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Carta de Pedro Herbert desde Dubrovnik

¿Qué nostalgia real se puede sentir por un pasado que aún no se pierde en la tiniebla de la memoria?

Santino:

Estoy un poco sensible. Ya casi cumples 24 años y te conozco desde que eras un bebé. El tiempo es cruel. Desde donde sea que esté, en estas andanzas mías por medio mundo, procuro leerte, sobre todo para ver en qué puedo aconsejarte. Debo admitir que me da gusto ver que escribes menos poesía. La tuya tendía a ser demasiado cursi o a demasiado rebuscada. Esos escudos metafóricos que usas para evitar mostrarte a los demás no sirven de nada más que para hacer de tus poemas un muro impenetrable de intelectualidades que ni tú entiendes. Tómalo de mi: eres mejor prosista que poeta. Eso no es poca cosa. 

He visto tus últimos textos y me parece que han mejorado bastante comparados con los del principio de tu carrera, cuando te tomabas la molestia de enviarmelos a revisión. Entiendo que las cosas han cambiado para ti y ahora hay otras personas que te revisan (aunque a veces no lo suficiente), pero creo que mi ojo no le vendría mal a tus textos (ni a ninguno, para ser francos). Me parecen muy bien tus intentos de reflexión sobre tu propia vida pero por el amor de dios, eres demasiado joven para escribir sobre tu pasado porque, primero: eres demasiado joven. ¿Qué nostalgia real se puede sentir por un pasado que aún no se pierde en la tiniebla de la memoria? Segundo: a nadie le importa tanto tu vida. Espérate a que a todos les importe tanto como la mía, por ejemplo.

Por otro lado, cuando intentas hacer cuentos breves se sienten demasiado densos para la cantidad de palabras. O hazlos genuinamente breves o extiéndete más. Por cierto, en esa misma línea… Alguien, no te diré quién, me comentó que estás escribiendo un libro de cuentos. Ay, Santino, no te creas que eres Borges, Cortázar, Joyce o Carver porque no lo eres, por más que los admires. Mantente centrado en que los cuentos sean comprensibles y que digan algo. A nadie le gusta el vacío (aunque a todos les gusta el que preparo en los asados de la casa), a nadie le gustan esas cosas locas y medio absurdas que a veces te da por escribir. Escribe tan limpio y pulcro como te enseñé, ahí está la clave para que seas el escritor que deseas ser. 

Me cansé un poco de regañarte. Quiero decirte que me da gusto verte dejar de ser promesa para convertirte en algo que existe. Una promesa conlleva que siempre hay algo mejor por venir en el horizonte y, mal que bien, has logrado cumplir expectativas que se han puesto en ti. ¿Me gustaría que fueras de otra forma? Sí. ¿Quisiera que hicieras más caso a tus mayores y aprendieras en cabeza ajena? También. Pero en realidad no lo has hecho tan mal. Siempre creí que te perderíamos en un abismo. No lo has hecho aún. Felicidades. El tiempo se encargará de hacer contigo lo que convenga.

Vine a Dubrovnik por todo lo que alguna vez charlamos. Es tan hermoso como decías y a veces siento una extraña nostalgia ajena por lo que viviste aquí. Mandé al diablo a la señorita con la que vine. Me pedía demasiadas cosas y encima no paraba de hablar sobre su trabajo y demás cosas que no me importan. Le pagué un boleto de regreso a la encharcada ciudad en la que vivimos. Por suerte, las mujeres por aquí abundan y se derriten con mi acento y amplio conocimiento sobre la cultura croata. Deberías venir a visitarme aunque pronto partiré a alguna otra parte del mundo. Espero que leas mis crónicas que salen en los periódicos. Si no es el caos, tú te lo pierdes. 

No quisiera despedirme sin desearte un feliz cumpleaños. Veinticuatro años no son pocos y las cosas llegan rápido. Cuidate y sigue escribiendo. Espero vernos pronto. 

La mejor de las suertes,

                                                tu querido Pedro Herbert

Hotel Neptun, Dubrovnik, Croacia, Europa.

P.D: Tienes que largarte de esa ciudad lo antes posible, en serio.