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Poesía

[2156]

El cuerpo. Constituye algo parecido a una caja infinita. Esta se derrumba. Brazos, piernas. Una barriga. Veinticinco lunares. Una espalda lastimada. El sexo sólo deja ver el paso del tiempo. Todos los órganos en su lugar. Todos. Menos el corazón. Reverberaciones de un órgano sin pena ni gloria, pero sí dolor circundante. Luz. Mucho silencio.

II

Son. Somos formas. Unas formas sobre otras. ¿Si se derrumba la caja este cuerpo deja de ser infinito, infinita? Es destrucción. ¿Es destrucción? Será. Concreto roto. Asfalto remendado sin cuidado. Árboles talados por encargo. Flores marchitas que, dijeron, eran inmarcesibles. Cerca de todo eso duele el cuerpo. Infinito. Esa caja. Caja que muerta se queda sin fondo. Nunca tuvo forma. Todas son distintas. Todas eran distintas.

III

Fondo. Sí. Una luz nace. Génesis. Fractura. No nació. Se quedó a mitad de camino. Está parpadeando. Jadea. Guiña sus cuencas vacías. Se asoma por el espacio fracturado. No es realmente luz. Claridad de un pensamiento.

IV

Los días están por terminarse.

V

Mis padres siempre me dijeron que cerca de la muerte llegaba la razón. Mis abuelos aseguraban que la razón jamás llegaba. No llegaba ni siquiera estando muerto. La razón. Más negritud. Silencio.

VI                                                              

La luz se expande. No es luz. Quizás no deba creer en nadie. En mi duda nace un jardín. Se está secando.

VII

Una voz. Algo susurra a través del espacio. (No existe tal caja infinita.) Eso de ahí son ruinas. Ciudades derruidas por movimientos telúricos. Personas en estado de compasión. Personas. Ciudades.

VIII

Un anuncio. Todos han decidido cuando morir. Ustedes deben decidir cuándo morir.

IX

Silencio. Nubes negras. Un grillo canta desde lo más alto. Fuera. Un río de impresiones. Dudas. Transfiguraciones dentro de las células de la incertidumbre.

X

Todos corren aprisa. Con urgencia. Con desapego. Otro cuerpo más. Cuerpo. Carne. Otra caja finita. Silencio. No es infinita. Es febrero de 2156. Todos han muerto.

XI

                                                                                 Nadie nunca estuvo vivo.

XII

                                                                                 Tal vez sí existe el cuerpo.

XIII

Las palabras nacieron muertas. Murieron. Fueron desechadas. La caja. El cuerpo es infinito solo en la imaginación. Espacio sin tiempo. Un lugar. La razón. El fracaso. Una conversación.

XIV

Ni mis padres ni mis abuelos tuvieron nunca la razón.

XV

Yo tampoco.

Por Demian García

Lector permanente. Devoto de la poesía y el fútbol. Escribo, hablo y habito en Revista Purgante, Interferencia IMER y Diario 24 Horas.

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