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Poesía

55

He vuelto a escribir más de medio millar de páginas contando nuestras historias: el pasado que en realidad nunca se repite.

La vida, repetido amanecer unánime
quiebra y duele:
aquel que se soñó generosa ceiba
despierta enjuto encino.

En lugar de la cromática profusión de
guacamayas, loros, cacatúas
lo visita un negro tordo
y hay nieve y mucho frío.

Cuando es solsticio, el pájaro enlutado
huye y lo suplanta el repiqueteo
de un carpintero de alas azules
y cuerpo diminuto.

Horada el tronco seco de ese árbol
que soy y en el que habito:
cuerpo que se mira en el espejo
y no se reconoce porque es otro:
hecho de dos o tres revelaciones,
alguna desilusión y cientos
de hojas secas sopladas por el viento
de los días y sus noches.

Este año, en el bosque oscuro
del encierro hemos hablado
como nunca lo hacen los árboles.
Ayer nos habíamos abrazado,
tan frágiles: anulando el espacio
entre nuestros cuerpos.

He querido asomarme en el misterio
y el azar me ha trasplantado las raíces.
Agria zozobra de lo inaplazable:
el tropiezo, la caída, el melancólico
bostezo. Todo eso yo. Y este de ahora,
alegre de no ser ya más
aquel adolescente que sufría.

Miro una figurilla de terracota
destrozada irremediablemente
en cincuenta y cinco pedazos:
lección de las ruinas, su ausencia.
He vuelto a escribir más de medio
millar de páginas contando nuestras
historias: el pasado que en realidad
nunca se repite.

¿Sí, como el poeta, de repente,
creo en el alma? ¿Será mi eternidad
diferente?

Marzo 28, 2021

55

Life, a singular yet recurring dawn
that breaks and hurts.
He dreamt himself and ample ceiba
tree, and woke up instead a scrawny oak.

Rather than the colorful bounty of
macaws, parrots, and cockatoos
it hosts an occasional black thrush
and there is snow and ice and cold.

Come the solstice, the mourning bird
flees and is replaced by the clackety
clack of a blue winged woodpecker
with a diminutive frame.

It pierces the dry husk of the tree
that I am, that is me where I dwell:
a body that sees itself in the mirror
without recognition, for it is other:
made of a few revelations here,
a disappointment there, and hundreds
of leaves blown away by the wind
of all those days and nights.

This year, in the dark forest
of confinement we chatted
in a way trees never do.
Yesterday we hugged each other
so fragile we were: canceling
the space between our bodies.

I tried to catch a glimpse of the mystery
but fortune transplanted my roots.
The bitter anguish of the unavoidable:
a trip, a fall, a melancholy yawn.
All of that is me, and this one, now,
happy no longer to be that one,
that suffering youth.

I stare at a small terra-cotta figurine
inexorably shattered
into fifty five pieces:
absence, the only lesson of the ruins.
I returned to write again more than half
a thousand pages narrating our
stories: the past, which in truth
never returns.

Suddenly, yes, like the poet,
do I believe in the soul?
Will my eternity differ?

March 28, 2021

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