perdido jamás encajarán de nuevo en mí porque he cambiado.

«Quizá el cuerpo sea la cámara más antigua en la historia del arte», asevera Fabiola, a propósito del deseo desesperado por documentarlo todo, por esa terrible necesidad de querer desafiar al tiempo. Yo soy víctima de ese deseo. Mi conocimiento del mundo es simplemente a través de la memoria y de la fotografía, de esas imágenes mentales e instantáneas que he coleccionado a lo largo de mi historia; una interpretación de la realidad manoseada y modificada a mi conveniencia. Curiosamente, Landscapes se construye de la desmemoria, de la nostalgia de lo inexistente, de la infancia, del olvido, del rollo velado y al mismo tiempo de la cotidianidad; de esos trozos de vida que separados parecen ínfimos e intrascendentes, pero que juntos le dan sentido a la existencia. 

Resistirse al dolor, es pagar un vuelo directo a la isla del sufrimiento y Fabiola nos regala una radiografía del viaje, una profunda introspección por sus paisajes artificiales hasta habitar el dolor, ese que sólo se puede vivir en el presente. Vivimos un duelo constante e inagotable. El paso del tiempo es la primera prueba irrefutable de que lo perdido no puede recuperarse, y aún así, aquí seguimos día a día, leyendo y escribiendo, inventándonos nuevas formas para reconstruirnos con las piezas que nos quedan como si pudiéramos crear una obra nueva.  Diría el poeta y ensayista argentino Roberto Juarroz, que es necesario «desbautizar el mundo, sacrificar el nombre de las cosas para ganar su presencia.»

Landscapes también va de resignificar el ensayo, el discurso y la ausencia, de crear espacios lejos de la memoria, de escuchar el silencio y de habitarnos en la página en blanco. Esa página que espera ser una nueva historia. Landscapes va de escribir para completar el rompecabezas, va de crear un cuerpo y darle forma. El arte tiene ese poder de manifestar, transgredir y transformar todo aquello que no se nombra. De darle color al vacío, a la pérdida.

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