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Poesía

[Visita a un café turco]

Que no daría yo, por beberme a tragos, la absenta de tu dolor.

Me disgusta pensar en ti,                                 
como una situación infinita
sé que eres tan finita
como una de tus melodías
frente al piano,
aunque quisiera estar contigo,
en los amargos, 
desfilando a tu marchar;

Es egoísta, quizás,
pues sé que tu ciudad amurallada,
ha resistido huracanes, tormentas
y hasta el fin del mundo
con mi ausencia,
porque siempre has sido mar,
has sido inicio, has sido fin…

Es egoísta, quizás,
pero daría una hoja de papel,
por regresar a tu café,
allí donde existes indefinidamente,
por escucharte hablar,
de lo que duele,
momentáneo, etéreo.

Que no daría yo,
por beberme a tragos,
la absenta de tu dolor;
no debí partir,
me siento desarmado para pelear,
batallas no correspondidas,
batallas que solamente tú,
sabes pelear.

Tú, alma de sentido Ícaro,
que arrastra el barco 
a medio destruir,
a mares calmos;
te veo, te acompaño 
aunque los valles de por medio,
me aleje solamente,
de tu voz atardecida.

Y es egoísta, quizás;
pero daría la vista,
por verte otra vez,
soñando con islas tropicales,
lugares lejanos;
ante ti, siempre he sido,
un ciego que visita el cine;
y poco más.

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