Escribí —de mi puño y letra— una carta, o nota, o declaración, o confesión, o todo eso junto, en un papel, y la lancé al Pacífico dentro de una botella.

Nací un lunes.

Escribí —de mi puño y letra— una carta, o nota, o declaración, o confesión, o todo eso junto, en un papel, y la lancé al Pacífico dentro de una botella.

Creo que, un poco más de cuarenta años después, sigo teniendo claro el orden de las canciones que quedaron en ambas caras. Journey, Bryan Adams, Tears for Fears, Prince, ’Til Tuesday, Paul Young, U2, Depeche Mode, Duran Duran, Corey Hart, Dire Straits, Sting, Phil Collins, Howard Jones, Heart, Madonna, John Parr.

Encendí la lámpara que alumbra el lugar donde suelo leer. Abrí la bolsa de estraza que llevaba y decidí que el sueño repetitivo que había comprado fuera acerca de ti.

Apenas ayer leí que subrayar un libro que te gusta es similar a subirle el volumen a tu canción favorita.

Es probable, también, que haya huido al lugar donde las historias jamás contadas residen.

La pregunta, ahora entonces, se transforma: ¿cómo quiero recordar lo que quiero recordar? ¿O es que sólo va a existir si agrego, de forma aleatoria, sustantivos y verbos o algún adverbio incauto y advenedizo a este texto?

Ahora sólo queda cuidarla, drenarla adecuadamente y esperar a que todo aquello que dije y no dije, pero escribí, pueda existir en algún sitio de tu memoria.

Mis recuerdos apilados, la maleta abierta, yo sentado frente a ella. Silencio afuera, silencio adentro. El tiempo a punto de expirar.

Se encontraba ahí, en esa pasarela de formas, llevando un vestido de un color que jamás habría imaginado portar, y brillando de una forma que solo podría ser descrita —y entendida— a través de las palabras.

Colgaba del perchero la mochila donde guardaba las cartas que debía entregar, miraba la televisión con desidia y abría un libro en la misma página, para leer el mismo párrafo.

La obra escrita y dirigida por el poeta Santino Cortés va esculpiendo recelos, necesidades, temores, inseguridades y ambiciones, para desembocar en una crítica/radiografía de una sociedad agarrada a los alfileres del consumismo.

De Carlos V. –como se hacía rotular en el dorsal– se podrá decir, escribir, polemizar o discutir una buena cantidad de cosas. Yo, Juan Pablo, le tendré en el sitio dónde guardo la felicidad.

Me despierto por la noche y me desvelo recordándola. Pero me pasa que tiendo a recordar siempre las mismas cosas. Eduardo Sacheri; La pregunta de sus ojos La obscuridad de tu bolso. Tus huellas dactilares. Las líneas de grafito. El doblez en las esquinas. La luz del habitáculo. El aroma del café. El sonido de […]

El sueño que solía visitarme tenía que ver con un olor, un aroma que solo percibí unos segundos.

Era posible, también, que supiera tocar el piano, narrara juegos de beisbol, dominara el euskera o, quizá, cantara en italiano todas esas canciones llenas de pop melancólico ochentero, como Umberto Tozzi.

Soy el sentimiento que trataba de esconder y de negar. Soy el sentimiento que, hoy, trata de llegar a la parte más lejana del cerebro y a lo más oculto para el corazón, al sitio en el que menos molestaría, a un sitio donde acampa el olvido.

Llegué en punto de las 16.44 horas, un minuto antes de lo acordado. Ella también fue puntual. Me sonrojé. Como hoy. Como siempre. Fue entonces que escuché «hola» y supe que –al instante –me sobrarían ciento setenta y nueve minutos para el resto de la historia.

Me causaba congoja el hecho de imaginar que esas palabras buscaban otro destino, que salieron en busca de un lugar y no lo encontraron, que evidentemente estaban dirigidas a alguien y que, por alguna circunstancia que ignoro o de la que nunca llegaré a tener conocimiento preciso, se desmoronaron, cayeron y quedaron expuestas y abandonadas.

Así que opté por lo más sencillo, ir al punto en donde me despedí de ti, a la misma hora, a la misma esquina, para ver si, de alguna forma, en alguna otra vida podía verte de nuevo.

Al menos esta vez no me sonrojaré… Tengo una “vida” que contarle y mucho tiempo para hacerlo ¿no?… yo le o ¿me? prometí que, aunque fuera en otra vida, seguiría buscándola y eso, eso estoy haciendo.