Si Rompan Todo no te inspira a ir a buscar, no te inspira nada: Nicolás Entel

El showrunner de la serie documental que aborda la historia del rock en América Latina habla sobre el proceso creativo, la repercusión inesperada, los elogios, las críticas y las ausencias.

Rompan Todo parece haber sido el último fenómeno televisivo de un año que invita, tal cual, a romperlo todo. La serie documental que aborda la historia del rock en América Latina ha recibido numerosos elogios y críticas, las cuales buscamos abordar y tratar en entrevista con Nicolás Entel, la mente detrás del ambicioso proyecto lanzado por Netflix.

¿Cómo surge la idea de contar la historia del rock latinoamericano?

Netflix venía de hacer muchas docuseries, siendo un género que no tenía mucha relevancia, y venía de tener éxito con proyectos en inglés. Ellos conocían mi trabajo por Pecados de mi padre, que es uno de los pocos trabajos en español que, en los últimos tiempos, han dado vueltas por el mundo. Empezaron a preguntarme si tenía ideas, y automáticamente propuse ésta: sabía que era ambiciosa, pero la veía como una idea que funcionaba no solamente para Colombia o México, sino para toda la región e incluso más allá. Rápidamente empecé a armar el equipo: en mi primer llamado fue Picky Talarico (director de los episodios), con quien vengo trabajando desde hace tiempo y cuenta con mucha experiencia en el mundo de la música. Él era amigo de Gustavo Santaolalla. Si bien en cuanto a la prensa y lo que dice la gente sobre el rol de Gustavo ha sido tremendamente exagerado, los que están enojados deberían estar enojados conmigo y con Picky, no con él. Al mismo tiempo, no tengo ninguna duda de que era la persona correcta para llamar y apadrinar un proyecto de estas características. También llamé a Sony Music, que aunque no tuvo nada que ver con el contenido del proyecto, nos ayudó a coordinar el 15 por ciento, más o menos, de los dos tipos de derechos legales: los másters y los publishing, perteneciendo el primero a Sony y el segundo a Sony / ATV en varios casos. Sin embargo, la lista de canciones quedó bastante equilibrada, entre las discográficas más grandes, las editoriales más grandes y los independientes. Incluso utilizamos muchas versiones en vivo que le pertenecen a los artistas.

¿Podemos decir que el rock es un movimiento con vigencia actual?

Sí. Creo que el movimiento sigue teniendo vigencia, aunque no creo que lo que están haciendo hoy en día los artistas más jóvenes deba recibir el nombre de rock. A mí me gusta mucho lo que está sucediendo en México, por ejemplo, con La Plebada y Alemán, pero si bien tiene su propio nombre y hay que reconocerle a estos artistas su propia identidad, creo que lo que hacen está formado e influenciado por el rock en español. Ese mestizaje que practican tiene que ver, por ejemplo, con lo que hacía La Maldita Vecindad en su momento. El rock ha sido el movimiento cultural y artístico más relevante de la segunda mitad del siglo XX, por ende siempre va a tener relevancia, así como Shakespeare y Leonardo Da Vinci siguen siendo relevantes.

¿Qué opinas respecto a las críticas que se quejan de haber lanzado foco especial a la producción de Gustavo Santaolalla?

Quizá le pudimos haber puesto otro título a la serie. No esperábamos tampoco tanta prensa o que en el continente entero, en España y en Estados Unidos se hablara del proyecto. El subtítulo era simplemente una cosa para que, al ver el cuadradito chiquito en la pantalla de Netflix, sepas de qué se trata, era una pequeña ayuda. Cuando en la universidad analizas textos, el título es lo último que miras; acá se convirtió en lo primero. Pero lo cierto es que Gustavo aparece tanto porque su influencia en el rock en español se siente a lo largo de muchos años; es un tipo que ha sido parte de diferentes movidas y olas que ocurrieron en este movimiento. Eso es indiscutible. Me parecen injustas las críticas y me parece también que hay muchos celos: mucho periodista que dice yo podría haber hecho esto, por qué no se me ocurrió, yo lo hubiese hecho mejor. Y no. La verdad es que no lo podrías haber hecho. Sabrás de rock, pero no sabes un carajo de cine. Creo que la mayoría tampoco tiene lo que hace falta en esta vida para entrevistar a estos 100 músicos y que te licencien las 130 ó 140 canciones.

Hay ausencias en las entrevistas, como Caifanes, por ejemplo. ¿Cómo se dio la decisión de qué bandas entraban con testimonio y qué bandas intervenían en la narrativa con menos protagonismo?

Por supuesto que hay ausencias. Pocas me duelen, porque en el caso de la mayoría lo que hicieron o hacen está representado de otra forma y es muy fácil continuar con la investigación. La de Caifanes es una que sí me duele; aunque está corto, no es que esté ausente. Podríamos haber hablado más de ellos, pero fue difícil agendar una entrevista con ellos: perseguimos a Saúl (Hernández) por meses, a veces quería, a veces no, a veces nos respondía. Tiene temperamento de artista, está en su derecho, de ninguna manera me quejo porque soy su fan. De alguna manera habíamos coordinado algo con Sabo (Romo), pero tuvimos que cerrar la producción por la pandemia y luego no pudimos licenciar más música, por eso terminamos solamente con ‘La Negra Tomasa’, que es un tema que no compuso Saúl. Pero están, no es que no estén, aunque es una banda que siento no haber desarrollado más. De la misma forma nos quedamos cortos con Kenny y Los Eléctricos: están mencionados, hay una foto muy linda, pero de último momento tuvimos que sacar su música. Estaba todo editado, teníamos unas imágenes hermosas, pero después de muchas idas y vueltas el tema que habíamos escogido resultó estar flojo de papeles, era imposible licenciarlo, no había quién firmara el permiso. En muchos casos así pudimos arreglarlo: por ejemplo, hubo temas históricos de Javier Bátiz que él decía haber grabado para BMG, que ahora pertenece a Sony, pero Sony no tenía ningún registro de ello. Eso le dio la oportunidad a Javier de registrarlos y quedarse con los derechos. En el caso de Kenny, terminamos en un callejón sin salida. Es muy fácil decir que faltó esta canción o faltó esta otra, pero la gente tiene que entender que el rock latinoamericano está muy flojo de papeles. Hay países como Colombia, donde con muchas de las bandas que mencionamos es imposible utilizar su música porque legalmente no existe. Pero, al final, hay más de 100 entrevistados y 140 canciones, y mucha gente que está representada por lo que dicen los músicos y a través del archivo y las fotos. Hay muchas bandas de la época de los hoyos funkies en México que son imposibles de licenciar pero buscamos rescatar a partir de los pósters de las tocadas, para que aunque sea esté ahí su nombre. No hablamos tampoco de Los Pericos, pero entrevistamos al que fue su frontman histórico, El Bahiano, y nos parece que así quedaron representados. Me parece que hay que mirar por todas esas pistas, y que también le dejamos a la gente servida la búsqueda en Google: cuando te digo que faltan bandas cuya música no era licenciable, en Youtube hay gente que sube cosas sin licencia, y si este documental no te inspira a ir a buscarlas, no te inspira nada.

¿Hubo alguna intención por hacer la serie más amplia, de forma que pudieran caber más cosas, o siempre fue concebida como miniserie?

No, desde un principio fue miniserie. A Netflix no tengo nada que reprocharle, nos dio libertad creativa absoluta y desde un principio nos marcó que eran seis episodios. Ya eran una apuesta y una producción muy grandes para el rock en español y un tema de no ficción en América Latina. Estoy seguro de que nunca nadie gastó lo que gastamos nosotros en derechos. Quizá pudo ser un proyecto más grande, pero éste duró tres años. No es fácil. Ya es un proyecto muy grande; la pregunta es si puede haber un proyecto aún más grande. Quedaron cosas por explorar, y ya veremos si surgen más cosas. Pero aquí desde un principio lo concebimos como una miniserie buscando también que fuese un acontecimiento televisivo. Si tienes 30 episodios, hubiéramos perdido mucha gente por el camino.

¿Cuál es tu respuesta a la crítica de que en la narrativa de la serie hacen falta exponentes femeninos?

Por un lado nos dicen que faltan mujeres, y por otro que pusimos más mujeres de forma forzada. La verdad es que uno no puede contar mentiras, y contar la historia del rock en español es como contar la historia del deporte en América Latina o como contar la historia de la política o de la ciencia. La humanidad, durante muchísimo tiempo, desperdició el 50 por ciento de la materia gris y el talento disponible. El rock no es la excepción. Pueden decir que nos faltó tal mujer: Patricia Sosa en Argentina y Ely Guerra en México, pero proporcionalmente también nos faltaron muchos más hombres. Intentamos rescatar el trabajo de muchas mujeres pioneras que no son tan conocidas, como Julissa en México o Gabriela en Argentina, pero lo que no voy a hacer es un documental donde diga que el 50 por ciento de los generales que cruzaron Los Andes con San Martín o liberaron Colombia y Venezuela con Bolívar eran mujeres, porque eso es mentir. Me parece que es una crítica injusta: en todo caso lo que habría que decir es qué cagada haber desperdiciado tanto talento, y de ahora en adelante en el mundo de las artes y otras áreas podamos ser más inteligentes y utilicemos toda la materia gris y el talento que tenemos los seres humanos, porque estamos desperdiciando muchísimo al no incorporar a las mujeres.

Como fanático del rock, ¿cuál fue el artista que más disfrutaste entrevistando?

Las entrevistas las hizo mi socio Picky, el director, yo estuve en pocas. Originalmente íbamos a codirigirlo, pero yo tuve unos problemas de agenda. Me quedé con el rol de showrunner, que no existe en el cine pero sí en televisión, y él con el de director. Él iba a estar en set y yo supervisando la escritura, la investigación y la edición. Fue un trabajo en equipo. Personalmente, en cuanto a los entrevistados, están los que me encantan como músicos y yo me moría de ganas de ver, y por otro están los que te sorprende escucharlos hablar: cuánto saben, qué generosos son con otros músicos, etcétera. Entre mis entrevistas favoritas te voy a nombrar entre los argentinos a Fito Páez, porque es un tipo tan inteligente y tan talentoso que lo escuchas hablar y te das cuenta que aunque nació para hacer música, tiene cerebro para hacer lo que quiera. Podría haber sido Nobel de Química. Otra entrevista que me encantó, para darte un ejemplo mexicano, fue Humberto Calderón, porque en su doble rol de músico y productor ves cuánto ama a la música y a los músicos. Aparte, es un tipo muy divertido y muy entretenido de escuchar. Estoy seguro de que es un gran contador de chistes en reuniones familiares.

Por último, ¿te parece que el rock argentino es un movimiento especial en términos de lírica y concepto? Pareciera de pronto que está a años luz del rock de otros países latinoamericanos.

Me parece que el rock argentino estuvo a años luz, como dices. Pero, como dice Cachorro López en el documental, hay también un momento donde el rock mexicano lo alcanza y, según Cachorro, lo supera. Yo también creo que en muchas aristas lo supera. Creo que hay muchas bandas del rock argentino en los noventa que me encantan, son muy populares y las vería mil veces, pero musicalmente suenan como cosas que ya habían sido hechas hace veinte años. Es como que en determinado momento, en la búsqueda del mestizaje que nosotros libramos en la serie, México sobrepasó a lo que está haciendo Argentina. De todas formas, me parece que se trata de los dos grandes polos culturales del rock en español. Son dos ciudades, las capitales, muy rockeras y con escenas enormes, donde aparte el rock tiene un diálogo muy interesante con otras artes. Uno de los lugares donde nace el rock moderno en Argentina, como dice el documental, es el Café Einstein, un lugar de vanguardia.

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