Circula en librerías Cuarto 412, un testimonio (Editorial Debate, 2026), libro póstumo del médico-escritor, académico, investigador y articulista Arnoldo Kraus (Ciudad de México, 1951 – 2025), autor de varios volúmenes (Decir adiós, decirse adiós, 2013; Recordar a los difuntos, 2015; La morada infinita, 2019; Bitácora de mi pandemia, 2020…) donde reflexionó sobre la bioética, eutanasia, muerte asistida, duelo, la relación médico-paciente y el derecho a la salud.
Cuaderno donde Arnoldo Kraus, mientras permanecía hospitalizado por la presencia de un cáncer, escarba desde los destellos de la memoria en el dolor, el miedo, la incertidumbre y la muerte en un repaso por los ecos de autores como Alejandra Pizarnik, Antón Chéjov y Oliver Sacks, quienes fueron sus cómplices en los minutos finales. Retumbos de evocaciones infantiles y juveniles, padres y abuelos perseguidos por el nazismo, el incondicional amor familiar, los gozos de la amistad y desazones políticas. Una vida recordada entre las cuatro paredes del cuarto 412: “jarro roto cuyos fragmentos han sido pegados…grietas que son como sutura de heridas a medio cicatrizar”: Roger Bartra.
“No he podido leer el libro completo, no sé si podré hacerlo en algún momento; lo considero un legado de intrepidez y entereza donde no hay asomo de un gesto de presentarse como víctima. Ensayo literario, crónica y desborde poético en la indagación de los destellos de las coordenadas de la memoria. Estuve a su lado durante la enfermedad: la incertidumbre me abrazó. Fui testigo de la fragilidad humana, pero también de la enorme dignidad con la que él enfrentó el dolor”, expresó Ilana Kraus Fischer, hija de Arnoldo Kraus, en entrevista para la Revista Purgante.
¿Qué papel jugó usted en la edición de este libro póstumo de su padre?
En realidad, sólo fui la encargada de enviarlo a la persona que realizó la revisión editorial final. En los últimos meses, a mi papá le costó mucho trabajo hacerlo. Le comenté, que estuviera tranquilo, que no se inquietara, que tuviera confianza, que su libro se publicaría; recuerdo que me dijo en actitud firme: “No, no, no, tú no mandas nada hasta que yo no lo termine de corregir palabra por palabra”. Se concentró con mucho esfuerzo y lo concluyó como él quería que se fuera a la imprenta. Era muy exigente con su escritura, obsesivo y cuidadoso con los detalles.
¿Contar lo vivido para permanecer en la mirada de los otros?
Debo decir que mi papá escribió este ensayo desde un lugar hondamente humano y no sólo desde las circunstancias aciagas de la enfermedad. Él creyó que contar la experiencia de su vida era una manera de permanecer, de dejar constancia para no desaparecer en las mareas del silencio. Su historia ahora acompañará a otros. En este libro vemos a un hombre en su trenzada relación con el mundo, sus pacientes y amigos.
¿Páginas sin lamentos ni clamores de un ser humano ante la muerte?
Como te dije, siempre en sus actos cotidianos huyó de la queja superflua y de ser mártir o víctima. El lector se adentrará en un testimonio de padecimientos y de un proceso duro en la confrontación de un cáncer desde una admirable entereza.
¿Cómo asumió la relación médico-paciente?
Era muy riguroso en el vinculo del médico con el enfermo, lo cual consideraba como la esencia de la medicina. Veía con recelo el futuro de tecnologías capaces de diagnosticar enfermedades, creía que limitaba la relación humana entre el medico y el paciente; asimismo, ponderaba las preeminencias de los avances tecnológicos en el tratamiento médico. Para mi papá, el médico debe ser parte del dolor y la enfermedad para sentir la zozobra de su paciente.
¿Asumió con pasión la medicina y la literatura?
Él decía que la medicina era su esposa; y la escritura, su amante. Pero, no dejó la medicina por la literatura: al leer sus libros descubrimos al médico en todo su signo humanístico; sus pacientes dicen que ir a una consulta con él era como entrar a las páginas de un libro infinito. Mi padre era un lector voraz de narrativa, poesía y filosofía. Confesaba que la literatura da respuestas que la ciencia nunca proporciona.
¿Cómo definiría usted a Arnaldo Kraus?
Un ser humano incansable, dadivoso, bueno, amoroso, exigente, rebelde, curioso, inconformista. Obsesionado con la lectura, con el saber y la investigación. Decía que la medicina exige la búsqueda de información en otras disciplinas y que escribía porque tenía necesidad de preguntar.
Ficha: Cuarto 412, un testimonio
Autor: Arnoldo Kraus
Género: Ensayo/Crónica
Editorial: Debate, 2026
Presentación del libro:
Sábado, 3 de octubre, 2026
Dónde: Seminario de Cultura Mexicana. Presidente Masaryk No. 526. Polanco. CDMX
Horario: 13:00 horas
Participan: Marta Lamas y Rafael Pérez Gay


